Resurse Spaniolă
ESTUDIO ADICIONAL: EL NÚMERO DE SU NOMBRE
Introducción
Prácticamente toda persona ha oído alguna vez que el número de la bestia es el 666. ¿Qué significa este número enigmático? ¿Será que el anticristo le tatuará este número literalmente en las frentes de sus seguidores?
Un nombre blasfemo
Al estudiar en cuanto al número de la bestia debemos primeramente tomar en cuenta un hecho que con frecuencia se pasa por alto y es que el nombre de la bestia es blasfemo.
Apocalipsis 13:1: “Me paré sobre la arena del mar, y vi subir del mar una bestia que tenía siete cabezas y diez cuernos; y en sus cuernos diez diademas; y sobre sus cabezas, un nombre blasfemo.”
Este detalle es importante pues el número 666 es el número del nombre de la bestia. Significa, entonces, que el número 666 guarda una relación estrecha con blasfemia. Siendo este el caso, debemos descubrir la definición bíblica de blasfemia. ¿Existe tal definición? La respuesta es un enfático sí.
Las escrituras definen con claridad lo que es blasfemia. Cuando un mero hombre profesa ocupar el lugar de Dios en la tierra y como tal dice tener el poder y las prerrogativas de Dios es blasfemo.
Cuando Jesús afirmó, ‘yo y el Padre uno somos’ (Juan 10:30) los judíos se enfurecieron y recogieron piedras con el fin de ejecutar la pena de muerte que exigía la legislación mosaica (Levítico 24:16). Cuando Jesús les preguntó que había hecho para merecer tal castigo, ellos le respondieron: “Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios.” (Juan 10:33)
Jesús tenía derecho de proclamarse Dios porque en efecto lo era. El punto importante es que cuando un mero hombre se proclama Dios, blasfema.
Juan 10:36-39: “¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: ¿Hijo de Dios soy? 37 Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. 38 Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre. 39 Procuraron otra vez prenderle, pero él se escapó de sus manos.”
Los líderes judíos acusaron a Jesús de blasfemia porque dijo que era ‘hijo de Dios’ (Mateo 26:64; 10:36, 37; Juan 19:7). ¡Todos los judíos profesaban ser ‘hijos de Dios’ en sentido general, pero claramente Jesús no estaba afirmando que era un hijo de Dios sino, en el sentido estricto de la palabra, el representante de Dios en la tierra!
Jesús profesaba ser el portavoz de Dios en la tierra, es decir, el Vicario de Dios! Por eso Jesús podía decir con todo derecho, ‘el que me ha visto a mí ha visto al Padre’ (Juan 14:9) Jesús podía reclamar con todo derecho el título Vicarius Dei,
En las escrituras blasfemia también se define de otra manera. Cuando un mero hombre dice que tiene poder para perdonar pecados está blasfemando.
Cuando Jesús le dijo al paralitico de Capernaúm, ‘tus pecados te son perdonados’ (Marcos 2:5) los líderes religiosos murmuraron diciendo, “Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?” (Marcos 2:7). Los líderes estaban pensando: Si este hombre dice que tiene el derecho de perdonar pecados entonces debe también reclamar la posición de Dios pues solo Dios tiene poder para perdonar pecados.
2 Tesalonicenses 2:3, 4 describe la aparición del anticristo que la Biblia identifica como el hombre de pecado, el hijo de perdición: “Nadie os engañe en ninguna manera; porque [Cristo] no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, 4 el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.”
En estos versículos el apóstol Pablo nos dice que el hombre de pecado se iba a sentar en el templo de Dios haciéndose pasar por Dios. Nuevamente vemos un poder meramente humano que reclama el título y el lugar de Dios.
Más adelante, en este mismo capítulo, el apóstol nos informa que el hombre de pecado también pretende ejercer el poder de Dios, aun falsificando las obras maravillosas que desempeñó Jesús cuando estuvo en la tierra:
2 Tesalonicenses 2:8, 9: “Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida; 9 inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos.”
Hechos 2:22: “Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis.”
