Resurse Spaniolă

6. LOS DOS REPRESENTANTES DE LA HUMANIDAD


Repaso de la presentación anterior:
 Cuando Dios creó este mundo las estrellas del alba y los hijos de Dios alabaron y se regocijaron.
 Hay vida en otros planetas y cada planeta tiene un embajador o representante.
 Job 1, 2 describe dos reuniones celestiales a donde se reunieron los hijos de Dios, quienes son los representantes de los mundos que nunca pecaron.
 Dios tiene un concilio celestial a donde se toman decisiones en cuanto a la administración del universo.
 La hermana White se refiere a estos embajadores como ‘los ángeles más elevados’ y ‘ángeles fuertes’.
 Satanás hizo acto de presencia en esas reuniones porque había usurpado la posición y el territorio de Adán como rey y representante de la tierra.
El plan de Dios para la raza humana:
 En este mundo, Dios creó una clase de seres nueva y distinta con un propósito especial.
 La clase nueva y distinta tenía la capacidad de procrearse (Génesis 1:26, 27).
 Según el plan de Dios, después que Adán y Eva pasaran la prueba. . .
 Serían iguales a los ángeles, hijos de Dios.
 Llenarían las vacantes que dejaron Satanás y sus ángeles cuando fueron expulsados del cielo
Características del Representante Original
Adán fue creado por Dios “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. 27 Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”
Adán era ‘hijo de Dios’
Lucas 3:38: Los ‘ángeles fuertes’ llevan el nombre ‘hijos de Dios’. Asimismo, a Adán se le llamó ‘hijo de Dios’ cuando fue creado. Al final de la genealogía de Cristo nos dice que Enós era ‘hijo de Set, el hijo de Adán, el hijo de Dios’.
Elena White confirma el estatus de Adán como hijo de Dios:
“La genealogía de nuestro linaje, como nos ha sido revelada, no hace remontar su origen a una serie de gérmenes, moluscos o cuadrúpedos, sino al gran Creador. Aunque Adán fue formado del polvo, él era el ‘hijo de Dios.’ Adán fue colocado como representante de Dios para gobernar sobre los órdenes de seres inferiores.” Patriarcas y Profetas, p. 45

Conclusión:
El ‘hijo de Dios’ quien representaba y gobernaba al planeta fue originalmente Adán. Pero Adán era hijo de Dios en un sentido único, especial y diferente que nosotros. Él era hijo de Dios por creación y nosotros somos hijos de Dios por procreación. Por así decirlo, nosotros somos hijos del hijo (de Adán) del Hijo de Dios (de Jesús).
Adán fue coronado rey en la creación
El Salmo 8 nos informa que, en la creación, Dios coronó a Adán como rey y le dio un territorio sobre el cual gobernar—la tierra (vea también Génesis 1:26-28):
Salmo 8:3-8: “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, 4 Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites? 5 Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste [los reyes llevan coronas] de gloria y de honra. 6 Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies: 7 Ovejas y bueyes, todo ello, y asimismo las bestias del campo, 8 Las aves de los cielos y los peces del mar; todo cuanto pasa por los senderos del mar.”
Nota: Cuando la Biblia emplea la expresión, ‘bestias del campo, aves de los cielos y peces del mar’ se refiere al planeta en su totalidad—cielo, tierra y mar. Así es que el salmista está afirmando que el planeta entero estaba bajo el dominio de Adán como su rey.
Elena White amplia este concepto:
“Adán fue coronado rey en el Edén. Se le dio dominio sobre toda cosa viva que Dios había creado. El Señor bendijo a Adán y a Eva con una inteligencia que no le había dado a ninguna otra criatura. Dios colocó a Adán como el legítimo soberano sobre todas las obras de sus manos.” Confrontación, pp. 10, 11 (Elena G. de White, Review and Herald, febrero 24, 1874
Los mantos blancos de Adán y Eva
Génesis 2:25 Cuando Dios creó a Adán y Eva estaban desnudos y no se avergonzaban. “Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban.”
