Resurse Spaniolă
ESTUDIO ADICIONAL: SIETE PASOS A LA PERSECUCIÓN
Introducción
En esta lección vamos a estudiar siete eventos en cadena que están en los primeros capítulos del libro Hechos de los Apóstoles. Hallaremos que cada evento lleva lógicamente al siguiente. Luego haremos una aplicación final a la iglesia de hoy.
Siete pasos del estudio
- La condición de los apóstoles antes de la pasión de Jesús.
- La espera de los discípulos para la efusión del Espíritu Santo.
- La recepción del poder del Espíritu Santo en el Pentecostés.
- La predicación de la Palabra con denuedo y poder.
- El crecimiento explosivo de la iglesia por causa de la predicación.
- Satanás pierda millares de sus súbditos por causa de la predicación.
- La persecución viene por causa de la predicación de la Palabra.
Paso #1: Un grupo egoísta y desunido
Examinemos las prioridades y actitudes de los discípulos antes de la pasión y muerte de Jesús.
Los discípulos tenían un espíritu vengativo:
Santiago y Juan (los hijos del trueno) ofrecieron hacer que fuego descendiera del cielo para consumir a las ciudades de los samaritanos. Si Jesús hubiese instalado a estos dos a su derecha e izquierda, hubieran acabado por la fuerza con todo aquel que no aceptaba a Jesús como Mesías.
Lucas 9:53-54: “Mas no le recibieron, porque su aspecto era como de ir a Jerusalén. 54 Viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma?” Servían a Jesús por recompensa: Los discípulos querían saber constantemente qué ganarían por haberlo dejado todo para seguir a Jesús.
Mateo 19:27: “Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?”
Les importaba tan solo su propia dignidad:
Juan 13:6, 8: En el Aposento Alto, ningún discípulo estuvo dispuesto de ‘rebajarse’ para lavarle los pies a sus colegas: “Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? 8 Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo.”
Todos lucharon por ser el mayor:
Marcos 9:33, 34: “Y llegó a Capernaúm; y cuando estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino? 34 Mas ellos callaron; porque en el camino habían disputado entre sí, quién había de ser el mayor.”
Santiago y Juan deseaban ocupar la posición más alta en el reino venidero:
Santiago y Juan persuadieron a su madre para que le pidiera a Jesús que les diera los primeros puestos en el reino. Sabemos que fue iniciativa de ellos, porque luego Jesús les preguntó si eran capaces de beber la copa y ser bautizados con el bautismo, a lo cual ellos respondieron, ‘podemos’.
Mateo 20:20, 21: “Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo. 21 Él le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda.”
Los apóstoles se preocuparon por salvar sus propias vidas:
Abandonaron a Jesús en el Getsemaní por temor a ser arrestados con Jesús:
Marcos 14:50: “Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron.”
Pedro se avergonzó de que lo asociaran con Jesús:
Marcos 14:71: “Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco a este hombre de quien habláis.”
Resumen:
Cada uno de los discípulos tenía sus propios objetivos personales. Estaban buscando los mejores puestos, salvar sus vidas, salvaguardar sus reputaciones, lograr sus propios intereses personales, ganar su propia posición y su propia prosperidad económica.
El grupo de los discípulos se componía de personas vastamente diferentes.
Simón el Celote era un terrorista.
Judas era un administrador sagaz quien tenía una alta opinión de sus capacidades y pensaba que los otros discípulos eran unos ignorantes.
Mateo era un odiado cobrador de impuestos.
Santiago y Juan eran hijos del trueno con una mecha corta y un temperamento violento.
Pedro era violento, mal hablado e impetuoso. Siempre parecía poner la lengua en cuarta antes de poner el cerebro en primera.
Tomas era el filósofo del grupo quien parecía dudar de todo al menos que lo pudiera ver con sus propios ojos.
¿Cómo podía Jesús unir a un grupo tan diverso, conflictivo y discordante? ¡Parecía imposible unirlos en un solo cuerpo para cumplir una misión en común!
En camino al Getsemaní Jesús oró a su Padre para que uniera a ese grupo discorde a fin de que llegasen a ser uno en pensamiento, en corazón y en acción.
