Resurse Spaniolă
4. NOTAS SOBRE APOCALIPSIS 5
Síntesis: El héroe de guerra llega victorioso al cielo del campo de batalla después de haber vencido al diablo, al mundo y la carne. El Padre acepta su sacrificio. El enfoque del capítulo se centra en Cristo como Redentor.
Ningún Lenguaje Judicial
Aunque hay una similitud entre Apocalipsis 4 y 5 y Daniel 7 también hay diferencias marcadas.
Mientras que en Daniel 7 se colocan tronos para el comienzo del juicio, en Apocalipsis 4:2 los tronos sencillamente están allí.
Mientras que en Daniel 7:10 se abren libros (plural), en Apocalipsis 5:1 hay solo un libro (singular) y está esta sellado.
En Daniel 7 Jesús lleva el nombre de Hijo del Hombre (7:13), pero en Apocalipsis 5:6 se ve como un Cordero inmolado.
El texto no se refiere a Jesús como el León de la tribu de Judá hasta que haya roto todos los sellos y abierto el libro.
Algunos eruditos de la iglesia adventista han concluido que en Apocalipsis 4 y 5 al igual que en Daniel 7, se halla una descripción del comienzo del juicio investigador en el cielo en 1844 DC. El problema con esta idea es que en Apocalipsis 4 y 5, a diferencia de Daniel 7, no hay terminología judicial. La terminología doxológica en Apocalipsis 4 se centra en Dios el Padre como Creador y la terminología doxológica de Apocalipsis 5 se enfoca en Cristo como Redentor. El himno que exalta a Dios como juez no aparece en el libro de Apocalipsis hasta el capítulo 19:1, 2 a donde la ramera ya ha sido juzgada.
En las escenas de juicio de la Biblia raras veces hallamos himnos de júbilo como aparecen en Apocalipsis 4 y 5. Mientras las escenas de juicio transpiran, los habitantes del cielo generalmente permanecen en silencio. Por ejemplo, en Daniel 7 cuando inicia el juicio y los libros se abren, los seres celestiales observan en silencio. De la misma manera, en Apocalipsis 20:11-15 mientras transpira el juicio después del milenio, hay silencio en el cielo y en la tierra.
Debe tomarse en cuenta también que en Apocalipsis 5 hay solo un libro y esta sellado. Al contrario, en Daniel 7 hay varios libros que se abren en 1844 DC para el inicio del juicio celestial. El libro de Apocalipsis 5 no se abre hasta que se hayan roto todos los siete sellos y Cristo haya tomado posesión de su reino. Veremos que esto ocurrirá después del milenio cuando todos los impíos se hallen reunidos fuera de la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén.
Es digno de notar que durante el quinto sello el juicio no ha comenzado aún. Sabemos esto pues los mártires debajo del altar están clamando para que se juzgue su caso y se les haga justicia. Esto significa que el juicio tiene que iniciarse en algún momento posterior a la apertura del quinto sello. Como veremos en breve, el proceso del juicio celestial no comienza hasta que hayan ocurrido las señales en el sol, la luna y las estrellas que se mencionan en Apocalipsis 6:12, 13, y estas ocurrieron en 1755, 1780 y 1833. Y la ejecución del juicio no ocurrirá hasta el capítulo 19:1, 2.
En Apocalipsis 5, Juan describe a Jesús como Cordero inmolado que acaba de venir del campo de batalla y porta las heridas frescas de su crucifixión. El tiempo perfecto del verbo ‘como si hubiese sido inmolado’ se refiere a una acción que comenzó en el pasado pero cuyos resultados perduran en el momento en que Juan lo ve.
“Cristo es nuestro Mediador y Sumo Sacerdote en presencia del Padre. Se reveló a Juan como el Cordero inmolado, como si hubiera estado en el mismo acto de derramar su sangre en favor del pecador.” Testimonios para la Iglesia, tomo 4, p. 388.
