Resurse Spaniolă

ESTUDIO ADICIONAL – UNA ELECCIÓN PROVIDENCIAL


La obra terrenal de Jesús (3.5 años)
Las exigencias de la ley de Dios:
 La ley de Dios le exige al hombre una vida absolutamente perfecta.
 Si el hombre no le ofrece a la ley una vida perfecta, la ley lo condena a muerte.
 Ningún ser humano le puede ofrecer a la ley lo que exige así que estamos todos bajo sentencia de muerte.
 Como Creador de todos los seres humanos, Jesús ofreció vivir y morir en lugar de todos los seres humanos para luego resucitar e interceder por los penitentes.
 El santuario ilustra todos los pasos que toma Jesús para salvarnos.

El campamento del santuario
Por tres años y medio Jesús habitó en nuestro medio (Juan 1:14), y vivió la vida perfecta que la ley le exige a todos los seres humanos. Cada acto de obediencia de Jesús fue un hilo que le añadió al manto. Así tejió un manto de perfecta justicia que le ofrece a aquellos que se arrepienten de sus pecados, los confiesan y confían en Jesús.
El atrio del santuario
El altar del sacrificio:
Después de vivir su vida perfecta, en el Getsemaní el Padre colocó sobre su propio Hijo los pecados de toda la raza humana. Luego, el viernes 14 de Nisán a las 3 de la tarde Jesús pagó la pena de muerte por todo ser humano.
El lavacro
Jesús resucitó el tercer día (domingo en la mañana) a fin de ascender al cielo para cumplir la siguiente etapa de su ministerio en el lugar santo.
Cuarenta días de instrucción
Después de resucitar, Jesús pasó 40 días en la tierra con dos propósitos:
 Dar pruebas irrefutables de su resurrección.
 Enseñarles a sus discípulos las cosas concernientes al reino de Dios. Hechos 1:3:
“. . . a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios.”
Explicó Elena White:
“Por cuarenta días Cristo permaneció en la tierra, preparando a los discípulos para la obra que tenían por delante, y explicándoles lo que hasta entonces habían sido incapaces de comprender. Les habló de las profecías concernientes a su advenimiento, su rechazo por los judíos, y su muerte, mostrando que todas las especificaciones de estas profecías se habían cumplido.” Hechos de los Apóstoles, p. 22
La ascensión de Jesús
Hechos 1:9-11:
“Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. 10 Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, 11 los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.”
Al concluir los cuarenta días, Jesús ascendió al cielo con el fin de aplicar los beneficios de su vida y muerte a todos los que se arrepienten, confiesan sus pecados y por la fe confían en sus méritos. Según el apóstol Pablo Jesús resucitó para podernos justificar (Romanos 4:25). No es la muerte de Jesús lo que nos justifica o perdona. Si Jesús no hubiese resucitado estaríamos aun en nuestros pecados (1 Corintios 15:16-19).
Diez días entre la ascensión y el Pentecostés
Después de la ascensión los apóstoles regresaron del monte de los Olivos y entraron al Aposento Alto para esperar la promesa del Espíritu Santo. Por diez días, oraron, estudiaron las profecías, repararon las rencillas que habían tenido uno para con el otro, pusieron sus propiedades a disposición de la obra, se vaciaron del yo y se prepararon para recibir la efusión del Espíritu Santo.
La pregunta clave es, ¿qué estaba haciendo Jesús durante los diez días después de su ascensión? Procuraremos responder esa pregunta en este estudio.