En este contexto también es importante recalcar que el cuerno pequeño de Daniel 7 (que simboliza el mismo poder que la bestia de Apocalipsis 13:1-10 y el hombre de pecado de 2 Tesalonicenses 2) tiene una boca que habla ‘grandes palabras contra el Altísimo’ (Daniel 7:25). Apocalipsis 13:5 nos explica que la bestia habla ‘grandes palabras y blasfemias’. Este cuerno pequeño no solo pretende ser Dios, sino que dice tener el poder de Dios hasta el punto de pensar que podía cambiar los tiempos y la ley (Daniel 7:25) así es que, el cuerno pequeño/la bestia usurpa el lugar de Dios y profesa ejercer su poder.
En qué sentido habla el cuerno pequeño/la bestia blasfemias contra el Altísimo? Daniel 8 nos da la respuesta indisputable. Este capítulo (a diferencia de Daniel 7) no nos dice que el cuerno pequeño habla blasfemias contra Dios sino más bien que intenta suplantar al príncipe del ejercito de Jehová, usurpando su lugar (vea Josué 5:14, 15) y quitándole su ministración continua en el santuario celestial (Daniel 8:11). Así es que en Daniel 8 la blasfemia del cuerno pequeño consiste en que usurpa el lugar y las funciones del príncipe del ejército de Jehová y ese príncipe es Jesús.
A la luz de esta evidencia abrumadora podemos concluir que el nombre blasfemo de la bestia debe guardar una relación estrecha con el intento que hace de ocupar el lugar de Dios en la tierra y de ejercer el poder y las prerrogativas que le pertenecen tan solo a Dios.
No cabe duda alguna que el poder que representa el cuerno pequeño, la bestia y el hombre de pecado es el papado católico romano. El cuerno pequeño/la bestia, aparecen en un momento específico en la gran cadena profética. Hay una clara secuencia cronológica de poderes que preceden a la llegada del cuerno pequeño/la bestia al escenario profético. Los reinos de babilonia, medo-Persia, Grecia, roma y roma dividida preceden a la aparición de éste poder en el panorama profético.
Existen numerosas citas a donde escritores católicos romanos han dicho que el papa ocupa el lugar de Dios en la tierra. Daremos tan solo unos pocos ejemplos. La prestigiosa enciclopedia católica, Prompta Biblioteca explica el poder que tiene el papa:
“El papa es de tan grande autoridad y poder que puede modificar, explicar o interpretar aun las leyes divinas. El papa puede modificar la ley divina ya que su poder no es de los hombres sino de Dios y actúa en lugar de Dios sobre la tierra con el mas pleno poder de atar y desatar a sus ovejas.” (Lucius Ferraris, Prompta Bibliotheca, 8 volumes, vol. 2, articulo, ‘Papa’
El Papa Nicolás I (quien ocupó el trono papal desde el año 858 hasta el año 867 DC) afirmó:
“Es evidente que ningún gobierno terrenal puede atar y desatar a los papas, ni aún al apóstol Pedro si regresase a la tierra; ya que Constantino el Grande reconoció que los pontífices ocupan el lugar de Dios en la tierra y ningún hombre puede juzgar a la divinidad. Nosotros, pues, somos infalibles y cualesquiera sean nuestras acciones solo somos responsables por ellas ante nosotros mismos.” Cormenin, History of the Popes, p. 243
El Papa León XIII en una encíclica fechada el 10 de enero de 1890 escribió (‘Sobre los Deberes Principales de los Cristianos como Ciudadanos):
“Pero el maestro supremo de la iglesia es el pontífice romano y por eso, la unión de las mentes requiere, junto con una perfecta armonía de la única fe, la sumisión y la obediencia de la voluntad a la iglesia y al pontífice romano como a Dios mismo.” (Papa Leon XIII, Encyclical Letter, ‘On the Chief Duties of Christians as Citizens’, dated January 10, 1890, trans. in The Great Encyclical Letters of Pope Leo XIII, p. 193
Una vez más el Papa León XIII escribió el 20 junio de 1894:
“Nosotros [los papas] ocupamos en esta tierra el lugar del omnipotente Dios.” (The Great Encyclical Letters of Leo XIII, p. 304)
