Resurse Spaniolă

20. JUNTANDO TODO EL PANORAMA

Sinopsis y resumen de los siete sellos


Los sellos son una descripción de la historia religiosa, no secular. Delinean una sucesión de eventos históricos desde la inauguración de Jesús como sacerdote y rey del reino de la gracia en el lugar santo, hasta la consumación cuando tome posesión de todos los reinos del mundo. Los sellos delinean una secuencia de eventos entre la inauguración y la consumación. Los sellos no describen eventos históricos singulares, aislados y desconectados uno del otro. Son más bien una descripción secuencial e interconectada de la estrategia de Satanás para tomar el dominio total del mundo.
Por el otro lado, Cristo usa a su iglesia, llena del Espíritu Santo, para ganar la victoria en la lucha por el dominio del mundo. Elena White describió esta batalla empleando la metáfora de la construcción del templo espiritual de Dios en el mundo (vea el capítulo ‘La Iglesia Triunfante’ en Hechos de los Apóstoles, 474-481)
Primer sello (el caballo blanco): La iglesia apostólica sale ‘venciendo para vencer’. Miles de personas abandonan el paganismo y se unen a la causa cristiana.

Segundo sello (el caballo rojo): Las conquistas del territorio enemigo por la iglesia apostólica enfurecen a Satanás quien influye sobre los emperadores romanos para que persigan y maten a los cristianos.
Tercer sello (el caballo negro): La persecución bajo el segundo sello hace que la iglesia crezca aún más, de modo que Satanás cambia su estrategia. Introduce a la iglesia en la época de Constantino, creencias y prácticas tenebrosas.
Cuarto sello (caballo pálido): El resultado de la apostasía de la iglesia durante el tercer sello, trae el hambre, la pestilencia, la espada y las fieras durante el periodo de dominio papal. Millones de fieles sufren martirio a manos del papado.
Primera etapa del quinto sello: Durante la primera parte del quinto sello, los mártires que el papado mató durante la primera etapa de su dominio (durante los 1260 años), clamaron para que Dios juzgara su caso y vengara su sangre. Dios les respondió asignándoles mantos blancos e instándolos a reposar un poco de tiempo hasta que se completara el grupo de mártires que iban a morir en el futuro.
Segunda etapa del quinto sello: Al papado se le va a sanar la herida mortal y volverá a perseguir como lo hizo en el pasado. Durante un corto tiempo de angustia justo antes del cierre de la gracia, muchos fieles serán martirizados por su fe (Apocalipsis 20:4) y se unirán a los mártires del pasado para clamar a Dios para que juzgue sus casos y vengue su sangre. A estos también Dios les asignará mantos blancos y les dirá que reposen hasta que el último mártir muera. Cuando Dios haya ‘juzgado’ a los dos grupos de mártires y a los fieles que están vivos, se cerrará la puerta de la gracia y comenzará el tiempo de angustia final.
Así es que el quinto sello tiene dos etapas, el clamor de los mártires del pasado y el clamor de los mártires del futuro.
Primera etapa del sexto sello: La primera etapa del sexto sello tiene relación directa con la primera etapa del quinto sello. Al acercarse el fin de la tribulación de los 1260 años y el papado estaba a punto de recibir su herida mortal, Dios anunció con el terremoto de Lisboa y la señales en el sol, la luna y las estrellas que iba a comenzar el proceso de ‘juzgar’. Así es que las señales en la primera parte del sexto sello anuncian que está por llegar el momento en que Dios pronunciará un juicio en favor de los mártires y en contra de sus opresores.
A partir de 1844 Dios primero juzga los casos de los mártires del pasado y luego los del futuro. Finalmente sella a los 144,000 que pasarán vivos por la gran tribulación final.
En un corto tiempo de angustia, habrá una gran lucha final por el dominio del mundo. Un grupo aun mayor de mártires perderán sus vidas por la Palabra de Dios y el testimonio de ellos. Apocalipsis 12, 13; 14:18-20; 16:4-7; 17:6; 18:20, 24; 19:2 describe esta guerra. El quinto sello es la bisagra que une las persecuciones del pasado con las del futuro.