Los presentes en el Aposento Alto
Hechos 1 nos proporciona los nombres propios de los que estaban presentes en el Aposento Alto: Hechos 1:13:
“Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban [1] Pedro y [2] Jacobo, [3] Juan, [4] Andrés, [5] Felipe, [6] Tomás, [7] Bartolomé, [8] Mateo, [9] Jacobo hijo de Alfeo, [10] Simón el Zelote y [11] Judas hermano de Jacobo.”
¿Por qué había tan solo once?
Inmediatamente notamos que estaban presentes tan solo once de los doce apóstoles. Faltaba uno. Por lo tanto, Pedro se levantó para explicar por qué faltaba Judas Iscariote: Hechos 1:18, 19: “Este, pues, con el salario de su iniquidad adquirió un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron. 19 Y fue notorio a todos los habitantes de Jerusalén, de tal manera que aquel campo se llama en su propia lengua, Acéldama, que quiere decir, Campo de sangre.”
Elena White amplia lo que pasó con Judas:
“Más tarde ese mismo día, en el trayecto del tribunal de Pilato al Calvario, se produjo una interrupción en los gritos y burlas de la perversa muchedumbre que conducía a Jesús al lugar de la crucifixión. Mientras pasaban por un lugar retirado, vieron al pie de un árbol seco, el cuerpo de Judas. Era un espectáculo repugnante. Su peso había roto la soga con la cual se había colgado del árbol. Al caer, su cuerpo había quedado horriblemente mutilado, y los perros lo estaban devorando.” El Deseado de Todas las Gentes, p. 670
La elección de un sucesor
Durante esos diez días los apóstoles hicieron algo más. Después de relatar la triste historia de la apostasía y muerte ignominiosa de Judas, Pedro propuso que se nombrara un sucesor. ¿Por qué consideraba Pedro que era obligatorio hacer esto? ¿Acaso no eran once suficientes?
La exigencia profética
El libro de Hechos deja muy en claro la razón por la cual estaban obligados a nombrar a un sucesor: Hechos 1:16, 20:
“Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas. . . 20 Porque está escrito en el libro de los Salmos: ‘Sea hecha desierta su habitación y no haya quien more en ella’ [Salmo 69:25]; y: ‘Tome otro su oficio’ [Salmo 109:7, 8].””
Como ya hemos visto, por cuarenta días Jesús les había hablado a sus discípulos en cuanto a las cosas concernientes al reino de Dios (Hechos 1:3). Sin duda alguna, les había explicado las profecías del antiguo testamento que Pedro luego trajo a colación. Entre éstas, había dos profecías que habían anunciado de antemano la apostasía de Judas y la necesidad imperativa de nombrar a un sucesor.
El mito de Saulo de Tarso
Existe un mito entre algunos adventistas que dice que los apóstoles se apresuraron a elegir a un sucesor en lugar de Judas. Según la teoría, si los apóstoles hubieran sido más pacientes, Dios habría elegido al apóstol Pablo para tomar el lugar de Judas. Esta idea parece haberse originado en el libro La Venida del Consolador de Leroy Edwin Froom.
El problema es que esta es una especulación sin fundamento bíblico y del Espíritu de Profecía. Podemos descartar la teoría por cinco razones:
En primer lugar, Pedro dejó muy claro que era indispensable que el sucesor de Judas fuera testigo ocular del ministerio de Jesús desde los tiempos de Juan el Bautista hasta la ascensión de Jesús. Claramente, el apóstol Pablo no cumple con este requisito.