En repetidas ocasiones diversos escritores católicos se han referido a los papas como vicarios de Cristo, vice-regentes de Cristo y, sí, como vicarios del Hijo de Dios (ofreceremos pruebas más adelante)
La Biblia menciona varias funciones que le pertenecen tan solo a Dios:
Dios mora en la iglesia por medio de Su Espíritu (Efesios 2:19-22)
El representante de Cristo en la tierra es el Espíritu Santo (Juan 14-16)
Dios es nuestro único Padre espiritual (Mateo 23:9)
Solo podemos inclinarnos y arrodillarnos ante Dios (Hechos 10:25, 26)
Dios es el único que puede perdonar pecados (Marcos 2:7)
Dios es el único que es infalible en sus declaraciones (Santiago 1:17)
Dios es el único que tiene derecho de poner y quitar reyes (Daniel 2:21)
Dios es el único que tiene derecho de juzgar y nadie lo puede juzgar a él (Juan 5:22, 27)
Dios es el único que puede pronunciar la sentencia de muerte contra los rebeldes empedernidos (Daniel 7:21)
Dios tiene una ley eterna que no se puede cambiar y Dios estableció el séptimo día sábado como señal de su poder creador (Éxodo 20:8-11)
El papado ha usurpado y reclamado todos estos derechos como suyos, inclusive diciendo que tiene poder para cambiar la ley de Dios. El papado también profesa tener poder para perdonar pecados:
“Cuando Jesucristo ascendió al cielo dejó a sus sacerdotes en la tierra para tomar su lugar como mediadores entre Dios y los hombres. El sacerdote ocupa el lugar del Salvador mismo y cuando dice ‘Ego te absolvo’, en verdad absuelve de pecado.” San Alfonso de Ligorio, Dignity and Duties of the Priest or Selva, p. 34. “Si el Redentor entrara a una iglesia y se sentara en un confesionario para administrar el sacramento de la penitencia, y un sacerdote se sentará en otro confesionario y Jesús le dijera a cada penitente, ‘ego te absolvo’ y el sacerdote le dijera igualmente a cada uno de sus penitentes ‘ego te absolvo’, los penitentes del uno y del otro serían igualmente absueltos.” San Alfonso de Ligorio, Dignity and Duties of the Priest or Selva, p. 28
“De modo que, en cierto sentido, se le puede llamar al sacerdote el creador de su Creador ya que cuando pronuncia las palabras de consagración, crea, por así decirlo, a Jesús en el sacramento dándole una existencia sacramental y ofreciéndolo como víctima al Padre eterno. Así como en la creación bastó que Dios dijera ‘sea hecho y fue hecho—el habló y existió—así mismo basta que el sacerdote diga ‘hoc est corpus meum,’ y he aquí que el pan ya no es pan sino el cuerpo de Cristo. ‘El poder del sacerdote’, según San Bernardino de Siena ‘es el poder de una persona divina pues la transubstanciación del pan requiere tanto poder como la creación del mundo.” San Alfonso de Ligorio, Los Deberes y la Dignidad del Sacerdote o Selva, pp. 33-34.
Un nombre con número
Algunos han sugerido que el nombre de la bestia tiene que ser un nombre propio y no un título como Vicarius Filii Dei. Pero este argumento fracasa pues en Apocalipsis los títulos también se denotan con la palabra ‘nombre’ como podemos ver en el siguiente ejemplo:
Apocalipsis 19:16: “Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SENOR DE SENORES.”
Ya hemos visto que el nombre de la bestia es blasfemo porque profesa ocupar el lugar de Dios y ejercer sus poderes. Ahora veremos que el nombre, además de ser blasfemo, tiene un número:
Apocalipsis 13:17: “y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre.”
La pregunta clave es esta: ¿Cómo logramos sacarle un número a un nombre? La respuesta se encuentra en el hecho que en varios idiomas de la antigüedad los números se escribían con las letras del alfabeto. Esta práctica que se conoce como gematría se usaba en los idiomas hebreo, griego y latín. Esto significa que cuando se les da el valor numérico a las letras del nombre blasfemo de la bestia la suma debe ser 666.