No se avergonzaban pues estaban cubiertos con mantos gloriosos de luz blanca que reflejaba la gloria de Dios: Nuestros primeros padres vestían el manto blanco de la inocencia cuando fueron colocados por Dios en el santo Edén. Ellos vivían en perfecta conformidad con la voluntad de Dios. Toda la fuerza de sus afectos era dada a su Padre celestial. Una hermosa y suave luz, la luz de Dios, envolvía a la santa pareja. Este manto de luz era un símbolo de sus vestiduras espirituales de celestial inocencia.” Palabras de Vida del Gran Maestro, p. 252 Los ángeles, quienes reflejan la gloria de Dios, también visten mantos blancos de luz: Mateo 28:2, 3: El ángel que llamó a Jesús del sepulcro estaba vestido de blanco: “Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. 3 Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve.” Elena White amplía: “La inmaculada pareja no llevaba vestiduras artificiales. Estaban rodeados de una envoltura de luz y gloria, como la que rodea a los ángeles.” Patriarcas y Profetas, p. 26.
Salmo 104:1-2: Dios mismo está cubierto con un manto de gloriosa luz (vea también 1 Timoteo 6:16): “Bendice, alma mía, a Jehová. Jehová Dios mío, mucho te has engrandecido; Te has vestido de gloria y de magnificencia. 2 El que se cubre de luz como de vestidura, Que extiende los cielos como una Cortina.”
Daniel 7:9 nos dice que el anciano de días tiene vestiduras blancas como la nieve: “Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve. . .”
Adán era el padre y representante de la tierra
“El Sábado fue confiado y entregado a Adán, padre y representante de toda la familia humana.” Patriarcas y Profetas, p. 29
Aun cuando Eva pecó antes que Adán, Dios tuvo por responsable a Adán, no a Eva. Jesús vino a redimir lo que perdió Adán y por eso Jesús es el segundo Adán, no la segunda Eva. Así como los ‘hijos de Dios’ eran representantes de los mundos, Adán, como hijo de Dios, era el representante de la tierra.
Los seres presentes en Apocalipsis 4
Como ya vimos, Apocalipsis 4 menciona varios seres que estaban presentes antes que Jesús llegara de la tierra al cielo en su ascensión:
 El personaje que estaba sentado en el trono—Dios el Padre (4:2)
 Los siete espíritus que estaban delante del trono—la plenitud del Espíritu Santo (4:5)
 Los cuatro seres vivientes—los serafines (4:6-8; Isaías 6:1-3)
 Los 24 ancianos—los representantes de los mundos (4:4).
Pero en el capítulo 4 estaban ausentes:
 Las huestes angelicales
 El Cordero que fue inmolado
Es de suprema importancia recalcar que los 24 ancianos ya estaban alrededor del trono en Apocalipsis 4 antes que llegara Jesús al cielo con las primicias en el capítulo 5. Esto significa que los 24 ancianos no pueden ser los que resucitaron con Jesús.
Seres que se unieron a la fiesta en el capítulo 5
Todos los seres que estaban presentes en Apocalipsis 4 estaban también presentes en Apocalipsis 5, pero en el capítulo 5 se unen el Cordero y la hueste angélica:
 El personaje que estaba sentado en el trono—Dios el Padre (4:2)
 Los siete espíritus que estaban delante del trono—el Espíritu Santo (4:5)
 Los cuatro seres vivientes—los serafines (4:6-8; Isaías 6:1-3)
 Los 24 ancianos—los representantes de los mundos (4:4).