Juan 17:20-23: “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, 21 para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. 22 La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. 23 Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.”
Paso #2: Esperaron ‘activamente’ por el poder
El secreto del éxito en el evangelismo está en prepararnos para recibir el poder para luego salir a trabajar. ¡Los diez días antes del Pentecostés los discípulos no estaban meramente sentados haciendo nada! Estaban preparándose para recibir el poder de lo alto.
Jesús les sopló el Espíritu Santo a los discípulos en el Aposento Alto la noche de la resurrección para vaciarlos del yo. Así tendrían la capacidad de ser llenos del Espíritu Santo en el día del Pentecostés. Juan 20:21-23:
“Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío. 22 Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. 23 A quienes remitiereis los pecados, les son [han sido] remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son [han sido] retenidos.”
Hechos 1:4, 8:
“Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. . . 8 pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”
Mateo 28:18-20:
En la mañana de la resurrección, el Padre le dio a Jesús toda la autoridad en el cielo y en la tierra, pero los discípulos debían esperar hasta que Jesús los invistiera con poder para cumplir la obra de evangelizar:
“Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra [el Padre le dio toda autoridad cuando ascendió al cielo en la mañana de la resurrección]. 19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amen.”
Diez días antes del Pentecostés:
Algo extraordinario ocurrió con los discípulos durante los diez días entre la ascensión y el Pentecostés.
Hechos 1:14: Estaban activos en oración y ruego. Ya no había rivalidades entre ellos pues todos perseveraban unánimes: “Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.”
Hechos 2:1: “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.”
Después del día del Pentecostés, los apóstoles exhibieron la conducta que habían manifestado en el Aposento Alto durante los diez días de preparación:
Hechos 2:42: “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.”
Los apóstoles vendieron sus propiedades para ayudar a los necesitados. Su enfoque había cambiado de sí mismos a Cristo. Su tiempo, sus talentos, su dinero, sus fuerzas y su influencia los invertían en la causa de salvar almas.
Hechos 2:45: “. . . y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno.”
Hechos 2:46, 47: “Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, 47 alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.”
Claramente su enfoque había cambiado radicalmente. Todos tenían un Señor, un latir de corazón, un solo enfoque. Su centro de atención había cambiado de sí mismos a Jesús y a los demás.
Los discípulos pasaron diez días orando, estudiando, reconciliando sus diferencias y uniéndose en un solo cuerpo. Cuando vino el día del Pentecostés formaban un solo cuerpo, con muchos miembros y solo una cabeza, Cristo Jesús.
“Mientras los discípulos esperaban el cumplimiento de la promesa, humillaron sus corazones con verdadero arrepentimiento, y confesaron su incredulidad. Al recordar las palabras que Cristo les había hablado antes de su muerte, entendieron más plenamente su significado. Fueron traídas de nuevo a su memoria verdades que habían olvidado, y las repetían unos a otros. Se reprocharon a sí mismos el haber comprendido tan mal al Salvador. Como en procesión, pasó delante de ellos una escena tras otra de su maravillosa vida. Cuando meditaban en su vida pura y santa, sentían que no habría trabajo demasiado duro, ni sacrificio demasiado grande, si tan sólo pudiesen ellos atestiguar con su vida la belleza del carácter de Cristo. ¡Oh, si tan sólo pudieran vivir de nuevo los tres años pasados, pensaban ellos, de cuán diferente modo procederían! Si sólo pudieran ver al Señor de nuevo, cuán fervorosamente tratarían de mostrar la profundidad de su amor y la sinceridad de la tristeza que sentían por haberle apenado con palabras o actos de incredulidad. Pero se consolaron con el pensamiento de que habían sido perdonados. Y resolvieron que, hasta donde fuese posible, expiarían su incredulidad confesándolo valientemente delante del mundo.