Apocalipsis 6:16, 17 y 14:14-20 no describe a Jesús como un Cordero manso y sufriente sino como León o Hijo del Hombre que regresa para destruir a sus enemigos y para tomar posesión de su reino. Así es que Daniel 7 y Apocalipsis 4 y 5 describen dos contextos históricos distintos a donde están los mismos seres presentes.
Versículos 1, 2: “Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro [biblíon] escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos. 2 Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?”
Comentario: La palabra ‘digno’ significa ‘calificado’. Hay ciertas condiciones que debe cumplir el que va a abrir el libro. Podría expresarse así: ‘¿quién cumple los requisitos necesarios para romper los sellos y abrir el libro?’
Aquí hay otros ejemplos de la palabra ‘digno’ en el Nuevo Testamento:
Mateo 10:10: El obrero es digno de su salario
Lucas 12:48: El que hizo cosas dignas de azotes
Lucas 15:19: El hijo prodigo se comportó de una manera indigna
Apocalipsis 16:6: Los impíos beben las aguas sangrientas de la segunda plaga pues lo merecen
Hechos 26:31: Pablo no cometió ningún acto digno de muerte
Versículo 3: “Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo.”
Comentario: El contenido del libro no se podía revelar sin que se rompieran primero todos los sellos. El problema que había en ese momento es que no
había en cielo, ni en la tierra, ni debajo de la tierra, una persona calificada para romper los sellos y abrir el libro. Ni Enoc, ni Moisés, ni Elías podían. Tampoco podían los habitantes de otros mundos ni los ángeles, ni los querubines y serafines. Ni siquiera Dios el Padre estaba calificado para romper los sellos y abrir el libro.
Versículo 4: Una crisis universal
“Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno [con las cualidades necesarias] de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo.”
Comentario: Al no hallar a una persona digna, transpira una crisis de proporciones universales. El interés de Juan so se enfocaba primordialmente en los sellos, sino en el contenido del libro. Sus amargas lágrimas no eran de simple curiosidad sino de desesperación, agonía y suprema angustia. Es obvio que lo que contenía el libro era asunto de vida o muerte. El no abrir el libro sería algo calamitoso para todo el universo.
La palabra griega ‘lloraba’ es muy intensa. Lucas 8:52 lo usa para describir la angustia que causó la muerte de la hija de Jairo. Lucas 22:62 usa la palabra para describir el desconsuelo de Pedro cuando negó a Jesús por tercera vez y Lucas 19:41 describe como Jesús lloró sobre Jerusalén. En Apocalipsis 18:9, 11, 15 la palabra describe el llanto de los mercaderes de Babilonia cuando la economía mundial colapse.
Versículo 5:
“Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido [tiempo pasado. Juan 16:33 describe la victoria de Jesús] para abrir [futuro] el libro y desatar [futuro] sus siete sellos.”
Comentario: Los reyes de Israel pertenecían a la tribu de Judá (Génesis 49:9, 10) y Jesús es la raíz y el linaje de David (Apocalipsis 22:16). Cuando Jesús aparece por primera vez escenario celestial se le ve como un Cordero inmolado que salva, pero cuando finalmente abre el libro lo hará en función de León que juzga y derrama su ira. En este contexto, Apocalipsis 6:16, 17 es
significativo. Allí se describe la ira del Cordero. Es decir, el Cordero ha pasado por una transformación y tiene características de León. El Cordero vendrá como Hijo del Hombre para pisotear el lagar y reclamar su reino (Apocalipsis 14:14-20).
