Resurse Spaniolă
ESTUDIO ADICIONAL: JEHOVÁ ES LA ROCA

La cruz y el Pentecostés
Hay un vínculo indisoluble entre el sacrificio de Jesús en la tierra y el derramamiento del Espíritu Santo en el día del Pentecostés. La mayoría de los cristianos se centran en lo que ocurrió en la tierra en el día del Pentecostés—el recio viento, las llamas de fuego y el don de lenguas. Pero el evento más importante en el día del Pentecostés no ocurrió en la tierra sino en el cielo.
Dos puntos importantes a recordar:
Hay una relación directa entre el sacrificio de Cristo en la cruz y las lenguas de fuego que se vieron en el día del Pentecostés.
El evento importante en el día del Pentecostés no ocurrió en la tierra sino en el cielo. El evento terrenal fue un anuncio del evento celestial.
Consideremos el primer punto. En la Biblia existe un vínculo estrecho entre los sacrificios que se ofrecían en el altar y el fuego que consumía esos sacrificios. Notemos los siguientes ejemplos del antiguo testamento:
El sacrificio de Abel
La Biblia nos dice que Dios aceptó el sacrificio de Abel, pero rechazó el de Caín. ¿Cómo supo Abel que Dios había aceptado su sacrificio? (vea Hebreos 11:4)
“Dios aceptó este sacrificio y fuego descendió del cielo y lo consumió.” Signs of the Times, febrero 6, 1879:
La inauguración del tabernáculo en el desierto
Levítico 9:22-24: Sacrificios seguidos por fuego:
“Después alzó Aarón sus manos hacia el pueblo y lo bendijo; y después de hacer la expiación, el holocausto y el sacrificio de paz, descendió. 23 Y entraron Moisés y Aarón en el tabernáculo de reunión, y salieron y bendijeron al pueblo; y la gloria de Jehová se apareció a todo el pueblo. 24 Y salió fuego de delante de Jehová, y consumió el holocausto con las grosuras sobre el altar; y viéndolo todo el pueblo, alabaron, y se postraron sobre sus rostros.”
El periodo de la monarquía hebrea
Durante el periodo de la monarquía hebrea, David ofreció un holocausto en la era de Ornán Jebuseo y Dios dio su señal de aprobación enviando fuego del cielo para consumir el holocausto:
1 Crónicas 21:26:
“Y edificó allí David un altar a Jehová, en el que ofreció holocaustos y ofrendas de paz, e invocó a Jehová, quien le respondió por fuego desde los cielos en el altar del holocausto.”
La dedicación del templo que edificó Salomón
Cuando Salomón dedicó el templo, sacrificó animales y los colocó en el altar del sacrificio. Dios mostró su aceptación de los sacrificios enviando fuego del cielo para consumirlos:
2 Crónicas 7:1:
“Cuando Salomón acabó de orar, descendió fuego de los cielos, y consumió el holocausto y las víctimas; y la gloria de Jehová llenó la casa.”
El periodo de los profetas
Elías colocó víctimas sobre el altar y Dios llovió fuego desde el cielo en señal de aceptación:
1 Reyes 18:38:
“Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja. 39 Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: !!¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!
Resumen: En el servicio del santuario en el antiguo testamento Dios mostraba su aceptación del sacrificio lloviendo fuego del cielo para consumirlo.
Dos episodios de la roca
Hay otro simbolismo en el antiguo testamento que enseña la misma lección Este simbolismo se halla en los dos relatos a donde el agua salió de la roca. Los relatos están en Éxodo y Números. Éxodo 17:1-6:
“Toda la congregación de los hijos de Israel partió del desierto de Sin por sus jornadas, conforme al mandamiento de Jehová, y acamparon en Refidim; y no había agua para que el pueblo bebiese. 2 Y altercó el pueblo con Moisés, y dijeron: Danos agua para que bebamos. Y Moisés les dijo: ¿Por qué altercáis conmigo? ¿Por qué tentáis a Jehová? 3 Así que el pueblo tuvo allí sed, y murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados? 4 Entonces clamó Moisés a Jehová, diciendo: ¿Qué haré con este pueblo? De aquí a un poco me apedrearán. 5 Y Jehová dijo a Moisés: Pasa delante del pueblo, y toma contigo de los ancianos de Israel; y toma también en tu maño tu vara con que golpeaste el río, y ve. 6 He aquí que yo estaré delante de ti allí sobre la peña [estaban presentes el símbolo y la realidad] en Horeb; y golpearás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo. Y Moisés lo hizo así en presencia de los ancianos de Israel.”
