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Resurse Spaniolă

3. NOTAS SOBRE APOCALIPSIS 4


Dos tronos y dos puntos de tiempo en Apocalipsis 3:21
Apocalipsis 3:21 marca una clara distinción entre dos tronos. El primer trono le pertenece al Padre (Apocalipsis 4:1, 2). Apocalipsis 5:5 describe el momento cuando Jesús ascendió al cielo y se unió al Padre en ese trono (vea también Apocalipsis 12:5; Hebreos 4:16; 8:1; 12:2; Hechos 7:56; Romanos 8:34). El segundo trono le pertenecerá solo a Jesús cuando entre en su reino de gloria después de la segunda venida (Apocalipsis 11:18; 8:3-5; Mateo 19:28; 25:31; Apocalipsis 6:16, 17; 19:4, 5; 20:11; 21:5)
A veces el nuevo testamento describe a Cristo en el cielo sentado y otras veces parado. La razón de esta variación es que Cristo se sentó en el trono de la gracia con el Padre cuando ascendió, pero está parado ante el Padre como sumo-sacerdote intercesor.
Esta doble función de Jesús ya se hallaba predicha en Génesis 14:18 a donde se describe a Melquisedec como rey de Salem y sacerdote del Altísimo Dios. Al igual que en Génesis 14:18, el Salmo 110:1-4 describe a Jesús sentado a la diestra de Dios y también como sacerdote según el orden de Melquisedec. Zacarías 6:12, 13 también describe esta doble función de Jesús. Finalmente, en 1 Corintios 15:24-28 el apóstol Pablo describe a Jesús como co-gobernante con el Padre hasta que todos sus enemigos sean colocados bajo sus pies.

Es importante tomar en cuenta el tiempo de los verbos de Apocalipsis 3:21: “Al que venciere [participio presente, activo], le daré [indicativo, futuro, activo] que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido [indicativo, pasado, activo], y me he sentado [indicativo, pasado, activo] con mi Padre en su trono.”
Después de vencer en la tierra, Jesús se sentó junto con su Padre en el trono. Si nosotros vencemos durante la era cristiana, nos sentaremos en el futuro con Jesús en su trono.
Después de su resurrección, Jesús pasó 40 días en la tierra enseñándoles a sus discípulos las cosas concernientes al reino de Dios y dando pruebas irrefutables de su resurrección (Hechos 1:3). Luego reunió a sus discípulos en el monte de los Olivos para emprender el viaje de retorno al cielo. Les había prometido que en 33 años regresaría victorioso y ahora estaba a punto de cumplir su promesa.
Comentarios sobre Apocalipsis 4
En Apocalipsis 4 se halla una descripción de la preparación del cielo para recibir al héroe de guerra. El centro de enfoque de este capítulo recae sobre el Padre como arquitecto de la creación.
Versículo 1: Juan ve una puerta abierta en el cielo: “Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas.” El texto nunca identifica por nombre al que está sentado en el trono, pero el contexto indica claramente que es Dios el Padre.
Versículo 2: Juan ve a un personaje sentado en un trono: “Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado.” Juan ve una puerta abierta en el cielo y dentro de la puerta se halla un personaje sentado en un trono. No hay evidencia alguna en el texto que el personaje se movió allí de otro lugar. Sencillamente estaba sentado allí. Como ya veremos, la puerta conduce al santuario celestial. Pero el santuario celestial tiene dos puertas, una de ellas conduce al lugar santo y la otra al lugar santísimo (Apocalipsis 11:19; 15:5-8). ¿Cuál de las dos es la que se menciona aquí?
Versículo 3: Descripción física del que estaba en el trono:
“Y el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de cornalina; y había alrededor del trono un arco iris, semejante en aspecto a la esmeralda.”
La gloria del Padre es semejante al jaspe (una piedra rojiza con venas negras) y la cornalina (una piedra rojiza con venas blancas). En realidad, Juan no contempló la persona del Padre sino la gloria que lo rodeaba. Elena White tuvo una experiencia similar:
“En la página 54, declaré que una nube de gloriosa luz ocultaba al Padre y que no podía verse su persona. También declaré que vi al Padre levantarse del trono. El Padre estaba envuelto en un cuerpo de luz y gloria, de manera que su persona no podía verse; sin embargo, yo sabía que era el Padre y que de su persona emanaba esta luz y gloria. Cuando vi este cuerpo de luz y gloria levantarse del trono, supe qué era porque el Padre se movía, y por lo tanto dije: Vi al Padre levantarse. La gloria, o excelencia de su forma, no la vi; nadie podría contemplarla y vivir; pero podía verse el cuerpo de luz y gloria que rodeaba su persona.” Primeros Escritos, p. 92
Versículo 4: Los veinticuatro ancianos rodeaban el trono, cada uno sentado en su propio trono: “Y alrededor del trono había veinticuatro tronos; y vi sentados en los tronos a veinticuatro ancianos, vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas.”
Versículo 5: El texto indica claramente que este evento estaba ocurriendo en el lugar santo del santuario celestial:

“Y del trono salían relámpagos y truenos y voces; y delante del trono ardían siete lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios.”
Sabemos que el trono estaba en el lugar santo por las siguientes razones:
 Siete lámparas de fuego ardían delante del trono. La palabra ‘lámparas’ en griego es lampades, palabra que usa la Septuaginta (LXX) para describir el candelabro de siete brazos que se hallaba en el lugar santo. Este detalle nos ayuda a entender que este evento estaba ocurriendo en el lugar santo del santuario celestial. Las siete lámparas se interpretan como los siete espíritus de Dios indicando así la presencia de la plenitud del Espíritu Santo.
 En el capítulo 4 los siete espíritus se encontraban delante del trono en el lugar santo del santuario celestial. Pero como veremos en el siguiente capítulo, cuando Jesús fue instalado como sumo-sacerdote en día del Pentecostés, los siete espíritus fueron enviados a la tierra (Apocalipsis 5:6). El número siete indica que el Espíritu Santo en su plenitud dirige su mensaje a las siete iglesias pues al final de cada uno de los siete mensajes aparece la fórmula: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”
Elena White, sin titubeos, escribió que Apocalipsis 4 y 5 ocurrió en el lugar santo del santuario celestial:
“Los lugares santos del santuario celestial están representados por los dos departamentos del santuario terrenal. Cuando en una visión le fue dado al apóstol Juan que viese el templo de Dios en el cielo, contempló allí “siete lámparas de fuego ardiendo delante del trono.” (Apocalipsis 4: 5, V.M.) Vio un ángel que tenía “en su mano un incensario de oro; y le fue dado mucho incienso, para que lo añadiese a las oraciones de todos los santos, encima del altar de oro que estaba delante del trono.” (Apocalipsis 8: 3, V.M.) Se le permitió al profeta contemplar el primer departamento del santuario en el cielo; y vio allí las “siete lámparas de fuego” y el “altar de oro” representados por el candelabro de oro y el altar de incienso en el santuario terrenal.” El Conflicto de los Siglos, pp. 540, 541
 El candelabro se hallaba en frente de la mesa de los panes de la presencia. La mesa de los panes se hallaba en el norte del lugar santo y el trono de Dios se halla a los lados del norte (Isaías 14:12-14
 Había dos hileras de panes sobre la mesa. El pan es símbolo de la palabra de Dios (Deuteronomio 8:3; Mateo 4:4). El Padre envía el maná y Jesús es el maná. El hecho de que hay dos hileras sobre la mesa parece indicar que hay dos personas sobre el trono pues el Padre y el Hijo comparten el trono (Apocalipsis 3:21) y ambos sustentan al pueblo con el pan espiritual.
 La designación lachem panim (‘pan de la presencia’; I Samuel 21:6) es importante. La palabra panim significa literalmente ‘rostro’. Por ejemplo, en Lamentaciones 4:16 y Proverbios 7:15 la palabra panim se traduce ‘rostro del Señor”. La misma palabra se traduce ‘persona’ en 2 Samuel 17:11.
 En la Biblia la corona le corresponde a un rey. La mesa de los panes era el único mueble del santuario que tenía dos coronas alrededor de su parte superior (Éxodo 25:23-25; 37:11, 12). La altura de la mesa era idéntica a la altura del arca del pacto (que representa el trono de Dios en el lugar santísimo) y la descripción de la mesa la da Moisés inmediatamente después de describir el arca del pacto. El arca tenía tan solo una corona (Éxodo 25:11) al igual que el altar de incienso (Éxodo 37:26)
 Apocalipsis 5:8 afirma que el altar de incienso estaba delante del trono y el altar de incienso se encontraba en el lugar santo (Apocalipsis 8:3-5)
 Apocalipsis 6:6 (durante el periodo del tercer sello) describe un tiempo en que había escasez de pan pues el trigo y la cebada estaban carísimos. Según Cicerón, el precio que mencionó Juan era de 8 a 16 veces más caro que lo normal. Un denario era el salario diario de un jornalero común.