En el momento en que Jesús abra el libro, se sentará como rey sobre su propio trono para gobernar su reino. Elena White explicó la relación entre Jesús como Cordero y como León:
“El Salvador se presenta ante Juan bajo los símbolos del “león de la tribu de Judá” y de “un Cordero como inmolado.” (Apoca. 5:5, 6.) Dichos símbolos representan la unión del poder omnipotente con el abnegado sacrificio de amor. El león de Judá, tan terrible para los que rechazan su gracia, es el Cordero de Dios para el obediente y fiel. La columna de fuego que anuncia terror e ira al transgresor de la ley de Dios, es una señal de misericordia y liberación para los que guardan sus mandamientos. El brazo que es fuerte para herir a los rebeldes, será fuerte para librar a los leales. Todo el que sea fiel será salvo. “Enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán sus escogidos de los cuatro vientos, de un cabo del cielo hasta el otro.” (Mat. 24: 31.)” Hechos de los Apóstoles, pp. 470, 471
“Cristo defenderá a sus escogidos por ser el León de la tribu de Judá, y les concederá la victoria por haberlo aceptado como ‘el cordero de Dios que quita el pecado del mundo.’” The Home Missionary, noviembre 1, 1893
Nos es menester comprender Apocalipsis 5:5 en el contexto de Apocalipsis 3:21. En efecto, Apocalipsis 5:5 describe la segunda parte de Apocalipsis 3:21. Cuando Jesús se sienta a la diestra de su Padre es un Cordero que salva, pero después de romper los sellos y abrir el libro se convierte en León que juzga y retribuye.
Versículo 6:
“Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado que tenía siete y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.”
Comentarios:
Cuando Juan vio al Cordero, las heridas en su cuerpo estaban aún frescas. Las heridas indican que acababa de llegar del campo de batalla a donde batalló con el enemigo y ganó. Juan lo vio parado en medio del trono porque los reyes y los sacerdotes estaban parados cuando se los ungía.
Los siete cuernos son los rayos gloriosos del sol que emanan de la corona del Cordero. Los cuernos representan su poder omnipotente como rey del reino de la gracia. La versión King James de Habacuc 3:4 afirma que cuando Jesús venga por segunda vez, ‘cuernos’ saldrán de su costado porque allí se oculta su poder. En El Conflicto de los Siglos, p. 653, Elena White explica que los cuernos son rayos de gloria que emanan de las heridas en el cuerpo de Jesús. Aun hoy en día, cuando se hace una corona de cartulina, la corona parece tener cuernos, pero en realidad representan rayos (vea también Éxodo 34:29, 30, 35 a donde la palabra ‘resplandecía’ es la misma que se traduce ‘cuernos’ en otros textos).
Los siete ojos representan los siete Espíritus que estaban presentes antes que llegara Jesús (Apocalipsis 4:5). El Padre luego envió el Espíritu Santo a la tierra (Apocalipsis 5:6) en el día del Pentecostés para anunciar el inicio del sacerdocio celestial de Jesús (2 Crónicas 16:9; Proverbios 15:3; Zacarías 4:10).
“Cuando Cristo entró por los portales celestiales, fue entronizado en medio de la adoración de los ángeles. Tan pronto como esta ceremonia hubo terminado, el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos en abundantes raudales, y Cristo fue de veras glorificado con la misma gloria que había tenido con el Padre, desde toda la eternidad. El derramamiento pentecostal era la comunicación del Cielo de que el Redentor había iniciado su ministerio celestial. De acuerdo con su promesa, había enviado el Espíritu Santo del cielo a sus seguidores como prueba de que, como sacerdote y rey, había recibido toda autoridad en el cielo y en la tierra, y era el Ungido sobre su pueblo.” Hechos de los Apóstoles, pp. 31, 32
Versículo 7: “Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono.”
Comentario: El texto dice que el Cordero vino hasta donde estaba el Padre de modo que no estaba allí antes. Hasta este punto en el capitulo 5 los seres celestiales no han cantado ningún himno. Todos los seres que estaban presentes para la recepción guardaban silencio en suspenso para ver si se presentaba alguien digno de romper los sellos y abrir el libro.
Versículo 8:
“Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes [los querubines y serafines] y los veinticuatro ancianos [los representantes de los mundos que nunca pecaron] se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos.”
Comentario:
Los serafines y los 24 ancianos juegan un papel intercesor pues llevan las oraciones de los santos a Jesús y por medio de Jesús a Dios. Esto nos hace recordar la escalera que vio Jacob que estaba arraigada sobre la tierra y alcanzaba hasta el alto cielo y ascendiendo y descendiendo sobre la escalera había ángeles (ver Juan 1:51). También nos hace pensar de los ángeles que estaban bordados en el velo entre el lugar santo y el lugar santísimo.