Hechos 1:21, 22:
“Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, 22 comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección.”
En segundo lugar, Hechos 1 afirma explícitamente que los apóstoles oraron al Señor y que el Señor escogió a Matías. Hechos 1:24-26:
“Y señalaron a dos: a José, llamado Barrabás, que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías. 24 Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos [tu] has escogido, 25 para que tome la parte de este ministerio y apostolado, de que cayó Judas por transgresión, para irse a su propio lugar. 26 Y les echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles.”
En tercer lugar, Elena White confirma que los apóstoles siguieron el proceso correcto y que fue el Espíritu Santo el que escogió a Matías:
“Se seleccionaron dos hombres quienes, según el escrutinio cuidadoso de los creyentes, estaban mejor calificados para ocupar el lugar. Pero los discípulos, desconfiados de su propia habilidad para decidir el asunto, lo refirieron al que conoce todos los corazones. Buscaron al Señor en oración para cerciorarse de cuál de los dos estaba mejor calificado para la posición confiada. El Espíritu de Dios escogió a Matías para el oficio.” Espíritu de Profecía, tomo 3, p. 264
En cuarto lugar, al leer el relato del martirio de Esteban en Hechos 7 resulta claro que Dios tenía al sucesor de Esteban ya escogido y era Saulo de Tarso. Elena White confirma esto explícitamente en el capítulo de Hechos de los Apóstoles titulado, “El Primer Mártir Cristiano”:
“Después de la muerte de Esteban, Saulo fue elegido miembro del Sanedrín en premio a la parte que había tomado en aquella ocasión. Durante algún tiempo fue un poderoso instrumento en manos de Satanás para proseguir su rebelión contra el Hijo de Dios. Pero pronto este implacable perseguidor iba a ser empleado para edificar la iglesia que estaba a la sazón demoliendo. Alguien más poderoso que Satanás había escogido a Saulo para ocupar el sitio del martirizado Esteban, para predicar y sufrir por el Nombre y difundir extensamente las nuevas de salvación por medio de su sangre.” Hechos de los Apóstoles, p. 84
Hacia el final de este estudio daré una quinta razón por la cual no era posible que Saulo fuese el apóstol #12.
Repasando los puntos claves
Hasta ahora hemos tratado dos puntos importantes:
 Primero: Las profecías del antiguo testamento anunciaron de antemano la apostasía de Judas y la obligación de nombrar a un sucesor.
 Segundo: Los discípulos siguieron los pasos correctos en el proceso de elección.
¿Por qué antes del Pentecostés?
Pero aún queda una pregunta muy importante por contestar y es ésta, ¿Por qué era necesario cumplir esta tarea antes que Dios derramara el Espíritu Santo en el día del Pentecostés? ¿Por qué no esperar un poco? ¿Por qué tanta urgencia?
¿Había alguna profecía del antiguo testamento que indicaba que era obligatorio nombrar a un sucesor antes que Dios pudiese derramar el Espíritu Santo en el Día del Pentecostés y no después?
Contado con los doce
La respuesta a esta pregunta se halla en la importancia que tiene el número doce en la Biblia. El apóstol Pedro empleó una palabra muy importante cuando relató la historia de la apostasía de Judas y la necesidad de reemplazarlo. En cuanto a Judas, Pedro explicó:

Hechos 1:17:
“. . . y era contado [katarithmeo] con nosotros, y tenía parte en este ministerio.”
La palabra katarithmeo tiene como raíz la palabra ‘aritmética’. En Lucas 22:3 aparece una palabra afín. Allí dice que Judas era contado como uno [arithmou] de los doce.
Luego que Matías fue elegido como sucesor de Judas nuevamente aparece la palabra ‘contado’: Hechos 1:26:
“Y les echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles.”
Hechos 1:17 nos dice que antes de su apostasía, Judas era contado con los otros once. Y después de elegir a Matías como sucesor de Judas dice que fue contado con los once apóstoles. Resulta obvio que el número 12 es de crucial importancia. Era obligatorio que hubiese 12 apóstoles antes del día del Pentecostés. No bastaba con 11. ¿Pero, por qué?
El significado del número 12
Empezamos a captar la importancia del número 12 en Apocalipsis 12:1:
“Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas.”
¿Que representa la mujer en este versículo? No cabe duda que representa la iglesia fiel de Dios. ¿Cómo lo sabemos? La respuesta se halla en una comparación de lo que hizo el cuerno pequeño con los santos en Daniel 7:25 con lo que hizo el dragón con la mujer en Apocalipsis 12:14. Primero Daniel 7:25:

Daniel 7:25: “Y hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo.”
Daniel 7:25 nos informa que:
 El cuerno pequeño
 Persiguió a los santos del Altísimo
 Por tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo
Ahora consideremos Apocalipsis 12:14:
“Y cuando vio el dragón que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón. Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila, para que volase de delante de la serpiente al desierto, a su lugar, donde es sustentada por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo.”
En esta profecía es paralela a la de Daniel 7:25:
 El dragón (paralelo al cuerno pequeño)
 Persiguió a la mujer (paralela a los santos del Altísimo)
 Por tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo (paralelo al mismo periodo en Daniel 7:25)
De modo que la palabra ‘mujer’ se usa intercambiablemente con la palabra ‘santos’. Es decir, la mujer representa a los santos del Altísimo o la iglesia fiel.
¿Cuál etapa de la iglesia?
¿A cuál etapa de la iglesia fiel se refiere Apocalipsis 12:1? ¿Se refiere a la iglesia del antiguo testamento o a la iglesia del nuevo?
No cabe duda que se refiere a la iglesia del antiguo testamento pues cuando Juan vio a la mujer aún no había dado a luz a Jesús. ¡No puede haber iglesia del nuevo testamento sin antes nacer Jesús!

Sin embargo, más adelante en Apocalipsis 12:6 la mujer representa a la iglesia del nuevo testamento pues después de la ascensión de Jesús (Apocalipsis 12:5), huyó al desierto donde fue perseguida por la serpiente durante los 1260 años de la era cristiana. Durante las dos etapas de su existencia, la mujer tiene en su cabeza la corona de doce estrellas.
El Sol y la Luna
¿Qué representan el sol y la luna?
 Según Génesis 1:16 el sol es la luz mayor y la luna es la luz menor
 El sol es símbolo de Jesús quien es la luz mayor (Salmo 84:11; Mateo 17:3; Apocalipsis 1:16; Malaquías 4:1; Juan 8:12; Juan 5:35).
 La luna, que es la luz menor, representa la Biblia pues ella da testimonio de Jesús (Juan 5:35, 39, 40, 46, 47)
Doce Estrellas
Queremos concentrarnos especialmente en el significado de las doce estrellas que estaban en la corona de la mujer.
En primera instancia las doce estrellas representan a los doce hijos de Jacob. Con el transcurso del tiempo, estos doce fundadores se multiplicaron y de ellos surgieron las doce tribus de Israel—la iglesia de Dios del antiguo testamento. El texto clave para comprobar esto se halla en el sueño que tuvo José y que se registra en Génesis 37. Génesis 37:9, 10:
“Soñó aun otro sueño, y lo contó a sus hermanos, diciendo: He aquí que he soñado otro sueño, y he aquí que el sol y la luna y once estrellas se inclinaban a mí. 10 Y lo contó a su padre y a sus hermanos; y su padre le reprendió, y le dijo: ¿Qué sueño es este que soñaste? ¿Acaso vendremos yo y tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti?”
Claramente las once estrellas (junto con José quien sería la estrella # 12) representan a los doce hijos de Jacob de donde salieron las doce tribus de Israel:

Génesis 49:28:
“Todos éstos [doce individuos] fueron las doce tribus de Israel, y esto fue lo que su padre les dijo, al bendecirlos; a cada uno por su bendición los bendijo.”
Los doce apóstoles
Pero el número 12 también representa a la iglesia de Cristo del nuevo testamento. Los evangelios recalcan la importancia del número 12: Marcos 3:14-19 (vea también Mateo 10:1, 2, 5; 11:1; 20:17; 26:20):
“Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, 15 y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios: 16 a Simón, a quien puso por sobrenombre Pedro; 17 a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan hermano de Jacobo, a quienes apellidó Boanerges, esto es, Hijos del trueno; 18 a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo, 19 y Judas Iscariote, el que le entregó.”
De modo que podemos ver que el número 12 es simbólico que representa al pueblo de Dios del antiguo y del nuevo testamento.
Elena White fue muy específica en cuanto al significado del número 12:
“Así como en el Antiguo Testamento los doce patriarcas eran los representantes de Israel, así los doce apóstoles son los representantes de la iglesia evangélica.” Hechos de los Apóstoles, p. 16
Al establecer doce apóstoles Jesús estaba indicando que la iglesia del nuevo testamento es una continuación de la iglesia del antiguo. Los doce hijos de Jacob inauguraron la iglesia del antiguo testamento y los doce apóstoles la continuaron en el nuevo.
El pueblo de Israel se originó con 12 individuos que luego se multiplicaron y formaron una gran nación. Igualmente, la iglesia cristiana se originó con 12 individuos que luego se multiplicaron por medio de la evangelización y formaron una gran nación espiritual (ver Mateo 21:43; Juan 17:20; 1 Pedro 2:9, 19).
Una Sola Mujer
Es importante subrayar que una sola mujer simboliza a la iglesia en todas las épocas:
 La mujer antes de nacer Jesús: Israel.
 La mujer durante los 1260 años: La iglesia cristiana fiel.
 El remanente de la misma mujer: La iglesia del tiempo del fin.
Los dispensaciónalistas se equivocan cuando dicen que Dios tiene dos pueblos distintos (el Israel literal del antiguo testamento y la iglesia cristiana del nuevo) y un plan diferente para cada uno. Solo hay un Mesías, un pueblo del Mesías y un dragón en todas las etapas.
Por qué tanta Urgencia
Volvamos ahora a nuestra pregunta original. ¿Por qué había tanta urgencia de nombrar un sucesor de Judas antes que se derramara el Espíritu Santo en el día del Pentecostés?
Inauguración de Jesús
Durante los diez días que los apóstoles pasaron en el Aposento Alto se estaba realizando en el cielo una ceremonia impresionante de iniciación. El Padre estaba invistiendo a su Hijo como sumo-sacerdote sobre su pueblo.
Esta ceremonia celestial se hallaba prefigurada en el sistema ritual del antiguo testamento. Según Levítico 8:6-12, antes de comenzar Aarón su oficio como sumo-sacerdote en el tabernáculo del desierto, Moisés hizo tres cosas:
 Le colocó las vestiduras de sumo-sacerdote pieza por pieza.
 Luego de vestirlo, ungió el tabernáculo a donde iba a ministrar.
 Moisés le ungió la cabeza con aceite.

Levítico 8:6-12:
“Y dijo Moisés a la congregación: Esto es lo que Jehová ha mandado hacer. 6 Entonces Moisés hizo acercarse a Aarón y a sus hijos, y los lavó con agua. 7 [1] Y puso sobre él la túnica, y le ciñó con el cinto; le vistió después el manto, y puso sobre él el efod, y lo ciñó con el cinto del efod, y lo ajustó con él. 8 Luego le puso encima el pectoral, y puso dentro del mismo los Urim y Tumim. 9 Después puso la mitra sobre su cabeza, y sobre la mitra, en frente, puso la lámina de oro, la diadema santa, como Jehová había mandado a Moisés.10 [2] Y tomó Moisés el aceite de la unción y ungió el tabernáculo y todas las cosas que estaban en él, y las santificó.11 Y roció de él sobre el altar siete veces, y ungió el altar y todos sus utensilios, y la fuente y su base, para santificarlos.12 [3] Y derramó del aceite de la unción sobre la cabeza de Aarón, y lo ungió para santificarlo.”
Según el Salmo 133, el aceite con que Moisés ungió a Aarón fue tan abundante que se derramó sobre su barba y luego sobre sus mantos hasta caer finalmente sobre los montes de Sion.
“¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía! 2 Es como el buen óleo sobre la [1] cabeza, el cual [2] desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y [3] baja hasta el borde de sus vestiduras; 3 como el rocío de Hermón, que [4] desciende sobre los montes de Sion; porque allí envía Jehová bendición, y vida eterna.”
Después de concluir esta ceremonia Aarón comenzó su obra como sumo-sacerdote en favor de Israel.
Asimismo, en el día del Pentecostés cuando los hermanos estaban todos unánimes juntos en el Aposento Alto, el Padre vistió a Jesús con los mantos sumo-sacerdotales (hasta este momento estaba vestido con las vestiduras de un sacerdote común que ofició su propio sacrificio como Cordero sin mácula) y luego lo ungió con el Espíritu Santo (Hechos 2:33).
El Espíritu Santo con que el Padre ungió a Jesús fue tan abundante que se derramó hasta los montes de Sion a donde estaban reunidos los apóstoles.