 Jesús, el Cordero inmolado pero resucitado (Apocalipsis 5:6)
 Las huestes angelicales (Apocalipsis 5:11, 21)
Los 24 ancianos son seres angélicos
Como ya hemos visto, Elena White en El Conflicto de los Siglos afirma que los hijos de Dios que menciona el libro de Job eran ángeles. Esto armoniza perfectamente con otras citas de Elena White a donde dice que los ancianos son ‘ángeles poderosos y elevados’ a quienes Dios les ha delegado la responsabilidad de representar a los mundos no caídos en el concilio celestial: “Las Sagradas Escrituras declaran que en cierta ocasión, cuando los ángeles de Dios vinieron para presentarse ante el Señor, Satanás vino también con ellos (Job 1:6), no para postrarse ante el Rey eterno sino para mirar por sus propios y malévolos planes contra los justos. Con el mismo objeto está presente allí donde los hombres se reúnen para adorar a Dios.” El Conflicto de los Siglos, p. 510
Apocalipsis 5 hace una distinción clara entre las huestes angélicas ‘regulares’ y los 24 ancianos. Es decir, aunque los hijos de Dios son ángeles, no son parte de la hueste angelical:

Apocalipsis 5:11-12: “Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones, 12 que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.” Características de los 24 ancianos
Apocalipsis 4:4:
“Y alrededor del trono había veinticuatro tronos; y vi sentados en los tronos a veinticuatro ancianos, vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas.”
Algunos han supuesto que los 24 ancianos no pueden ser angélicos porque sus características son las de seres humanos:
 Son seres creados (Apocalipsis 4:10, 11).
 Se sientan en tronos lo cual significa que son gobernantes en alguna parte del universo. Supuestamente los ángeles no se sientan en tronos.
 Tienen coronas sobre sus cabezas—otra indicación que son reyes o gobernantes de alguna esfera. ¡Se dice que la palabra ‘corona’ aquí (stéfanos), se refiere siempre a la corona de un vencedor y los ángeles nunca han vencido el pecado!
 Están vestidos con mantos blancos de luz y según se dice, solo los redimidos están vestidos de blanco.
Pero no debemos alcanzar conclusiones apresuradas. ¿Será posible que estas características se aplican igualmente a los ángeles?
Como ya hemos visto, Elena White emplea tres expresiones paralelas para describir al grupo de los 24 ancianos:
“Los [1] comandantes de las huestes angélicas, los [2] hijos de Dios, los [3] representantes de los mundos que nunca cayeron, están congregados. El concilio celestial delante del cual Lucifer había acusado a Dios y a su Hijo, los
“Los Siete Sellos de Apocalipsis” por el Pastor Esteban Bohr | Escuela de Teología ANCLA
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representantes de aquellos reinos sin pecado, sobre los cuales Satanás pensaba establecer su dominio, todos están allí para dar la bienvenida al redentor.”
Los ángeles son seres creados
Colosenses 1:16: “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.”
“Antes que los hombres o los ángeles fueran creados el Verbo estaba con Dios y era Dios.” Review and Herald, abril 5, 1906
“El Hijo de Dios había ejecutado la voluntad del Padre en la creación de todas las huestes del cielo, y a él, así como a Dios, debían ellas tributar homenaje y lealtad. Cristo había de ejercer aún el poder divino en la creación de la tierra y sus habitantes.” Patriarcas y Profetas, p. 14
Los ángeles llevan coronas
Algunos eruditos han subrayado que las coronas que tienen los ancianos son coronas de vencedores y no coronas de reyes. Afirman que la palabra stéfanos se refiere siempre a la corona de un vencedor y diadema a la corona de un rey. Según estos eruditos, los ancianos, por llevar stéfanoi, tienen que haber vencido el pecado y por lo tanto tienen que ser seres humanos.
Pero este argumento sería cierto tan solo si la palabra stéfanos se refiere siempre a la corona de un vencedor. Aunque es cierto que la palabra stéfanos generalmente se refiere a la corona de un vencedor, no siempre es así.
Los romanos se burlaron de Jesús colocando sobre su cabeza una corona stéfanos. Hicieron esto porque profesaba ser rey, no porque había ganado la victoria:

Mateo 27:29 (vea también, Marcos 15:17; Juan 19:2): “. . . y pusieron sobre su cabeza una corona [stéfanos] tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: ¡¡Salve, Rey de los judíos!”