“Los ángeles ofrecen el humo del fragante incienso en favor de los santos que oran.” Counsels to Teachers, p. 110
Verses 9-14: “ . . . y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno [calificado] eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste [pasado] inmolado, y con tu sangre [1 Pedro 1:18-20] nos [los] has redimido [pasado] para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; 10 y nos [los] has [pasado] hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos [futuro: reinarán] sobre la tierra. 11 Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos [los ángeles están más allá del círculo de los seres vivientes y los ancianos]; y su número era millones de millones, 12 que decían a gran voz: El Cordero que fue [pasado] inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. 13 Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. 14 Los cuatro seres vivientes decían: Amén; y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus rostros y adoraron al que vive por los siglos de los siglos.”
Comentarios:
La doble pregunta del ángel poderoso ahora recibirá una respuesta.
La primera pregunta es, ¿quién es digno de romper los sellos y de abrir el libro? La segunda pregunta es, ¿por qué es digno de romper los sellos y de abrir el libro? La respuesta a las dos preguntas es que solo el Cordero está calificado porque pagó el precio de su sangre para redimir la herencia que Adán perdió.
La palabra ‘redimir en Apocalipsis 5:9 es jagorázoo y significa comprar algo pagando un precio de rescate (Mateo 13:46; 1 Corintios 6:20; 2 Pedro 2:1). Otra palabra, lutroo (1 Pedro 1:19) tiene un significado similar y equivale a la palabra go’el en el antiguo testamento (Levítico 25:48). Nos viene a la mente la imagen de una casa de empeño a donde se paga un precio para recuperar algo que se ha empeñado.
El libro de Hebreos, en vez de usar la palabra ‘digno’ para referirse a la idoneidad de Cristo, usa la expresión: ‘habiendo sido perfeccionado’ (Hebreos 2:10; 5:8, 9). La palabra ‘perfeccionado’ no se refiere a la perfección moral del carácter sino al proceso por medio del cual Jesús llega a ser ‘digno’ para romper los sellos y abrir el libro.
Hasta el versículo 8 los seres celestiales estaban ausentes, pero a partir del versículo 10 Juan ve a millones y millones de ángeles que rodean el trono entonando un himno en honor al redentor. La pregunta clave es esta: ¿A dónde estaba la hueste angélica en la escena del capítulo 4? La respuesta es que habían venido a la tierra para buscar a Jesús y estaban de regreso con Él (vea Hechos 1:9-11). Se notará que el tema del himno ya no es la creación sino la redención.
El Libro Sellado
Ahora debemos preguntarnos: ¿Qué contenía el libro que estaba sellado con siete sellos? ¿Por qué hubiera sido tan catastrófico que no se presentara alguien digno de romper los sellos y de abrir el libro?
Es obvio que mientras los sellos quedan sin romper no se puede abrir el libro ni leer su contenido. El paralelo más similar es Daniel 12:4 a donde la profecía de los 2300 días queda sellada hasta el tiempo del fin. Es decir, el contenido del libro no se podía comprender hasta que se le quitara el sello en el tiempo del fin.
El profeta Jeremías (capítulo 30) nos da información valiosa sobre lo que contenía el libro. El cuadro es el siguiente: Cuando Satanás venció a Adán, le robó la escritura de propiedad del mundo reclamándolo como suyo. Pero el Redentor (go’el) vino a la tierra para pagar el precio necesario para recuperar la escritura. El libro contiene un registro de toda la historia de la salvación y cuando finalmente se abra, el universo verá que Jesús y los redimidos tienen derecho a la herencia que fue usurpada por Satanás y recuperada por Jesús.