La versión Living Bible captura bien el significado de Apocalipsis 13:18:
“Aquí hay un enigma que exige una reflexión cuidadosa para resolverlo. Aquellos que entiendan, interpreten este código: El valor numérico de las letras de su nombre es 666.”
La versión New English Bible parafrasea Apocalipsis 13:18 en forma similar:
“El número representa el nombre de un hombre y el valor numérico de las letras de su nombre es seiscientos sesenta y seis.”
La versión católica romana Douay le agrega un pie de página a Apocalipsis 13:18 que explica:
“El nombre está compuesto del valor numérico de las letras.”
Es un número humano
Apocalipsis 13:18 nos dice que el número 666 es número de hombre: “Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre y su número es seiscientos sesenta y seis.”
Es importante recalcar que el sustantivo ‘hombre’ no tiene el articulo definido. Esto significa que cualitativamente el sistema representado por la bestia se centra en el hombre. La ausencia del artículo definido indica que el número no es de un individuo en particular sino de un sistema que se centra en el hombre. Es digno de notar que el cuerno pequeño tiene ojos como de hombre y al sistema apóstata de 2 Tesalonicenses 2 se le llama ‘el hombre de pecado’. Ciertamente este es un sistema humano que usurpa el lugar de Dios y se basa en la grandeza y las proezas del hombre.
El idioma del nombre
Surge una pregunta muy importante aquí. ¿En cuál idioma debemos buscar el nombre o título de la bestia? ¿Debemos buscarlo en hebreo, griego, latín o posiblemente en español?
No cabe duda que podemos saber, de la Biblia misma, en cual idioma debemos buscar el nombre y el valor numérico de las letras. ¿Y cuál idioma es ese? La evidencia apunta claramente que debemos buscarlo en el idioma latín.
Tal vez alguien se pregunte por qué hay buscarlo en latín. La razón es sencilla. El libro de Apocalipsis nos dice que el dragón procuró matar a Jesús tan pronto naciera. Aun cuando el dragón representa primero a Satanás (Apocalipsis 12:9), en un sentido derivado representa el reino que Satanás usó para tratar de matar a Cristo (Mateo 2:16; Apocalipsis 12:1-5). Cuando el hijo de la mujer ascendió a Dios y a su trono, el dragón le dio a la bestia que se levantó del mar su ‘poder, trono, y gran autoridad’ (Apocalipsis 13:2). Así es que la bestia debe ser romana. El idioma oficial del imperio romano era el latín y el idioma oficial del papado es el mismo.
Alguno se preguntará si los romanos usaban el idioma latín en los tiempos de Jesús. La respuesta es que sí y la Biblia lo confirma.
Juan 19:20: “Y muchos de los judíos leyeron este título; porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad, y el título estaba escrito en hebreo, en griego y en latín.”
No es coincidencia que el nombre oficial de la iglesia católica es iglesia católica apostólica romana.
Siendo que la bestia representa al papado católico romano debemos buscar entonces el nombre blasfemo en el idioma oficial del papado que es el latín. ¡Y si el nombre está en latín entonces debemos buscar el valor numérico de las letras también en el idioma latín! En cortas cuentas, tanto el nombre como el valor numérico de las letras del nombre se deben buscar en el idioma latín.
Resumamos lo que hemos estudiado hasta este punto:
El nombre de la bestia debe ser blasfemo. Es decir, debe apuntar a un sistema que profesa ocupar el lugar de Dios en la tierra y ejercer los poderes divinos.
El nombre hay que buscarlo en el idioma latín.
El valor numérico de las letras del nombre hay que buscarlo también en latín.
El nombre debe quitar los ojos del Dios verdadero para fijarlos en el hombre.
Hay un nombre que cuadra perfectamente con cada uno de estos requisitos, Vicarius Filii Dei.