El libro de Apocalipsis también usa la palabra stéfanos para referirse a la corona de un rey:
Apocalipsis 14:14: “Miré, y he aquí una nube blanca; y sobre la nube uno sentado semejante al Hijo del Hombre, que tenía en la cabeza una corona [stéfanos] de oro, y en la mano una hoz aguda.”
Nota: Este texto describe el momento en que se cierra la puerta de la gracia al terminar el juicio investigador. En ese momento Jesús recibe de su Padre el reino y comienza a reinar. Daniel 12:1 apunta hacia ese momento cuando se levanta Miguel (Daniel 11:2, 3 explica que ‘levantarse’ significa ‘comenzar a reinar’).
¿Será cierto que los ángeles no tienen coronas? Elena White recalcó en múltiples lugares que los ángeles si tienen coronas:
Primeros Escritos, p. 148: Cuando el hombre pecó en el huerto del Edén:
“Las nuevas de la caída del hombre se difundieron por el cielo. Toda arpa calló. Los ángeles, entristecidos, se quitaron las coronas de la cabeza. “
Primeros Escritos, p. 167: Cuando Jesús sufrió en el Getsemaní:
“No había gozo en el cielo; los ángeles se despojaron de sus coronas y las arrojaron con sus arpas y contemplaban a Jesús con profundísimo interés y en silencio.”
Primeros Escritos, p. 169: Durante el enjuiciamiento de Jesús:
“Al salir del cielo los ángeles se despojaron tristemente de sus resplandecientes coronas. No podían ceñírselas mientras su Caudillo estuviese sufriendo y hubiese de llevar una de espinas . . . “
Primeros Escritos, p. 191: Cuando Jesús llegó al cielo en su ascensión:
“Entonces toda la hueste celestial rodeó a su majestuoso Caudillo, y se inclinó ante él con profundísima adoración, arrojando las brillantes coronas a sus pies.”
Primeros Escritos, pp. 279, 280: Cuando se cierre la puerta de la gracia:
“Y toda la hueste angélica se quitó sus coronas cuando Jesús hizo esta solemne declaración: “El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía.”
Primeros Escritos, p. 286: En la segunda venida de Jesús:
“Una comitiva de santos ángeles ceñidos de brillantes coronas le escoltaban en su camino.”
Los ángeles llevan vestiduras blancas
Mateo 28:3 afirma que el manto del ángel que llamó a Jesús del sepulcro era blanco como la nieve:
“Su rostro era como un relámpago y su manto blanco como la nieve.”
Los dos ángeles en la tumba de Jesús estaban vestidos de blanco:
“Mientras [María] estaba parada, llorando, se agachó nuevamente para mirar dentro del sepulcro; y he aquí, había dos ángeles vestidos con mantos blancos.” Spirit of Prophecy, tomo 3, pp. 200, 201
Hechos 1:10 nos informa que dos ángeles vestidos de blanco les hablaron a los discípulos mientras Jesús ascendía al cielo: “Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas.”

En su estado de inocencia Adán y Eva estaban vestidos como los ángeles:
“La inmaculada pareja no llevaba vestiduras artificiales. Estaban rodeados de una envoltura de luz y gloria, como la que rodea a los ángeles. Mientras vivieron obedeciendo a Dios, este atavío de luz continuó revistiéndolos.” Patriarcas y Profetas, p. 45
Conclusión: En su estado de inocencia Adán y Eva estaban vestidos de mantos blancos de luz al igual que los ángeles.
Elena White identifica a los 24 ancianos
En las últimas tres páginas del Deseado de Todas las Gentes Elena White describe la expectativa de los seres celestiales cuando esperaban el regreso de Jesús. He añadido algunos de mis propios comentarios en corchetes con el fin de identificar a los seres que estaban presentes cuando Jesús llegó:
“Todo el cielo estaba esperando para dar la bienvenida al Salvador a los atrios celestiales. Mientras ascendía, iba adelante, y la multitud de cautivos libertados en ocasión de su resurrección le seguía [cuando Jesús llegó al cielo con los cautivos ya los ancianos estaban allí]. La hueste celestial, con aclamaciones de alabanza y canto celestial, acompañaba al gozoso sequito.