Varios eruditos han explicado lo que contiene el libro:
“Los arqueólogos han traído a la luz muchos documentos que tienen entre dos, siete o más sellos. Por ejemplo, la ley romana exigía que un testamento tuviera un mínimo de siete sellos de testigos para garantizar la validez de su contenido, aun cuando hay evidencia que en ciertas ocasiones se usaban más que siete sellos. Al igual que cualquier otro pergamino sellado de la época, al pergamino de Apocalipsis 5 se le ve enrollado, amarrado con [siete] cuerdas a su alrededor y sellado en su orilla exterior con sellos de cera a donde se encuentran los cabos de las cuerdas. Como tal, no se podía abrir ni revelar su contenido hasta que se rompiesen todos los siete sellos. El romper los siete sellos significa los pasos preliminares y preparatorios para el momento en que se abra el pergamino y se revele su contenido.” Ranko Stefanovic, Revelation of Jesús Christ, p. 197, 198
“Según el Testamento del Pretorio, un testamento en la ley romana llevaba los siete sellos de los siete testigos en las cuerdas que aseguraban la tableta o el pergamino. (vea Smith, Dictionary of Greek and Roman Antiquities, p. 1117). Un Testamento tal no se podía ejecutar hasta que se rompiesen los siete sellos.” R. H. Charles, International Critical Commentary, volume 1, p. 137
“El objeto central, el pergamino con siete sellos, es un testamento, pues eso es precisamente lo que era un documento tal en la ley romana de la época de Juan. El panorama que vemos, pues, en la subdivisión de Apocalipsis 4:1 al 8:1 es el de un juzgado a donde está a punto de abrirse un testamento. En el contexto de Apocalipsis este testamento, por así decirlo, sería una escritura de propiedad, que el hombre perdió y que ha sido redimida por Cristo, el Cordero. De modo que el pergamino es un libro del destino. Abrirlo significaría heredar el reino de Dios, pero él no abrirlo significaría no heredar. Con razón Juan lloró cuando pensó que nadie podía abrir el libro.” Kenneth Strand, Interpreting the Book of Revelation, p. 55
Elena White concordó con lo que afirman los eruditos en cuanto al contenido del libro, pero ella añade información muy valiosa. En la primera cita la hermana White describe en términos generales lo que contiene el libro:
“Allí en su mano abierta está el libro, el pergamino que contiene la historia de los actos providenciales de Dios, la historia profética de las naciones y de la iglesia. El pergamino contiene las declaraciones divinas, su autoridad, sus mandamientos, sus leyes, la plenitud del consejo simbólico del Eterno y la historia de todos los que gobernaron en las naciones. En lenguaje simbólico se halla en ese pergamino la influencia de cada nación, lengua y pueblo desde el principio de la historia hasta su final.” Manuscript Releases, tomo 9, p. 7.
Además, Elena White escribió otra cita a donde menciona un evento histórico específico que fue registrado en el libro. Cuando los judíos escogieron a Barrabás y a César en lugar de Jesús, su decisión fue inscrita en el libro que tenía el Padre en su mano derecha:
“Así hicieron su elección los dirigentes judíos. Su decisión fue registrada en el libro que Juan vio en la mano de Aquel que se sienta en el trono, el libro que ningún hombre podía abrir. Con todo su carácter vindicativo [‘vindictiveness’ = carácter vengativo o retributivo] aparecerá esta decisión delante de ellos en aquel día cuando el León de la Tribu de Judá le quite el sello.” Palabras de Vida del Gran Maestro, p. 236.
Hay que recalcar varios puntos en esta cita que escribió la hermana White alrededor del año 1900:
Cuando Elena White escribió esta cita alrededor del año 1900, el libro no había sido abierto.
Los que clamaron ‘suéltanos a Barrabás’ y ‘no tenemos más rey que César’ estarán vivos cuando se abra el libro pues verán el resultado de su decisión. ¡Esto significa que tendrán que resucitar!
Los impíos resucitarán en la segunda resurrección después del milenio (Apocalipsis 20:5) así que el libro se abrirá después del milenio.