Los discípulos oraron con intenso fervor pidiendo capacidad para encontrarse con los hombres, y en su trato diario hablar palabras que pudieran guiar a los pecadores a Cristo. Poniendo aparte toda diferencia, todo deseo de supremacía, se unieron en estrecho compañerismo cristiano. Se acercaron más y más a Dios, y al hacer esto, comprendieron cuán grande privilegio habían tenido al poder asociarse tan estrechamente con Cristo. La tristeza llenó sus corazones al pensar en cuántas veces le habían apenado por su tardo entendimiento y su incomprensión de las lecciones que, para el bien de ellos, estaba procurando enseñarles.” Hechos de los Apóstoles, pp. 29, 30
Paso #3: Recibieron el poder
Después que el Espíritu los había vaciado del yo, los apóstoles fueron llenos con la plenitud del Espíritu Santo (Hechos 2:1-4). Dios les impartió el don de lenguas para que pudieran compartir el evangelio en muchas naciones y lenguas.
Hechos 2:1-4: “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. 2 Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; 3 y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. 4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.”
Paso #4: Predicaron a Jesús
Pedro predicó un solo sermón en el día del Pentecostés y se bautizaron tres mil almas. ¡Qué gran éxito evangelístico hay cuando el mensaje se proclama con el poder del Espíritu Santo! El lema evangelístico no fue ‘los mis días de cosecha’ sino ‘el día de cosechar miles’. Los apóstoles ahora eran temerarios y valientes:
Hechos 4:13: “Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras [agrámmatos] y del vulgo [idiótes], se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús.”
Hechos 4:19-20: “Más Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; 20 porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.”
Hechos 4:29-31: “Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu Palabra, 30 mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús. 31 Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la Palabra de Dios.”
Paso #5: Los resultados: La conversión de miles
Hechos 1:15: Comenzaron con ciento veinte en el Aposento Alto: “En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos (y los reunidos eran cómo ciento veinte en número).”
Hechos 2:41, 42: El día del Pentecostés se convirtieron y bautizaron tres mil: “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. 42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.”
Hechos 4:4: Poco después de unieron a ellos cinco mil: “Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil.”
Hechos 4:32: Con el transcurso del tiempo creyeron multitudes: “Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común.”
Hechos 5:14: Un gran número de hombres y mujeres creyeron: “Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres.”
Hechos 6:7: El número de conversos se multiplicaba grandemente: “Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe.”
Hechos 9:31: Se sembraron iglesias por todas partes: “Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo.”
Hechos 14:1: Una gran multitud en Iconio creyó: “Aconteció en Iconio que entraron juntos en la sinagoga de los judíos, y hablaron de tal manera que creyó una gran multitud de judíos, y asimismo de griegos.”
Hechos 21:20: Millares de judíos creyeron: “Cuando ellos lo oyeron, glorificaron a Dios, y le dijeron: Ya ves, hermano, cuántos millares de judíos hay que han creído; y todos son celosos por la ley.”
Ya no les importaba el dinero, el poder, la reputación, la dignidad, la posición o aún la vida misma con tal de predicar el evangelio. Su nuevo centro de enfoque eran Jesús y su misión.
“¿Cuál fue el resultado del derramamiento del Espíritu en el día de Pentecostés? Las alegres nuevas de un Salvador resucitado fueron llevadas a las más alejadas partes del mundo habitado. Mientras los discípulos proclamaban el mensaje de la gracia redentora, los corazones se entregaban al poder de su mensaje. La iglesia veía afluir a ella conversos de todas direcciones. Los apóstatas se reconvertían. Los pecadores se unían con los creyentes en busca de la perla de gran precio. Algunos de los que habían sido los más enconados oponentes del Evangelio, llegaron a ser sus campeones.” Hechos de los Apóstoles, p. 39
Los apóstoles no necesitaban de métodos novedosos que apelaban a las emociones y al deseo por algo y excitante. No necesitaron de mimas, conciertos, dramas, exhibiciones de magia, títeres, música cristiana contemporánea, desayunos continentales, café, o incentivos artificiales para atraer a las multitudes. Bastaba tener a Jesús, su Palabra y el Espíritu Santo para compungir a las multitudes.