Entonces Jesús inició la obra de aplicar los beneficios de su expiación en el lugar santo a todo aquel que venía a Él con arrepentimiento y fe.
De esta obra de Cristo escribió el apóstol Pablo:
Hebreos 8:1, 2:
“Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre.”
Las vestiduras del sumo-sacerdote
La vestimenta del sumo-sacerdote era preciosísima. Entre otras cosas, tenía un pectoral con doce piedras semi-preciosas:
Éxodo 28:15-21, 29, 30:
“Harás asimismo el pectoral del juicio de obra primorosa, lo harás conforme a la obra del efod, de oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido. 16 Será cuadrado y doble, de un palmo de largo y un palmo de ancho; 17 y lo llenarás de pedrería en cuatro hileras de piedras; una hilera de una piedra Sárdica, un topacio y un carbunclo; 18 la segunda hilera, una esmeralda, un zafiro y un diamante; 19 la tercera hilera, un Jacinto, un ágata y una amatista; 20 la cuarta hilera, un berilo, un ónice y un jaspe. Todas estarán montadas en engastes de oro. 21 Y las piedras serán según los nombres de los hijos de Israel [individuos], doce según sus nombres; como grabaduras de sello cada una con su nombre, serán según las doce tribus [todo el pueblo]. . . Y llevará Aarón los nombres de los hijos de Israel en el pectoral del juicio sobre su corazón, cuando entre en el santuario, por memorial delante de Jehová continuamente.” 30 Y pondrás en el pectoral del juicio Urim y Tumim, para que estén sobre el corazón de Aarón cuando entre delante de Jehová; y llevará siempre Aarón el juicio de los hijos de Israel sobre su corazón delante de Jehová.”