Al acercarse a la ciudad de Dios, la escolta de Ángeles demanda: ‘Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrara el Rey de gloria.’ Gozosamente los centinelas de guardia responden: ¿‘Quién es este rey de gloria?’ Dicen esto, no porque no sepan quién es, sino porque quieren oír la respuesta de sublime loor: ‘Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla [porque viene victorioso del campo de batalla]. Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrara el Rey de gloria.’
Vuelve a oírse otra vez: ¿‘Quién es este Rey de gloria?’ Porque los Ángeles no se cansan nunca de oír ensalzar su nombre. Y los Ángeles de la escolta responden: “Jehová de los ejércitos, él es el Rey de la gloria.’

Entonces los portales de la ciudad de Dios se abren de par en par, y la muchedumbre angélica entra por ellos en medio de una explosión de armonía triunfante.
Allí está el trono [Apocalipsis 4:2], y en derredor el arco iris de la promesa [Apocalipsis 4:3]. Allí están los querubines y los serafines [Apocalipsis 4:6-8]. Los comandantes de las huestes angélicas, los hijos de Dios, los representantes de los mundos [Apocalipsis 4:4] que nunca cayeron, están congregados. El concilio celestial delante del cual Lucifer había acusado a Dios y a su Hijo, los representantes de aquellos reinos sin pecado, sobre los cuales Satanás pensaba establecer su dominio, todos están allí para dar la bienvenida al Redentor. Sienten impaciencia por celebrar su triunfo y glorificar a su Rey.
“Pero con un ademán, el los detiene. Todavía no; no puede ahora recibir la corona de gloria y el manto real. Entra a la presencia de su Padre. Señala su cabeza herida, su costado traspasado, sus pies lacerados; alza sus manos que llevan la señal de los clavos [el Cordero como inmolado]. Presenta los trofeos de su triunfo; ofrece a Dios la gavilla de las primicias, aquellos que resucitaron con él como representantes de la gran multitud que saldrá de la tumba en ocasión de su segunda venida. Se acerca al Padre [el Padre que está sentado en el trono], ante quien hay regocijo por un solo pecador que se arrepiente. Desde antes que fueran echados los cimientos de la tierra, el Padre y el Hijo se habían unido en un pacto para redimir al hombre en caso de que fuese vencido por Satanás. Habían unido sus manos en un solemne compromiso de que Cristo seria fiador de la especie humana. Cristo había cumplido este compromiso. Cuando sobre la cruz exclamo: ‘Consumado es,’ se dirigió al Padre. El pacto había sido llevado plenamente a cabo. Ahora declara: Padre, consumado es. He hecho tu voluntad, oh Dios mío. He completado la obra de la redención. Si tu justicia está satisfecha, ‘aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, ellos estén también conmigo.’
Se oye entonces la voz de Dios proclamando que la justicia está satisfecha. Satanás esta vencido. Los hijos de Cristo, que trabajan y luchan en la tierra, son ‘aceptos en el Amado.’ Delante de los ángeles celestiales y los representantes de los
mundos [Elena White distingue a los dos grupos] que no cayeron, son declarados justificados. Donde el este, allí estará su iglesia. ‘La misericordia y la verdad se encontraron: la justicia y la paz se besaron.’ Los brazos del Padre rodean a su Hijo, y se da la orden: ‘Adórenlo todos los Ángeles de Dios.’