Así es que, durante el periodo de este sello, el jornalero estaba ganando tan solo suficiente para comprar dos libras de trigo y seis libras de cebada. La cebada se empleaba para alimentar a los pobres y a los animales. Aplicando el símbolo, había hambre por la Palabra de Dios en el periodo del tercer sello. Es interesante que el siguiente caballo es amarillo indicado que la consecuencia del hambre es la muerte.
 El argumento más poderoso en favor de una ubicación en el lugar santo es la siguiente cita de Elena White a donde ella se refiere a dos tronos, uno en el lugar santo y el otro en el lugar santísimo:
“Vi un trono, y sobre él se sentaban el Padre y el Hijo. Me fijé en el rostro de Jesús y admiré su hermosa persona. No pude contemplar la persona del Padre, pues le cubría una nube de gloriosa luz. Pregunté a Jesús si su Padre tenía forma como él. Dijo que la tenía, pero que yo no podía contemplarla, porque, dijo: ‘Si llegases a contemplar la gloria de su persona, dejarías de existir.’. . . Vi al Padre levantarse del trono, y en un carro de llamas entró en el lugar santísimo, al interior del velo, y se sentó. Entonces Jesús se levantó del trono. . . Después de eso, un carro de nubes, cuyas ruedas eran como llamas de fuego, llegó rodeado de ángeles, adonde estaba Jesús. El entró en el carro y fue llevado al lugar santísimo, donde el Padre estaba sentado.” PE, p. 54, 55
Los relámpagos representan la velocidad con que los ángeles cumplen la obra que les encomienda Dios (Apocalipsis 4:5; Ezequiel 1:13, 14):
“Como mensajeros de Dios, iban y volvían “a semejanza de relámpagos” (Ezequiel 1: 14), tan deslumbradora es su gloria y tan veloz su vuelo.” El Conflicto de los Siglos, p. 660
“La luz brillante que se movía entre los seres vivientes con la velocidad del relámpago representa la velocidad con que se terminará finalmente esta obra.” Testimonios para la Iglesia, tomo 5, p. 704
Los truenos y las voces son las de los cuatro seres vivientes que rodean el trono de Dios. Mientras esperaban la llegada del héroe de guerra estaban alabando y glorificando al que estaba sentado en el trono. (vea también Ezequiel 1:13, 14, 24; 3:12, 13; Salmo 104:7; Apocalipsis 14:2; Juan 12:28, 29; Apocalipsis 19:6)
Versículo 6, 7: El mar de vidrio y los cuatro seres vivientes: “Y delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal; y junto al trono, y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y detrás.” Los ojos son simbólicos de sabiduría o inteligencia. Es decir, los seres vivientes cumplen sus responsabilidades con máxima sabiduría
Versículos 8-11: “Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir. 9 Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, 10 los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: 11 Señor, digno eres [la dignidad radica en el hecho que es el Creador] de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.” Los cuatro seres vivientes estaban en medio y en redor del trono. Isaías 6:1-3 los identifica claramente como serafines pues tanto en Isaías como en Apocalipsis los seres vivientes tienen seis alas y cantan ‘santo, santo, santo’. Isaías 6:1-3: “En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. 2 Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. 3 Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria.”

Este es el único pasaje de la Biblia que menciona a los serafines por nombre. Vale decir que los querubines se describen en forma similar a los serafines (vea Ezequiel 1).
El himno de alabanza que entonan los seres vivientes y los ancianos es en honor a Dios el Padre por ser el Creador.
¿Pero acaso no enseña el nuevo testamento que Jesús es el Creador? Según Juan 1:3 Jesús fue el Creador, pero un examen de toda la evidencia bíblica indica que fue una obra conjunta del Padre y el Hijo (Génesis 1:26, 27). El Padre elaboró el plan, y el Hijo, en conformidad con la voluntad del Padre, lo implementó (vea 1 Corintios 8:6; Hebreos 1:1-3; Colosenses 1:15-17). Por así decirlo, Padre fue el arquitecto y Jesús fue el albañil. Apocalipsis 4:11 no dice que el Padre fue el Creador. Lo que dice el texto es que por voluntad del Padre todas las cosas existen y fueron creadas (voz pasiva).
Elena White concuerda:
“El Hijo de Dios había ejecutado la voluntad del Padre en la creación de todas las huestes del cielo, y a él, así como a Dios, debían ellas tributar homenaje y lealtad. Cristo había de ejercer aún el poder divino en la creación de la tierra y sus habitantes. Pero en todo esto no buscaría poder o ensalzamiento para sí mismo, en contra del plan de Dios, sino que exaltaría la gloria del Padre, y ejecutaría sus propósitos de beneficencia y amor.” Patriarcas y Profetas, p. 14
Resumen del capítulo 4
Hay varios seres presentes en Apocalipsis 4:
 El personaje que está sentado solo en el trono
 Los cuatro seres vivientes
 Los veinticuatro ancianos
 El Espíritu Santo en su plenitud (indicado por el número 7)