Elena White explicó el significado del pectoral:
“Acerca de Aarón, sumo sacerdote de Israel, está escrito: “Llevará Aarón los nombres de los hijos de Israel en el racional del juicio sobre su corazón, cuando entrare en el santuario, para memoria delante de Jehová continuamente.”* ¡Qué figura hermosa y expresiva del invariable amor de Cristo por su iglesia! Nuestro Sumo Sacerdote, de quien Aarón era un tipo, lleva a su pueblo sobre su corazón. ¿Y no debieran sus ministros terrenos compartir su amor, simpatía y solicitud?” Obreros Evangélicos, pp. 34, 35
Isaías 53:4-6: Jesús lleva sobre su corazón nuestro caso:
“Ciertamente llevó [misma palabra ‘llevar’] él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. 5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. 6 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; más Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.”
¿Por qué doce apóstoles?
Ahora podemos saber por qué era necesario elegir al apóstol # 12 antes del día del Pentecostés. En la tierra había tan solo once apóstoles, pero el pectoral que representaba a los apóstoles tenía doce piedras. Había que elegir al apóstol # 12 antes que Jesús se pudiera poner el pectoral con doce piedras!
Un pueblo en una ciudad
En el futuro habrá tan solo una ciudad con todos los redimidos de todas las épocas. El número 12 representa la totalidad del pueblo de Dios. Hay tan solo una ciudad con las doce tribus y los doce apóstoles:
Apocalipsis 21:12:
“Tenía un muro grande y alto con doce puertas; y en las puertas, doce ángeles, y nombres inscritos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel.” Apocalipsis 21:14:
“Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero.”
“¿Qué sostuvo al Hijo de Dios en su vida de pruebas y sacrificios? Vio los resultados del trabajo de su alma y fue saciado. Mirando hacia la eternidad, contempló la felicidad de los que por su humillación obtuvieron el perdón y la vida eterna. Su oído captó la aclamación de los redimidos. Oyó a los rescatados cantar el himno de Moisés y del Cordero.” Hechos de los Apóstoles, p. 480
La intimidad de Jesús con Su pueblo Juan 14:1-3: La pasión de Jesús es que su pueblo este con Él:
“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. 2 En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. 3 Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.” Juan 17:24: La pasión de Jesús es que su pueblo este con Él:
“Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.”
En la ascensión:
“Entonces los portales de la ciudad de Dios se abren de par en par, y la muchedumbre angélica entra por ellos en medio de una explosión de armonía triunfante. Allí está el trono, y en derredor el arco iris de la promesa. Allí están los querubines y los serafines. Los comandantes de las huestes angélicas, los hijos de Dios, los representantes de los mundos que nunca cayeron, están congregados. El concilio celestial delante del cual Lucifer había acusado a Dios y a su Hijo, los representantes de aquellos reinos sin pecado, sobre los cuales Satanás pensaba establecer su dominio, todos están allí para dar la bienvenida al Redentor. Sienten impaciencia por celebrar su triunfo y glorificar a su Rey. Pero con un ademán, él los detiene. Todavía no; no puede ahora recibir la corona de gloria y el manto real. Entra a la presencia de su Padre. Señala su cabeza herida, su costado traspasado, sus pies lacerados; alza sus manos que llevan la señal de los clavos. Presenta los trofeos de su triunfo; ofrece a Dios la gavilla de las primicias, aquellos que resucitaron con él como representantes de la gran multitud que saldrá de la tumba en ocasión de su segunda venida. Se acerca al Padre ante quien hay regocijo por un solo pecador que se arrepiente. Desde antes que fueran echados los cimientos de la tierra, el Padre y el Hijo se habían unido en un pacto para redimir al hombre en caso de que fuese vencido por Satanás. Habían unido sus manos en un solemne compromiso de que Cristo sería fiador de la especie humana. Cristo había cumplido este compromiso. Cuando sobre la cruz exclamó: “Consumado es,” se dirigió al Padre. El pacto había sido llevado plenamente a cabo. Ahora declara: Padre, consumado es. He hecho tu voluntad, oh Dios mío. He completado la obra de la redención. Si tu justicia está satisfecha, “aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, ellos estén también conmigo.” Se oye entonces la voz de Dios proclamando que la justicia está satisfecha. Satanás está vencido. Los hijos de Cristo, que trabajan y luchan en la tierra, son “aceptos en el Amado.” Delante de los ángeles celestiales y los representantes de los mundos que no cayeron, son declarados justificados. Donde él esté, allí estará su iglesia. “La misericordia y la verdad se encontraron: la justicia y la paz se besaron.” Los brazos del Padre rodean a su Hijo, y se da la orden: “Adórenlo todos los ángeles de Dios.” Con gozo inefable, los principados y las potestades reconocen la supremacía del Príncipe de la vida. La hueste angélica se postra delante de él, mientras que el alegre clamor llena todos los atrios del cielo: “¡Digno es el Cordero que ha sido inmolado, de recibir el poder, y la riqueza, y la sabiduría, y la fortaleza, y la honra, y la gloria, y la bendición!’* Los cantos de triunfo se mezclan con la música de las arpas angelicales, hasta que el cielo parece rebosar de gozo y alabanza. El amor ha vencido. Lo que estaba perdido se ha hallado. El cielo repercute con voces que en armoniosos acentos proclaman: “¡Bendición, y honra y gloria y dominio al que está sentado sobre el trono, y al Cordero, por los siglos de los siglos!” El Deseado de Todas las Gentes, pp. 773-775 Efesios 5:25-27:
“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, 27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.”
“Testifico ante mis hermanos y hermanas que la iglesia de Cristo, por debilitada y defectuosa que sea, es el único objeto en la tierra al cual él concede su suprema consideración. Mientras el Señor extiende a todo el mundo su invitación de venir a él y ser salvo, comisiona a sus ángeles a prestar ayuda divina a toda alma que acude a él con arrepentimiento y contrición, y él se manifiesta personalmente a través de su Espíritu Santo en medio de su iglesia.” Testimonios para los Ministros, p. 11

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