Debemos entender los dos periodos de mártires en el contexto de los dos periodos de dominio papal. Entre estos dos periodos de persecución está en vigencia la herida mortal (Apocalipsis 13:3). Esta misma perspectiva la presenta Daniel 11 donde las persecuciones de los versículos 30-39 se repetirán en los versículos 40-45.
El quinto sello indica que los eventos históricos de los primeros cuatro sellos se repetirán y acentuarán a nivel global. No es que los primeros cuatro sellos tendrán un doble cumplimiento, sino que los eventos históricos ocurrirán en forma similar. Si las injusticias de los primeros cuatro sellos en la historia de la iglesia llevaron a los mártires a clamar bajo el quinto sello, entonces esperaríamos también que el clamor de los mártires del futuro sean el resultado de injusticias similares a las que se cometieron en los primeros cuatro sellos. Aún más, así como el cuerno pequeño intentó cambiar la ley durante los 1260 años, la bestia impondrá la observancia del domingo so pena de muerte en el futuro.
El futuro se perfila más o menos de la siguiente manera:
El pueblo de Dios recibirá el poder del Espíritu Santo en la lluvia tardía, así como los discípulos recibieron la lluvia temprana en el día del Pentecostés. La iglesia saldrá con poder para predicar la luz y verdad de la Palabra de Dios, venciendo y para vencer (el caballo blanco; PR 725).
Esto despertará la persecución (el caballo rojo). Las doctrinas de las tinieblas y la superstición (caballo negro) anegarán a las iglesias apóstatas (Apocalipsis 18:2, 3) y el resultado será el hambre, la pestilencia, la espada y las fieras.
Durante el corto tiempo de angustia se completará el último grupo de mártires (el caballo pálido). Este segundo grupo de mártires se menciona en Apocalipsis 6:9-11. Cuando los mártires del pasado murieron, parecía que los enemigos de Cristo habían triunfado (Hechos de los Apóstoles, p. 464) y la sangre de los mártires clamaba para que Dios juzgara y vengara su caso.
Al final de la historia el segundo grupo de mártires (la segunda parte del sexto sello) clamará de nuevo desde sus sepulcros para que se los vindique. Nuevamente parecerá que el Satanás está por tomar dominio de todo el mundo y que las voces disidentes y represoras serán silenciadas para siempre. Si Satanás pudiera borrar de la existencia a los fieles su triunfo sería completo (El Conflicto de los Siglos, p. 618). La batalla arderá. En un lado está el remanente de Dios y en el otro el dragón, la bestia y el falso profeta.
Finalmente, Jesús y los ejércitos celestiales tomarán el campo de batalla, y Jesús vindicará a los santos y tomará dominio del mundo. Jesús cabalgará como un poderoso vencedor. Habrá un terremoto global y señales en el sol, la luna y las estrellas (segunda parte del sexto sello) para anunciar la venida del Rey. Viene como Rey de reyes y Señor de señores, como el León de la tribu de Judá y el Hijo del Hombre. Al descender del cielo los fieles exclaman, ‘¿quién podrá estar firme’? seguido por un periodo de terrible silencio (el séptimo sello). Se oye la voz de Jesús diciendo ‘bastaos mi gracia’.
Así es que las escenas finales de la historia repetirán los principios generales de los siete sellos. Hay muchos en la iglesia que critican a la hermana White por lo que dice de las señales de 1755, 1780 y 1833. Desafortunadamente no han estudiado cuidadosamente lo que escribió la sierva del Señor sobre el sexto sello. Han leído superficialmente sus comentarios. No han tomado en cuenta el orden de las señales ni el marco histórico en que ocurrieron. La perspectiva que hemos estudiado vindica totalmente la perspectiva del Espíritu de Profecía.
Apocalipsis 19 y los siete sellos
El caballo blanco:
Jesús monta sobre un caballo blanco ‘venciendo y para vencer’ (Apocalipsis 19:11) pues ha subyugado a sus enemigos y librado a su pueblo:
“Jesús marcha al frente como un poderoso conquistador. Ya no es “varón de dolores” [como el Cordero inmolado], que haya de beber el amargo cáliz de la ignominia y de la maldición; victorioso en el cielo y en la tierra, viene a juzgar a vivos y muertos [como el León]. Ya no estropea su sagrada sien una corona de espinas, sino que la adorna una diadema gloriosa.” El Conflicto de los Siglos, p. 624
El stephanos (la corona del vencedor) de Apocalipsis 6:2 se ha convertido en la diademata (la corona del rey) del capítulo 19.