Tenemos en esta historia tres símbolos: La roca, la vara y el agua. Si desciframos los símbolos, podremos comprender la lección que Dios quiso enseñar.
La roca
Deuteronomio 32:4, 18, 31 Deuteronomio 32 se refiere nueve veces a la roca como símbolo de Jehová:
“Él es la Roca, cuya obra es perfecta, Porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él; Es justo y recto.” 18 De la Roca que te creó te olvidaste; te has olvidado de Dios tu creador. 31 Porque la roca de ellos [de los paganos] no es como nuestra Roca, y aun nuestros enemigos son de ello jueces.”
Nota: La deidad se compone de tres personas y cada una de ellas lleva el nombre ‘Jehová’. ¿A cuál de los tres se refiere especialmente la roca en el antiguo testamento? 1 Corintios 10:4 tiene la respuesta: I Corintios 10:1-4:
“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; 2 y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, 3 y todos comieron el mismo alimento espiritual, 4 y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo.”
La vara
¿Qué representa la vara que Moisés usó para golpear la roca? Según las Escrituras, la vara es un símbolo de juicio. Cada vez que Moisés levantó la vara cayó un juicio de Dios.
El acto de golpear
La palabra hebrea que se traduce ‘golpear’ es nakah y significa: ‘golpear, azotar, pegar, matar, recibir un golpe o ser herido.’
Nakah la misma palabra que aparece cuando Moisés azotó las aguas para que se convirtieran en sangre, cuando azotó el polvo para que salieran piojos y cuando Dios azotó a los primogénitos de Egipto que no pusieron la sangre en el dintel y los postes de sus puertas. Cada vez que Moisés usó su vara para azotar algo, cayó un juicio de Dios.
Según el relato de Éxodo 17, Israel estaba pecando al murmurar contra Moisés y contra Dios. Por lo tanto, el pueblo rebelde merecía que la vara de juicio cayera sobre ellos. Sorpresivamente, en lugar de caer la vara sobre ellos, cayó sobre la roca.
El Agua
Cuando Moisés azotó la roca, dio su agua. El agua que salió de la roca representa el derramamiento del Espíritu Santo en el Día del Pentecostés. Ese derramamiento fue señal para los discípulos que el sacrificio de Cristo había sido aceptado por su Padre en el cielo.
Resumen de las dos ilustraciones:
Sacrificio = seguida por la señal de aceptación, el fuego.
Golpear la Roca = seguida por la señal de aceptación, el agua.
Juan 7:37-39:
“En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. 38 El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior [del interior del que bebió] correrán ríos de agua viva. 39 Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.”
En estos versículos la roca representa a Cristo. Cuando bebemos el agua que sale de la roca (creemos en Jesús como salvador), nos convertimos en manantiales de agua para otros. Claramente Jesús estaba refiriéndose al derramamiento del Espíritu Santo en el Día del Pentecostés. 1 Corintios 12:13:
“Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.”
El Sol y la Luna
Así como la luna recibe la luz del sol y la refleja a la tierra, nosotros recibimos luz de Cristo y la reflejamos a nuestros semejantes.
Jesús dijo: ‘yo soy la luz del mundo’ (Juan 9:5), pero también dijo: ‘vosotros sois la luz del mundo.’ (Mateo 5:14-16). El que no está reflejando la luz de Cristo al mundo no tiene una conexión con la fuente de la luz, es decir, está en tinieblas.
El acto de golpear la roca representa el hecho que el Padre colocó nuestros pecados sobre su propio Hijo y lo castigó con la vara de juicio en nuestro lugar (Isaías 53:4-6; Juan 18:11). El Padre demostró que aceptó el sacrificio enviando el Espíritu Santo (el agua) el día del Pentecostés.
Isaías 53:4:
“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado [la misma palabra que se usa cuando Moisés azotó la roca], por herido de Dios y abatido.”