Es digno de notar que los poetas latinos originalmente establecieron un sistema de numeración que rompió con la costumbre de otras naciones antiguas. En vez de darle un valor numérico a cada letra del alfabeto, los romanos escogieran tan solo 6 letras del alfabeto para representar todos los números. Las letras son I, V, X, L, C y D (la ‘M’ no formaba parte del sistema numérico original pues el número mil se escribía poniendo dos ‘D’s’ lado a lado. Es significativo que cuando sumamos los seis números romanos el total es 666. Esto sugiere fuertemente que se debe buscar la solución al enigma del número 666 en Roma.
I = 1
V = 5
X =10
L =50
C =100
D =500
666
El nombre en las publicaciones oficiales
Ahora debemos responder dos preguntas adicionales. ¿Ha designado la iglesia católica romana en sus publicaciones oficialmente al papa con el nombre Vicarius Filii Dei o será esto un invento de los protestantes? ¿Además, se encontraba éste nombre alguna vez en la tiara o la mitra de los papas?
Respondamos a la primera pregunta. Por lo menos diez papas durante el curso de 600 años usaron la Donación de Constantino para justificar el supuesto derecho que tenían al poder temporal. La Donación le atribuye al papa el nombre Vicarius Filii Dei. Incluimos aquí el original como aparece en latín: “In eo privilegio ita inter cetera legitur: “Utile iudicavimus una cum omnibus satrapis nostris, et universo senatu optimatibusque meis, etiam et cuncto populo Romanae gloriae imperio subiacenti, ut sicut B. Petrus in terris vicarius Filii Dei esse videtur constitutus, ita et Pontifices, qui ipsius principis apostolorum gerunt vices, principatus potestatem amplius quam terrena imperialis nostrae serenitatis mansuetudo habere videtur, concessam a nobis nostroque imperio obtineant, eligentes nobis ipsum principem apostolorum vel eius vicarios firmos apud Deum esse patronos.”
La Donación es una supuesta carta escrita por Constantino al papa Silvestre I. La carta le concede poderes temporales al papa. Se sabe a ciencia cierta que la Donación ya se conocía en el siglo noveno, aunque los papas comenzaron a usarla en el siglo once para justificar las extravagantes pretensiones del papado al poder temporal.
La autenticidad de la Donación se cuestionó por primera vez en el siglo quince con el advenimiento de la crítica histórica. Nicolás de Cusa dudaba seriamente de la autenticidad de la Donación y en el año 1450 DC la obra erudita de Laurencio Valla comprobó sin lugar a dudas que era una falsificación fraudulenta. Sobra decir que el Vaticano no apreció la obra de Valla y por lo tanto la oficina de la inquisición puso la obra en el índice de libros prohibidos en el año 1559.
Los apologistas católicos romanos subestiman el uso del nombre Vicarius Filii Dei en la Donación, afirmando lo que es obvio, y es que la Donación era una falsificación y por lo tanto no se puede usar como documento oficial y autorizado por la iglesia católico romana.
Aun cuando es cierto que la Donación era una falsificación fraudulenta que se escribió muchos siglos después de Constantino, también es cierto que por lo menos diez papas en el curso de 600 años lo usaron como documento oficial de la iglesia para defender el supuesto derecho que tenía el papado al poder temporal. Si los papas lo usaron a sabiendas que era un documento fraudulento entonces eran culpables de engaño. Y si no sabían que era un documento espurio, ¿qué dice esto de sus pretensiones a la infalibilidad?
Es significativo que los Decretos de Graciano (publicados en al año 1140 y estimados como auténticos y oficiales por la iglesia católica) incorporaron el título papal que se encontraba en la Donación de Constantino:
“Beatus Petrus in terris uicarious Filii Dei esse uidetur constitutus.” (Aemilius Friedberg, Corpus Iuris Canonici, columna 342)
En el año 1862 el Cardenal Edward Manning incorporó el título o nombre (‘Vicario del Hijo de Dios’) en su libro, The Temporal Power of the Vicar of Jesús Christ. En su primera mención del nombre, Manning acusa a las naciones de Europa de haber abandonado al papa al no defender su derecho al poder temporal.