Con gozo inefable, los principados y las potestades reconocen la supremacía del Príncipe de la vida. La hueste angélica se postra delante de él, mientras que el alegre clamor llena todos los atrios del cielo: ‘¡Digno es el Cordero que ha sido inmolado, de recibir el poder, y la riqueza, y la sabiduría, y la fortaleza, y la honra, y la gloria, y la bendición!’ [Apocalipsis 5:12]
Los cantos de triunfo se mezclan con la música de las arpas angelicales, hasta que el cielo parece rebosar de gozo y alabanza. El amor ha vencido. Lo que estaba perdido se ha hallado. El cielo repercute con voces que en armoniosos acentos proclaman: ‘Bendición, y honra y gloria y dominio al que está sentado sobre el trono, y al Cordero, por los siglos de los siglos.’” [Apocalipsis 5:13] El Deseado de Todas las Gentes, p. 772, 773
Satanás ausente en el cielo
Como ya hemos visto, cuando Jesús ascendió al cielo lo estaba esperando el gran concilio celestial con aclamaciones y júbilo para darle la bienvenida. Pero en esa majestuosa ocasión faltó un notable personaje: Satanás. ¿Por qué no asistió Satanás como representante de este mundo a la fiesta de bienvenida?
En primer lugar, hubiera sido tortura para él. Pero aún más importante es el hecho que en la cruz, Satanás fue lanzado fuera como el gobernante de este mundo y por lo tanto ya no lo representaba. El planeta tenía un nuevo representante, ¡Cristo Jesús!
En Juan 12:31-33 Jesús predijo que en el momento de su muerte el gobernante de este mundo sería echado fuera: “Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. 32 Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo. 33 Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir.”

En Apocalipsis el apóstol Juan describió el momento cumbre cuando Satanás fue lanzado fuera del cielo en ocasión de la crucifixión:
Apocalipsis 12:10: “Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche.”
Jesús, el Nuevo Representante
Jesús es el segundo Adán
A Jesús se le llama el último Adán porque vino a recuperar lo que perdió el primer Adán:
1 Corintios 15:22: Jesús tomó el lugar del primer Adán: “Porque, así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.”
1 Corintios 15:45: “Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante.”
Romanos 5:18: “Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida.”
Jesús es el Hijo de Dios
Cuando Jesús se encarnó llegó a ser Hijo de Dios en un nuevo sentido. Aunque era el Hijo de Dios antes de Su encarnación, llegó a ser Hijo en un nuevo
sentido cuando se encarnó. Dios le preparó un cuerpo (hebreos 10:5) y como hombre, era descendiente de Adán.
Lucas 1:35: “Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.”
Sobre esto escribió Elena White:
“En su encarnación, ganó en un nuevo sentido el título de Hijo de Dios. Dijo el ángel a María: “El poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Lucas 1: 35). Si bien era el Hijo de un ser humano, llegó a ser en un nuevo sentido el Hijo de Dios. Así estuvo en nuestro mundo: el Hijo de Dios, y sin embargo unido a la raza humana por su nacimiento. Cristo vino en forma humana para mostrar a los habitantes de los mundos no caídos y del mundo caído que se ha hecho amplia provisión a fin de capacitar a los seres humanos para que vivan en lealtad a su Creador. Mensajes Selectos, tomo 1, pp. 265, 266
Jesús es rey del reino de la gracia
Hebreos 4:16: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.”