El segundo episodio de la roca
¿Cómo recibimos el agua que sale de la roca (el Espíritu Santo) hoy por hoy? Aquí es que entra en perspectiva al segundo relato de la roca:
Números 20:7-11:
“Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 8 Toma la vara, y reúne la congregación, tú y Aarón tu hermano, y hablad a la peña a vista de ellos; y ella dará su agua, y les sacarás aguas de la peña, y darás de beber a la congregación y a sus bestias. 9 Entonces Moisés tomó la vara de delante de Jehová, como él le mandó. 10 Y reunieron Moisés y Aarón a la congregación delante de la peña, y les dijo: ¡Oíd ahora, rebeldes! ¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña? 11 Entonces alzó Moisés su maño y golpeó la peña con su vara dos veces; y salieron muchas aguas, y bebió la congregación, y sus bestias.”
¿Por qué castigó Dios tan drásticamente a Moisés por haber golpeado la roca dos veces? Elena White explica:
“Por su acto temerario Moisés restó fuerza a la lección que Dios se proponía enseñar. Siendo la roca un símbolo de Cristo, había sido herida una vez, como Cristo había de ser ofrecido una vez. La segunda vez bastaba hablar a la roca, así como ahora sólo tenemos que pedir las bendiciones en el nombre de Jesús. Al herir la roca por segunda vez, se destruyó el significado de esta bella figura de Cristo.” Patriarcas y Profetas, p. 442
Hoy día Jesús no necesita caer bajo el juicio divino de nuevo pues eso ocurrió de una vez por todas en la cruz. Si queremos recibir el Espíritu Santo, tenemos tan solo que pedirlo en oración: Lucas 11:13:
“Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?”
“Hay una bendición que pueden tener todos los que la buscan en la debida forma. Es el Espíritu Santo de Dios, y está es una bendición que trae consigo a todas las demás.” En Lugares Celestiales, p. 113
Por el castigo drástico de Moisés, Dios quería enseñarle a Israel que no es necesario que Jesús caiga bajo la vara del juicio de Dios repetidas veces como lo enseña la iglesia romana. Tanto Pedro como Pablo nos dicen que cuando Cristo murió, lo hizo de una vez por todas (Romanos 6:9, 10; Hebreos 7:27; 9:28). Si cumplimos con las condiciones, lo único que tenemos que hacer es pedirle a Jesús el Espíritu Santo y Él nos lo dará.
Cuando la iglesia romana enseña que en cada misa se sacrifica nuevamente a Jesús, está cometiendo el mismo pecado por el cual Dios excluyó a Moisés de la tierra prometida. Solo cuando Moisés pidió perdón por lo que había hecho pudo entrar en la Canaán celestial.
La cruz y el Pentecostés
Los logros de Jesús en la tierra:
Jesús vivió su vida perfecta en nuestro campamento tejiendo así un manto perfecto de justicia.
Ofreció su vida en sacrificio sobre el altar
Resucitó de los muertos en el lavacro de la regeneración.
¡Lo próximo que esperaríamos es que cayera fuego del cielo como señal que el Padre aceptó el sacrificio de Cristo y esto es precisamente lo que ocurrió en el Día del Pentecostés!
La geografía del templo
La vasta mayoría de los eruditos no adventistas y aun algunos adventistas afirman que Jesús entró directamente al lugar santísimo cuando ascendió al cielo. Pero esto no es posible pues después del campamento, estaban el altar, el lavacro y luego la ministración del sumo-sacerdote en el lugar santo.
¿A dónde entró Jesús?
Antes de ascender Jesús al cielo, los siete espíritus estaban ante el trono a donde estaba sentado Padre (Apocalipsis 4:5). El número siete denota la presencia
del Espíritu Santo en plenitud. Allí estaban presentes también los 4 seres vivientes y los 24 ancianos, pero estaban ausentes Cristo y la hueste angelical.
Apocalipsis 4:5:
“Y del trono salían relámpagos y truenos y voces; y delante del trono ardían siete lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios.”
En el capítulo 5 llegó Jesús con la hueste angelical al cielo, y Jesús se presentó como Cordero inmolado ante el Padre. Luego que el Padre aceptó su sacrificio los siete espíritus de fuego fueron enviados a la tierra como señal que el sacrificio había sido aceptado (Apocalipsis 5:6).
Apocalipsis 5:6:
“Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.”