“Ved a ésta iglesia católica, ésta iglesia de Dios, frágil y débil, rechazada aun por las naciones que se dicen católicas. Allí vemos a la Francia católica, a la Alemania católica y la Italia católica rechazando la idea del poder temporal del vicario de Jesucristo. Y como la iglesia parece ser débil y el vicario del hijo de Dios repite sobre la tierra la pasión de su maestro, nos escandalizamos y escondemos de él, el rostro.” (The Temporal Power of the Vicar of Jesus Christ, pp. 140, 141
Después de mencionar el creciente poder temporal del papado durante los pontificados de Gregorio I, León III, Gregorio VII and Alejandro III Manning se refirió al poder temporal del papa como ‘un dogma’, ‘una ley de la conciencia’, ‘un axioma de la razón’, y una ‘certeza teológica’.
“De modo que les puedo decir que, a pesar del ataque presente, nunca hubo un tiempo en que el poder temporal del Vicario del Hijo de Dios, estuvo más firmemente arraigado en toda la unidad de la iglesia católica y en las convicciones de sus miembros. . .” (p. 231)
Manning explicó por qué las naciones católicas de Europa disfrutaban de estabilidad en el pasado, pero estaban en desorden en los días cuando escribió:
“[en el pasado] era una obediencia digna inclinarse ante el Vicario del Hijo de Dios y remitir el arbitraje de sus disputas a aquel a quien todos habían consentido a obedecer.” (p. 232)
Lucii Ferraris en su prestigiosa enciclopedia, Prompta Bibliotheca, le aplicó al papa el título Vicarius Filii Dei (edición de 1890 tomo 6, p. 43, columna 2)
Juan Pablo II en su best seller Cruzando el Umbral de la Esperanza, p. 3, explicó de dónde y por qué los papas poseen poderes extraordinarios:
“La fe define al líder de la Iglesia Católica como Vicario de Jesucristo (y los creyentes así lo aceptan). Al papa se le considera el hombre en la tierra que representa al Hijo de Dios y quien ocupa el lugar de la Segunda Persona del omnipotente Dios de la Trinidad.”
Note que Juan Pablo II no solo afirmó que el papa es el vicario de Cristo quien ‘representa al Hijo de Dios’ sino que escribió también que ‘ocupa el lugar de’ la segunda persona del omnipotente Dios de la Trinidad. La expresión ‘ocupa el lugar de’ es exactamente equivalente a la palabra ‘vicario’.
Johannes Quasten quien fuera profesor de la Universidad Pontificia en Roma y uno de los más renombrados expertos en los escritos de la patrística en cierta ocasión afirmó:
El título Vicarius Christi al igual que el título Vicarius Filii Dei son títulos muy comunes del papa.”
¿Se encuentra el nombre en la tiara?
Pero aún nos queda pendiente la segunda pregunta: ¿Está inscrita en el presente el título Vicarius Filii Dei en la mitra o la tiara papal? Antes de responder a esta pregunta quiero traer a colación una cita que nos explica cómo el papado expugnó muchos registros históricos:
“La política de Roma consistió en hacer desaparecer toda huella de oposición a sus doctrinas y decretos. Trató de destruir todo lo que era herético, bien se tratase de personas o de escritos. Las simples expresiones de duda u objeciones acerca de la autoridad de los dogmas papales bastaban para quitarle la vida al rico o al pobre, al poderoso o al humilde. Igualmente se esforzó Roma en destruir todo lo que denunciase su crueldad contra los disidentes. Los concilios papales decretaron que los libros o escritos que hablasen sobre el particular fuesen quemados.” El Conflicto de los Siglos, p. 66
Hay evidencia, aun en fuentes católicas, que en el pasado el título se encontraba en la tiara o la mitra. El 15 de noviembre de 1914 apareció en la publicación Our Sunday Visitor (el órgano oficial de la diócesis de Baltimore) la siguiente pregunta enviada la oficina de información:
¿Es verdad que las palabras de Apocalipsis 13:18 se refieren al papa? “
La respuesta fue la siguiente: “Las palabras a las que se refiere son éstas, ‘Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre y su número es seiscientos sesenta y seis.’ El título del papa en Roma es Vicarius Filii Dei. Esta inscripción está en su mitra y si usted toma las letras de este título, les asigna números latinos y los suma, el resultado es 666.”