El caballo rojo:
Cuando Cristo viene en el caballo blanco, sale de su boca una espada aguda de dos filos. La espada quita la paz de la tierra y como resultado hay guerra y derramamiento de sangre:
“Las espadas que debían servir para destruir al pueblo de Dios se emplean ahora para matar a sus enemigos. Por todas partes hay luchas y derramamiento de sangre.” (El Conflicto de los Siglos, p. 637; Apocalipsis 19:11, 15, 21)
El caballo negro:
En el momento de la quinta plaga cae una negra oscuridad sobrenatural que envuelve a la tierra (Apocalipsis 16:10). Elena White describió esta oscuridad de la siguiente manera: ‘una densa negrura, más profunda que la oscuridad de la noche’ (El Conflicto de los Siglos, p. 693).

El caballo amarillo:
La palabra de Dios ahora destruye a los opresores de los fieles (19:13-15). El pueblo de Dios murió por causa de la palabra de Dios y ahora la Palabra de Dios en persona destruye a sus opresores. Dios venga la sangre de su pueblo, castigando a la gran ramera (Apocalipsis 19:1, 2; 20:4-6).
El clamor de los mártires (quinto sello):
Cuando Jesús venga el número de los mártires está completo. Dios exoneró a sus fieles en el juicio investigador celestial y pronunció sentencia en su favor. El mismo juicio pronunció sentencia contra la gran ramera que los mató. Cuando Jesús venga las dos etapas del clamor de los mártires estarán completas. Dios habrá juzgado la causa de sus fieles y condenado a la ramera en el juicio celestial. En su venida, Jesús resucitará a los mártires y vengará su sangre a manos de la gran ramera que los oprimió y mató (Apocalipsis 19:1, 2). Los mártires salen de los sepulcros y su vindicación esta completa. Hasta este punto reposaban de sus labores hasta que el número de los mártires de completara (Apocalipsis 14:13). Después de resucitar, los mártires servirán como jueces contra sus opresores (Apocalipsis 20:4-6).
Señales en tierra y cielo (el sexto sello):
Cuando Cristo venga habrá señales en el sol, la luna y las estrellas (Joel 2:10; Isaías 13:9, 10; Mateo 24:29, 30; El Conflicto de los Siglos, pp. 620, 625; Primeros Escritos, p. 41). también habrá un terremoto global (El Conflicto de los Siglos, pp. 620, 621; Apocalipsis 6:17). Todas estas señales se cumplieron de una forma limitada durante la primera etapa del sexto sello. Durante la segunda etapa del sexto sello Dios revelará los resultados del juicio celestial. Salva a los mártires justos y condena a sus malvados opresores. Dios ha juzgado y vengado. Apocalipsis 19:11 explica que Jesús viene para juzgar y vengar. Viene para ejecutar el juicio contra los impíos por lo que han hecho con su pueblo. Ahora se les vuelcan las cosas a los impíos. Dios revoca los veredictos de los tribunales terrenales. El Cordero ahora se convierte en León.
Cuando Juan vio inicialmente a Jesús en Apocalipsis 5, lo vio como Cordero, pero cuando Jesús tome posesión del reino es un León. Así es que Apocalipsis 6 es el periodo entre el Cordero y el León. Apocalipsis 6:16, 17 describe el momento en que el Cordero rugirá como León. ¿Ha visto usted alguna vez un cordero que ruge? Jeremías 25:30-38 presenta un cuadro vívido del momento en que el Cordero rugirá como León (especialmente el versículo 38 a donde dice que el Señor rugirá).
El séptimo sello:
Jesús desciende del cielo y los justos hacen la pregunta, ‘quien podrá estar firme?’ Le sigue a la pregunta un periodo de terrible silencio. Esta es la media hora de silencio del séptimo sello. Los impíos luego formulan la misma pregunta mientras se esconden en las cuevas y ruegan que las rocas caigan sobre ellos.