En Apocalipsis 5:6 se ve en el cielo al Cordero como inmolado e inmediatamente después los siete espíritus de fuego son enviados a toda la tierra. El patrón está claro: Primero Cristo muere como sacrificio y después de resucitar, el Padre envía la plenitud del Espíritu a toda la tierra.
El día del Pentecostés
En el día del Pentecostés Dios envió lenguas repartidas como de fuego a la tierra para anunciar que el sacrificio de Cristo había sido aceptado en el cielo indicando así que el santuario celestial estaba abierto para recibir clientes.
En las últimas tres páginas de su incomparable libro sobre la vida de Cristo, El Deseado de Todas las Gentes, Elena White describe vívidamente como Jesús se acercó a Su Padre para escuchar de sus propios labios que Su sacrificio había sido aceptado y que ahora podía derramar el Espíritu Santo de la promesa sobre sus discípulos:
“Todo el cielo estaba esperando para dar la bienvenida al Salvador a los atrios celestiales. Mientras ascendía, iba adelante, y la multitud de cautivos libertados en ocasión de su resurrección le seguía. La hueste celestial, con aclamaciones de alabanza y canto celestial, acompañaba al gozoso sequito.
Al acercarse a la ciudad de Dios, la escolta de ángeles demanda: ‘Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria.’ Gozosamente los centinelas de guardia responden: ‘Quien es este rey de gloria?’ Dicen esto, no porque no sepan quién es, sino porque quieren oír la respuesta de sublime loor: ‘Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla. Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrara el Rey de gloria.’
Vuelve a oírse otra vez: ‘¿Quién es este Rey de gloria?’ Porque los ángeles no se cansan nunca de oír ensalzar su nombre. Y los ángeles de la escolta responden: “Jehová de los ejércitos, él es el Rey de la gloria.’
Entonces los portales de la ciudad de Dios se abren de par en par, y la muchedumbre angélica entra por ellos en medio de una explosión de armonía triunfante.
Allí está el trono, y en derredor el arco iris de la promesa. Allí están los querubines y los serafines. Los comandantes de las huestes angélicas, los hijos de Dios, los representantes de los mundos que nunca cayeron, están congregados. El concilio celestial delante del cual Lucifer había acusado a Dios y a su Hijo, los representantes de aquellos reinos sin pecado, sobre los cuales Satanás pensaba establecer su dominio, todos están allí para dar la bienvenida al Redentor. Sienten impaciencia por celebrar su triunfo y glorificar a su Rey.
Pero con un ademán, el los detiene. Todavía no; no puede ahora recibir la corona de gloria y el manto real. Entra a la presencia de su Padre. Señala su cabeza herida, su costado traspasado, sus pies lacerados; alza sus manos que llevan la señal de los clavos. Presenta los trofeos de su triunfo; ofrece a Dios la gavilla de las primicias, aquellos que resucitaron con el como representantes de la gran multitud que saldrá de la tumba en ocasión de su segunda venida. Se acerca al Padre, ante quien hay regocijo por un solo pecador que se arrepiente. Desde antes que fueran echados los cimientos de la tierra, el Padre y el Hijo se habían unido en un pacto para redimir al hombre en caso de que fuese vencido por Satanás. Habían unido sus manos en un solemne compromiso de que Cristo seria fiador de la especie humana. Cristo había cumplido este compromiso. Cuando sobre la cruz exclamo: ‘Consumado es,’ se dirigió al Padre. El pacto había sido llevado plenamente a cabo. Ahora declara: Padre, consumado es. He hecho tu voluntad, oh Dios mío. He completado la obra de la redención. Si tu justicia está satisfecha, ‘aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, ellos estén también conmigo.’
Se oye entonces la voz de Dios proclamando que la justicia está satisfecha. Satanás está vencido. Los hijos de Cristo, que trabajan y luchan en la tierra, son ‘aceptos en el Amado.’ Delante de los ángeles celestiales y los representantes de los mundos que no cayeron, son declarados justificados. Donde el este, allí estará su iglesia. ‘La misericordia y la verdad se encontraron: la justicia y la paz se besaron.’ Los brazos del Padre rodean a su Hijo, y se da la orden: ‘Adórenlo todos los Ángeles de Dios.’