La edición de abril 18, de 1915 de la misma revista reiteró lo mismo. La pregunta fue:
¿Cuáles son las letras que supuestamente se encuentran en la corona del papa y qué significan, si es que tienen significado?
La respuesta fue explícita:
“Las palabras que están escritas en la mitra papal son éstas, Vicarius Filii Dei que en latín significa Vicario del Hijo de Dios. Los católicos sostienen que la iglesia que es una sociedad visible debe tener también una cabeza visible. Cristo, antes de ascender al cielo, designó a San Pedro para actuar como su representante. Después de la muerte de Pedro el hombre que lo sucedió en su cargo como Obispo de Roma se reconocía como cabeza de la iglesia. Así es que, al Obispo de Roma, como cabeza de la iglesia, se le concedió el título, ‘Vicario de Cristo’.”
El apologista católico Patrick Madrid se puso en contacto con Robert Lockwood, el editor de Our Sunday Visitor para pedirle una copia del ejemplar del 18 de abril y Lockwood le dijo que la revista entera había sido eliminada de los archivos (aun cuando yo personalmente tengo copia de la columna a donde aparece la pregunta y la respuesta). Esta es una admisión extraordinaria. Según parece el papado aun procura borrar los registros históricos que lo incriminan.
En la edición de septiembre 16, 1917 (repetido en la edición de agosto 3, 1941) Our Sunday Visitor desmintió lo que había publicado antes:
“Las palabras Vicarius Filii Dei no son el nombre del papa, ni siquiera son su título oficial.”
La pregunta que debemos hacernos es esta: ¿Cuál de las dos versiones es la más fidedigna? ¿Podemos en realidad confiar en las palabras de una organización que se ha especializado en el engaño por tantos siglos?
El número 666 y Elena White
El apologista Madrid sugirió que el número 666 se le puede aplicar también a Elena White. Lo hace de la siguiente manera: Si tomamos el nombre Ellen Gould White y le aplicamos números romanos a las letras en inglés el total es 666:
E (0) l (50) l (50) e (0) n (0) = 100
G (0) o (0) u (5) l (50) d (500) = 555
W (5+5) h (0) i (1) t (0) e (0) = 11
666
Pero la interpretación de Madrid tiene fallas garrafales. En primer lugar, hay que hacer un poco de trampa pues tiene que convertir la “W’ en dos ‘V’. Esta práctica se desconoce en el sistema numérico romano. ¡La “W” ni siquiera existe en latín!
En segundo lugar, el nombre Ellen Gould Harmon no es blasfemo en ningún sentido de la palabra.
En tercer lugar, no se justifica usar la numerología romana con un nombre anglosajón. Si el nombre de Elena White estuviera en latín entonces sería justificable aplicarle el sistema numérico en latín.
En cuarto lugar, la hermana White después de casarse nunca usaba el nombre Ellen Gould White. Siempre se refería a sí misma como Ellen White.
Finalmente, y más importante es que debemos recordar que el número 666 es el número de la bestia y la bestia tiene varias características. Elena White no cuadra con ninguna de las características de la bestia. Ella se levantó en los Estados Unidos, no en Roma. Ella no desarraigó a tres de los diez reinos de Europa. Ella no pensó en cambiar la ley de Dios (más bien la defendía a capa y espada). Ella nunca persiguió a los santos del altísimo. Ella no habló blasfemias contra el Altísimo ni pretendió ocupar el lugar de Dios en la tierra. Ella no reinó por 1260 años (¡vivió una larga vida, pero no tanto!). Ella no ejerció dominio sobre toda nación, tribu, lengua y pueblo ni recibió una herida mortal con la espada que fue sanada para maravillarse luego todo el mundo en pos de ella. Aun si aceptáramos que el nombre Ellen Gould White suma 666 éste sería tan solo un detalle que identifica a la bestia y ninguna de las otras características le cuadran.
Una vez mientras hablaba con un enemigo de la hermana White me dijo: “¡Sí, pero Elena White recibió una herida mortal cuando una compañera le pegó en la cara con una piedra y aunque los médicos les dijeron a los padres que no sobreviviría, se sanó de su herida!