“El reino de la gracia es presentado por San Pablo en la Epístola a los Hebreos. Después de haber hablado de Cristo como del intercesor que puede “compadecerse de nuestras flaquezas,” el apóstol dice: “Lleguémonos pues confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia, y hallar gracia.” (Hebreos 4: 16.) El trono de la gracia representa el reino de la gracia; pues la existencia de un trono implica la existencia de un reino.” El Conflicto de los Siglos, p. 395

“Cuando Cristo entró por los portales celestiales, fue entronizado en medio de la adoración de los ángeles. Tan pronto como esta ceremonia hubo terminado, el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos en abundantes raudales, y Cristo fue de veras glorificado con la misma gloria que había tenido con el Padre, desde toda la eternidad. El derramamiento pentecostal era la comunicación del Cielo de que el Redentor había iniciado su ministerio celestial. De acuerdo con su promesa, había enviado el Espíritu Santo del cielo a sus seguidores como prueba de que, como sacerdote y rey, había recibido toda autoridad en el cielo y en la tierra, y era el Ungido sobre su pueblo.” Hechos de los Apóstoles, pp. 31, 32
Jesús es la cabeza y el representante de la tierra
En su contexto original el Salmo 8:3-5 se refiere al primer Adán. Sin embargo, en Hebreos 2:5-9 el apóstol Pablo le aplica estos versículos a Cristo quien tomó el lugar del primer Adán:
Hebreos 2:5-9: “Porque no sujetó a los ángeles el mundo venidero, acerca del cual estamos hablando; 6 pero alguien testificó en cierto lugar, diciendo: ¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, o el hijo del hombre, para que le visites? 7 Le hiciste un poco menor que los ángeles, le coronaste de gloria y de honra, y le pusiste sobre las obras de tus manos; 8 todo lo sujetaste bajo sus pies. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él; pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas. 9 Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos.” Elena White se refirió repetidas veces a Jesús como la cabeza y el representante del planeta tierra:
“La raza humana no tiene la justicia de carácter que poseía Adán cuando fue creado. Aunque es cierto que la negligencia en guardar los requerimientos de Dios es pecado y que la paga del pecado es muerte, nadie puede decir que el hombre puede tener vida eterna excepto por la obediencia y la justicia de Jesucristo quien es el representante y la cabeza de toda la humanidad.” Elena G. White, Signs of the Times, junio 11, 1894
“Como representante de la raza caída, Cristo transitó por el mismo camino a donde Adán tropezó y cayó. Por su vida de perfecta obediencia a la ley de Dios, Cristo redimió al hombre del castigo que vino como consecuencia de la caída de Adán.” Manuscrito 126, 1901
“Cristo debía sufrir en nuestro favor y colocarse a la cabeza de la humanidad como representante de la raza. Debía formar el carácter que debe formar cada uno de sus seguidores por medio de la provisión que ha hecho—su sacrificio infinito, su vida y su muerte en la tierra.” The Gospel Herald, marzo 1, 1901
“Jesús se humilló a sí mismo, revistiendo su divinidad con la humanidad a fin de que pudiera ocupar su lugar como cabeza y representante de la raza humana y por precepto y ejemplo condenó al pecado en la carne y demostró que las acusaciones de Satanás eran falsas.” Signs of the Times, enero 16, 1896
¿Se le devolverá algún día el dominio a Adán?
Cuando termine el gran conflicto entre el bien y el mal, Jesús le devolverá a Adán el trono y el dominio que perdió:
“Cuando se da la bienvenida a los redimidos en la ciudad de Dios, un grito triunfante de admiración llena los aires. Los dos Adanes están a punto de encontrarse. El Hijo de Dios está en pie con los brazos extendidos para recibir al padre de nuestra raza, al ser que el creo, que peco contra su Hacedor, y por cuyo pecado el Salvador lleva las señales de la crucifixión. ¡El distinguir Adán las cruentas señales de los clavos, no se echa en los brazos de su Señor, sino que se prosterna humildemente a sus pies, exclamando, ‘¡Digno, digno es el Cordero que fue inmolado!’ El Salvador lo levanta con ternura, y le invita a contemplar nuevamente la morada Edénica de la cual ha estado desterrado por tanto tiempo.
Después de su expulsión del Edén, la vida de Adán en la tierra estuvo llena de pesar. Cada hoja marchita, cada víctima ofrecida en sacrificio, cada tacha en el hermoso aspecto de la naturaleza, cada mancha en la pureza del hombre, le volvían a recordar su pecado. Terrible fue la agonía del remordimiento cuando noto que aumentaba la iniquidad, y que, en contestación a sus advertencias, se le tachaba de ser el mismo la causa del pecado. Con paciencia y humildad soporto por cerca de mil años, el castigo de su trasgresión. Se arrepintió sinceramente de su pecado y confió en los méritos del Salvador prometido, y murió en la esperanza de la resurrección. El Hijo de Dios reparo la culpa y caída del hombre, y ahora, merced a la obra de propiciación, Adán es reinstaurado en su primer dominio.” El Conflicto de los Siglos, pp. 705, 706

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