Con gozo inefable, los principados y las potestades reconocen la supremacía del Príncipe de la vida. La hueste angélica se postra delante de él, mientras que el alegre clamor llena todos los atrios del cielo: ‘¡Digno es el Cordero que ha sido inmolado, de recibir el poder, y la riqueza, y la sabiduría, y la fortaleza, y la honra, y la gloria, y la bendición!’
Los cantos de triunfo se mezclan con la música de las arpas angelicales, hasta que el cielo parece rebosar de gozo y alabanza. El amor ha vencido. Lo que estaba perdido se ha hallado. El cielo repercute con voces que en armoniosos acentos proclaman: ‘Bendición, y honra y gloria y dominio al que está sentado sobre el trono, y al Cordero, por los siglos de los siglos.’” El Deseado de Todas las Gentes, pp. 772, 773
Elena White explicó lo que significaba el fuego que cayó en el día del Pentecostés:
“El rasgamiento del velo del templo demostró que los sacrificios y los ritos judaicos ya no serían aceptados. El gran Sacrificio ya había sido ofrecido y aceptado, y el Espíritu Santo que descendió en el día de Pentecostés apartó la atención de los discípulos del santuario terrenal para dirigirla al celestial, donde Jesús entró por medio de su propia sangre, para derramar sobre sus discípulos [no sobre todo el mundo] los beneficios [su vida y su muerte en nuestro lugar] de su expiación.” Historia de la Redención, p. 405
Jesús no podía derramar sobre sus discípulos los beneficios de Su expiación sin haber adquirido primero dichos beneficios. Los beneficios los obtuvo en el campamento y en el atrio. ¿Y qué eran esos beneficios? Su vida perfecta y su muerte en la cruz.
La misión de los discípulos
¿De qué valía que Jesús comenzara su obra intercesora en el cielo si nadie lo sabía en la tierra? La misión de los discípulos era predicarles a los judíos y luego a los gentiles que el santuario estaba abierto—que podían venir arrepentidos y recibir individualmente los beneficios de la obra terrenal de Cristo. En el bautismo no solo recibirían perdón sino también el poder del Espíritu Santo para llegar a ser ellos testigos también (Hechos 2:38)
¿Qué hicieron los discípulos cuando oraron por el Espíritu Santo y lo recibieron? La respuesta es que llegaron a ser testigos a otros. Bebieron de la fuente y luego se convirtieron en fuente de salvación para otros.
¡Al menos que estemos dispuestos a dar, no recibiremos pues el propósito de recibir es dar! Jesús dijo: “dad y se os dará.” Los discípulos recibieron el poder con el fin de ser testigos. Bebieron del manantial y se convirtieron en tributarias del manantial.
Hechos 1:7-8:
“Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; 8 pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”
La mujer samaritana Juan 4:13, 14:
La historia de la mujer Samaritana ilustra lo que significa recibir para dar. Esta mujer bebió de la fuente y luego se convirtió en una fuente de vida para el pueblo a donde vivía. Jesús le había dicho a la mujer:
“Cualquiera que bebiere de está agua [del agua del pozo de Jacob], volverá a tener sed; 14 más el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.”
La mujer trajo a toda la ciudad de Sicar para escuchar las palabras de Jesús. Sobre este episodio Elena White escribió:
Cualquiera que bebiere de está agua, volverá a tener sed; 14 Más el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.
“Tan pronto como halló al Salvador, la mujer samaritana 70 que habló con Jesús junto al pozo de Jacob, trajo otros a él. Así dio pruebas de ser una misionera más eficaz que los propios discípulos. Ellos no vieron en Samaria indicios de que fuera un campo alentador. Fijaban sus pensamientos en una gran obra futura, y no vieron que en derredor de sí había una mies que segar. Pero por medio de la mujer a quien ellos despreciaron, toda una ciudad llegó a oír a Jesús. Ella llevó en seguida la luz a sus compatriotas. está mujer representa la obra de una fe práctica en Cristo. Cada verdadero discípulo nace en el reino de Dios como misionero. Apenas llega a conocer al Salvador, desea hacerlo conocer a otros. La verdad salvadora y santificadora no puede quedar encerrada en su corazón. El que bebe del agua viva llega a ser una fuente de vida. El que recibe se transforma en un dador.” El Ministerio de Curación, pp. 69, 70