Quede pasmado al oír a este individuo usar un argumento tan inverosímil y falto de lógica. Hay dos problemas con el argumento de este enemigo de Elena White. En primer lugar, Elena White fue herida al principio de su vida mientras era niña y en contraste la bestia fue herida ya cuando había existido por 1260 años. ¡En segundo lugar, la bestia fue herida con la espada y la hermana White con una piedra!
Se han sugerido otros nombres o títulos para explicar el significado del número 666. Entre ellos están los siguientes:
Dux Cleri (jefe del clero)
Lateinos (hombre latino)
Ludovicus (jefe de la corte de Roma)
El problema con todas estas sugerencias es que ninguno de estos nombres es blasfemo. Pero sí hay un nombre que ha sido oficialmente asumido por los papas que sin lugar a dudas es blasfemo, Vicarius Filii Dei. Cuando Jesús se fue al cielo dejó como su representante al Espíritu Santo, no al papa: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: 17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. 18 No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.” (Juan 14:16-18).
Jesús dejó muy en claro que el líder visible de la iglesia estaría en el cielo (Jesús) y el líder invisible ocuparía su lugar en la tierra (el Espíritu Santo). El papado le ha dado un vuelco a esto pues pone al representante invisible en el cielo y el visible en la tierra. De este modo los papas no solo usurpan el lugar de Cristo sino también del Espíritu Santo. ¡Esto es blasfemia del más alto grado!
Es sorprendente que la palabra griega antichristós tiene el mismo significado básico que la expresión Vicarius Filii Dei. La vasta mayoría de las personas piensan que la palabra anticristo significa ‘uno que se opone a Cristo’. Aun cuando es verdad que la preposición griega antí puede significar ‘contra’, también es cierto que puede significar ‘en lugar de’ o ‘en vez de’.
En el griego clásico la palabra antibasileús significa ‘uno que ocupa el lugar del rey.’ En el nuevo testamento el nombre de Herodes Antípas significa ‘el que gobierna en lugar de su padre’. (Apocalipsis 2:13). La palabra antitipo significa ‘aquello que toma el lugar del tipo’. 1 Timoteo 2:6 nos dice que Cristo vino a dar su vida ‘en lugar de muchos’. De modo que la expresión Vicarius Filii Dei y la palabra anticristo tienen mucho en común.
Aun cuando estoy en desacuerdo con la interpretación futurista del anticristo que sostenía Dave Hunt, creo que ha dado una descripción fidedigna de cómo será el carácter del anticristo. No será un personaje que se opone abiertamente a Cristo sino uno que se opone a Cristo por querer suplantarlo:
“Mientras que el prefijo ‘anti’ generalmente significa ‘contra’ u ‘opuesto a’, también puede significar ‘en lugar de’ o ‘un sustituto de’. El anticristo reunirá en sí mismo ambos significados. Se opondrá a Cristo al mismo tiempo que profesa ser Cristo. En vez de lanzar un ataque frontal contra el cristianismo, el malvado pervertirá a la iglesia desde adentro profesando ser su fundador. Con sagacidad representara mal a Cristo profesando ser Cristo. Y aquí es donde el panorama se complica. Si el anticristo pretenderá ser Cristo entonces sus seguidores deben ser cristianos.” Dave Hunt, Global Peace, p. 7-8.
Según la evidencia que hemos analizado, no sería irrazonable creer que el título Vicarius Filii Dei es la llave que resuelve el enigma del número 666. Hemos visto que este título ha sido usado por papas y teólogos católicos. Aun cuando no hay forma de comprobar con absoluta certeza que el título estuvo alguna vez en la tiara o la corona papal (aunque hay testigos oculares que dicen que lo vieron con sus propios ojos) estoy de acuerdo con lo que dice al Comentario Bíblico Adventista:
“No viene al caso que la inscripción Vicarius Filii Dei se encuentre en la tiara o la mitra. Lo cierto es que el título se le ha aplicado al papa, y esto es suficiente para cumplir los propósitos de este pasaje.” The Seventh-day Adventist Bible Commentary, tomo 7, pp. 823, 824.