Las siete lámparas y el altar de incienso también estaban allí indicando que este evento estaba ocurriendo en el lugar santo.
Pero Jesús y las huestes angelicales estaban ausentes. Es más, los himnos no mencionan la redención. ¿A dónde estaban Jesús y los ángeles en el escenario del capítulo 4? El Espíritu de Profecía nos da una respuesta clara (con mis propios comentarios en corchetes):
“Todo el cielo estaba esperando para dar la bienvenida al Salvador a los atrios celestiales. Mientras ascendía, iba adelante, y la multitud de cautivos libertados en ocasión de su resurrección le seguía. La hueste celestial, con aclamaciones de alabanza y canto celestial, acompañaba al gozoso séquito.
Al acercarse a la ciudad de Dios, la escolta de ángeles demanda:
“Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria.”
Gozosamente, los centinelas de guardia responden:
“¿Quién es este Rey de gloria?”
Dicen esto, no porque no sepan quién es, sino porque quieren oír la respuesta de sublime loor:
“Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla. Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria.”
Vuelve a oírse otra vez:
“¿Quién es este Rey de gloria?”
Porque los ángeles no se cansan nunca de oír ensalzar su nombre. Y los ángeles de la escolta responden:
“Jehová de los ejércitos, Él es el Rey de la gloria.” [Salmo 24:7-10]

Entonces los portales de la ciudad de Dios se abren de par en par, y la muchedumbre angélica entra por ellos en medio de una explosión de armonía triunfante.
Entonces los portales de la ciudad de Dios se abren de par en par, y la muchedumbre angélica entra por ellos en medio de una explosión de armonía triunfante.
Allí está el trono [a donde se sienta el Padre], y en derredor el arco iris de la promesa. Allí están los querubines y los serafines [los cuatro seres vivientes]. Los comandantes de las huestes angélicas, los hijos de Dios, los representantes de los mundos que nunca cayeron [los 24 ancianos], están congregados. El concilio celestial delante del cual Lucifer había acusado a Dios y a su Hijo, los representantes de aquellos reinos sin pecado, sobre los cuales Satanás pensaba establecer su dominio, todos están allí para dar la bienvenida al Redentor. Están ansiosos por celebrar su triunfo y glorificar a su Rey.
Pero con un ademán, él los detiene. Todavía no; no puede ahora recibir la corona de gloria y el manto real. Entra a la presencia de su Padre [ahora sabemos que el Padre estaba sentado en el trono]. Señala su cabeza herida, su costado traspasado, sus pies lacerados; alza sus manos que llevan la señal de los clavos [se presenta como el Cordero inmolado]. Presenta los trofeos de su triunfo; ofrece a Dios la gavilla de las primicias, aquellos que resucitaron con él como representantes [la cuota inicial] de la gran multitud que saldrá de la tumba en ocasión de su segunda venida. Se acerca al Padre [Apocalipsis 5:7], ante quien hay regocijo por un solo pecador que se arrepiente. Desde antes que fueran echados los cimientos de la tierra, el Padre y el Hijo se habían unido en un pacto para redimir al hombre en caso de que fuese vencido por Satanás. Habían unido sus manos en un solemne compromiso de que Cristo sería fiador [recuperaría la herencia perdida] de la especie humana. Cristo había cumplido este compromiso. Cuando sobre la cruz exclamó: “Consumado es,” se dirigió al Padre. El pacto había sido llevado plenamente a cabo. Ahora declara: Padre, consumado es. He hecho tu voluntad, oh Dios mío. He completado la obra de la redención. Si tu justicia está satisfecha, “aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, ellos estén también conmigo.” [Juan 19:30; 17:24]
Se oye entonces la voz de Dios proclamando que la justicia está satisfecha. Satanás está vencido. Los hijos de Cristo, que trabajan y luchan en la tierra, son “aceptos en el Amado.” [Efesios 1:6] Delante de los ángeles celestiales y los representantes de los mundos que no cayeron, son declarados justificados. Donde él esté, allí estará su iglesia. “La misericordia y la verdad se encontraron: la justicia y la paz se besaron.” [Salmo 85:1-10] Los brazos del Padre rodean a su Hijo, y se da la orden: “Adórenlo todos los ángeles de Dios.” [Hebreos 1:6]
Con gozo inefable, los principados y las potestades reconocen la supremacía del Príncipe de la vida. La hueste angélica se postra delante de él, mientras que el alegre clamor llena todos los atrios del cielo: “¡Digno es el Cordero que ha sido inmolado, de recibir el poder, y la riqueza, y la sabiduría, y la fortaleza, y la honra, y la gloria, y la bendición!” [Apocalipsis 5:12]
Los cantos de triunfo se mezclan con la música de las arpas angelicales, hasta que el cielo parece rebosar de gozo y alabanza. El amor ha vencido. Lo que estaba perdido se ha hallado. El cielo repercute [es significativo que ella no dice que los que los que están en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra cantan en este momento] con voces que en armoniosos acentos proclaman: “¡Bendición, y honra y gloria y dominio al que está sentado sobre el trono, y al Cordero, por los siglos de los siglos!” [Apocalipsis 5:13] El Deseado de Todas las Gentes, pp. 772, 773

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