Elena White describió el momento en que se abrirá el libro después del milenio y se verá por encima de la ciudad en visión panorámica toda la historia del planeta y las decisiones que cada individuo tomó:
“Por encima del trono se destaca la cruz; y como en vista panorámica [en alta definición] aparecen las escenas de la tentación, la caída de Adán y los pasos sucesivos del gran plan de redención. El humilde nacimiento del Salvador; su juventud pasada en la sencillez y en la obediencia; su bautismo en el Jordán; el ayuno y la tentación en el desierto; su ministerio público, que reveló a los hombres las bendiciones más preciosas del cielo; los días repletos de obras de amor y misericordia, y las noches pasadas en oración y vigilia en la soledad de los montes; las conspiraciones de la envidia, del odio y de la malicia con que se recompensaron sus beneficios; la terrible y misteriosa agonía en Getsemaní, bajo el peso anonadador de los pecados de todo el mundo; la traición que le entregó en manos de la turba asesina; los terribles acontecimientos de esa noche de horror -el preso resignado y olvidado de sus discípulos más amados, arrastrado brutalmente por las calles de Jerusalén; el hijo de Dios presentado con visos de triunfo ante Anás, obligado a comparecer en el palacio del sumo sacerdote, en el pretorio de Pilato, ante el cobarde y cruel Herodes; ridiculizado, insultado, atormentado y condenado a muerte- todo eso está representado a lo vivo.
Luego, ante las multitudes agitadas, se reproducen las escenas finales: el paciente Varón de dolores pisando el sendero del Calvario; el Príncipe del cielo colgado de la cruz; los sacerdotes altaneros y el populacho escarnecedor ridiculizando la agonía de su muerte; la obscuridad sobrenatural; el temblor de la tierra, las rocas destrozadas y los sepulcros abiertos que señalaron el momento en que expiró el Redentor del mundo.
La escena terrible se presenta con toda exactitud. Satanás, sus ángeles y sus súbditos no pueden apartar los ojos del cuadro que representa su propia obra. Cada actor recuerda el papel que desempeñó. Herodes, el que mató a los niños inocentes de Belén para hacer morir al Rey de Israel; la innoble Herodías, sobre cuya conciencia pesa la sangre de Juan el Bautista; el débil Pilato, esclavo de las circunstancias; los soldados escarnecedores; los sacerdotes y gobernantes, y la muchedumbre enloquecida que gritaba: “¡Recaiga su sangre sobre nosotros, y sobre nuestros hijos!” -todos contemplan la enormidad de su culpa. En vano procuran esconderse ante la divina majestad de su presencia que sobrepuja el resplandor del sol, mientras que los redimidos echan sus coronas a los pies del Salvador, exclamando: “¡El murió por mí!”
Entre la multitud de los rescatados están los apóstoles de Cristo, el heroico Pablo, el ardiente Pedro, el amado y amoroso Juan y sus hermanos de corazón leal, y con ellos la inmensa hueste de los mártires; mientras que fuera de los muros, con todo lo que es vil y abominable, se encuentran aquellos que los persiguieron, encarcelaron y mataron. Allí está Nerón, monstruo de crueldad y de vicios, y puede ver la alegría y el triunfo de aquellos a quienes torturó, y cuya dolorosa angustia le proporcionara deleite satánico. Su madre está allí para ser testigo de los resultados de su propia obra; para ver cómo los malos rasgos de carácter transmitidos a su hijo y las pasiones fomentadas y desarrolladas por la influencia y el ejemplo de ella, produjeron crímenes que horrorizaron al mundo.
Allí hay sacerdotes y prelados papistas, que dijeron ser los embajadores de Cristo y que no obstante emplearon instrumentos de suplicio, calabozos y hogueras para dominar las conciencias de su pueblo. Allí están los orgullosos pontífices que se ensalzaron por encima de Dios y que pretendieron alterar la ley del Altísimo. Aquellos así llamados padres de la iglesia tienen que rendir a Dios una cuenta de la que bien quisieran librarse. Demasiado tarde ven que el Omnisciente es celoso de su ley y que no tendrá por inocente al culpable de violarla. Comprenden entonces que Cristo identifica sus intereses con los de su pueblo perseguido, y sienten la fuerza de sus propias palabras: “En cuanto lo hicisteis a uno de los más pequeños de estos mis hermanos, a mí lo hicisteis.” (S. Mateo 25: 40 V.M.) El Conflicto de los Siglos, pp. 724-726.