Entonces Jesús lleva a su pueblo al cielo (Conflicto de los Siglos, pp. 705-710) y les concede las insignias de su estado real (la corona gloriosa y el arpa esplendorosa (Conflicto de los Siglos, p. 703; Apocalipsis. 7:9; 2:10; 2 Timoteo 4:7, 8; Apocalipsis 14:2; 15:2; Conflicto de los Siglos, pp. 706-707)
En el siguiente pasaje Elena White presenta a secuencia de eventos que ocurren durante el sexto y séptimo sello con el respectivo apoyo bíblico en corchetes:
“Los 144.000 estaban todos sellados y perfectamente unidos. Sobre sus frentes aparecían las palabras: Dios, Nueva Jerusalén y una gloriosa estrella con el nuevo nombre de Jesús [Apocalipsis 3:12]. Los malvados se enfurecieron al contemplar esta gozosa y santa condición y se aproximaron con violencia para apoderarse de nosotros y arrojarnos en la prisión; pero nosotros extendíamos la mano en el nombre del Señor y ellos caían postrados en tierra. En ese momento la sinagoga de Satanás supo que Dios nos amaba a quienes podíamos lavarnos los pies unos a otros y saludar a los hermanos con ósculo sagrado; y adoraron a Dios a nuestros pies [Apocalipsis 3:9].
Pronto nuestra vista fue atraída hacia el oriente, donde había aparecido una pequeña nube negra, de la mitad del tamaño de la mano de un hombre, la que todos sabíamos era la señal del Hijo del hombre [Mateo 24:30]. Contemplamos la nube en solemne silencio mientras ésta se aproximaba y se tornaba de color más claro, y cada vez aparecía más gloriosa, hasta que se convirtió en una gran nube blanca [Apocalipsis 14:14]. La parte inferior parecía de fuego; por encima de ella se veía un arco iris y a su alrededor había diez mil ángeles que entonaban un hermosísimo himno; y sobre la nube se encontraba sentado el Hijo del hombre [Lucas 21:27]. Su cabello blanco y rizado le caía sobre los hombros [Apocalipsis 1:14] y en la cabeza llevaba numerosas coronas [Apocalipsis 19:12.]. Sus pies tenían la apariencia de fuego [Apocalipsis 1:15]; en la mano derecha sostenía una hoz aguda [Apocalipsis 14:14] y en la izquierda, una trompeta de plata [1 Tesalonicenses 4:16.]. Sus ojos eran como llama de fuego que escudriñaban a sus hijos [Apocalipsis 1:14].
Todos los rostros se pusieron pálidos, y los rostros de quienes Dios había rechazado se pusieron sombríos. Entonces todos exclamamos: “¿Quién podrá permanecer en pie? ¿Tengo yo mi vestido inmaculado?” Los ángeles dejaron de cantar y se produjo un momento de terrible silencio [Apocalipsis 8:1] mientras Jesús hablaba: “Los que tengan manos limpias y corazones puros podrán permanecer firmes; mi gracia es suficiente para vosotros”. Después de eso nuestros rostros se iluminaron y nuestros corazones se llenaron de gozo. Los ángeles volvieron a cantar con júbilo mientras la nube se aproximaba aún más a la tierra. Luego resonó la trompeta de plata de Jesús mientras descendía en la nube rodeado de llamas de fuego [2 Tesalonicenses 1:7, 8]. Contempló las tumbas de los santos que dormían, y luego elevó su vista y sus manos hacia el cielo y exclamó [Juan 5:25]: “¡Despertaos! ¡Despertaos, vosotros que dormís en el polvo, y levantaos!” A continuación, se produjo un terrible terremoto. Las tumbas se abrieron y los muertos salieron vestidos de inmortalidad. Los 144.000 exclamaron: “¡Aleluya!” al reconocer a sus amigos que habían sido arrancados de su lado por la muerte, y en ese mismo momento fuimos transformados y nos unimos con ellos para recibir al Señor en el aire [1 Tesalonicenses 4:17].
Entramos todos juntos en la nube y pasamos siete días subiendo hasta llegar al mar de vidrio. Jesús trajo las coronas y con su propia mano las colocó sobre nuestras cabezas [2 Esdras 2:43]. Nos dio arpas de oro y palmas de victoria [Apocalipsis. 15:2; 7:9].” Originalmente en, A Word to the Little Flock pp. 14, 15; y republicado en Testimonios para la Iglesia, tomo 1, pp. 61, 62

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