Paso #6: Satanás perdió sus súbditos
“Aunque la compasión divina se notaba en cada una de sus palabras y acciones [de Jesús], su diferencia del mundo provocó una hostilidad amarguísima. Porque no daba licencia a la manifestación de las malas pasiones de nuestra naturaleza, excitó la más cruel oposición y enemistad. Así será con todos los quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús. Entre la justicia y el pecado, el amor y el odio, 29 la verdad y el engaño, hay una lucha imposible de suprimir. Cuando se presentan el amor de Cristo y la belleza de su santidad, se le restan súbditos al reino de Satanás, y esto incita al príncipe del mal a resistir. La persecución y el oprobio esperan a quienes están dominados por el Espíritu de Cristo. El carácter de la persecución cambia con el transcurso del tiempo, pero el principio o espíritu fundamental es el mismo que dio muerte a los elegidos de Dios desde los días de Abel.” El Discurso Maestro de Jesucristo, pp. 28, 29
Paso #7: La persecución
“No hay duda de que los cristianos primitivos fueron un pueblo peculiar. Su conducta intachable y su fe inquebrantable constituían un reproche continuo que turbaba la paz del pecador. Aunque pocos en número, escasos de bienes, sin posición ni títulos honoríficos, aterrorizaban a los obradores de maldad
dondequiera que fueran conocidos su carácter y sus doctrinas. Por eso los odiaban los impíos, como Abel fue aborrecido por el impío Caín. Por el mismo motivo que tuvo Caín para matar a Abel, los que procuraban librarse de la influencia refrenadora del Espíritu Santo daban muerte a los hijos de Dios. Por ese mismo motivo los judíos habían rechazado y crucificado al Salvador, es a saber, porque la pureza y la santidad del carácter de este constituían una reprensión constante para su egoísmo y corrupción. Desde el tiempo de Cristo hasta hoy, sus verdaderos discípulos han despertado el odio y la oposición de los que siguen con deleite los senderos del mal.” El Conflicto de los Siglos, p. 43
“La historia de la iglesia primitiva atestigua que se cumplieron las palabras del Salvador. Los poderes de la tierra y del infierno se aliaron para atacar a Cristo en la persona de sus discípulos. El paganismo previó que, de triunfar el evangelio, sus templos y sus altares serían derribados, y reunió sus fuerzas para destruir el cristianismo. Se incendió el fuego de la persecución. Los cristianos fueron despojados de sus posesiones y expulsados de sus hogares. Todos ellos sufrieron “gran combate de aflicciones”. “Experimentaron vituperios y azotes; y a más de esto prisiones y cárceles”. Hebreos 10:32; 11:36. Muchos sellaron su testimonio con su sangre. Nobles y esclavos, ricos y pobres, sabios e ignorantes, todos eran muertos sin misericordia.
Estas persecuciones que empezaron bajo el imperio de Nerón, cerca del tiempo del martirio de San Pablo, continuaron con mayor o menor furia por varios siglos. Los cristianos eran acusados falsamente de los más espantosos crímenes y eran señalados como la causa de las mayores calamidades: hambres, pestes y terremotos. Como eran objeto de los odios y sospechas del pueblo, no faltaban los delatores que por vil interés estaban listos para vender a los inocentes. Se los condenaba como rebeldes contra el imperio, enemigos de la religión y una peste para la sociedad. Muchos eran arrojados a las fieras o quemados vivos en los anfiteatros. Algunos eran crucificados; a otros los cubrían con pieles de animales salvajes y los echaban a la arena para ser despedazados por los perros. Estos suplicios constituían a menudo la principal diversión en las fiestas populares. Grandes muchedumbres solían reunirse para gozar de semejantes espectáculos y saludaban la agonía de los moribundos con risotadas y aplausos.” El Conflicto de los Siglos, p. 38
Las últimas palabras de Pablo:
2 Timoteo 4:6-8: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. 8 Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.”
El último pedido de Pedro:
“A Pedro, por ser judío y extranjero, le condenaron a recibir azotes y a ser crucificado después. En perspectivas de esa espantosa muerte, el apóstol recordó su gravísimo pecado de negar a Jesús en la hora de su prueba. Aunque una vez se había mostrado tan poco dispuesto a reconocer la cruz, tenía ahora por gozo dar su vida por el Evangelio, sintiendo tan sólo que fuese demasiada honra para él morir como había muerto el Señor a quien había negado. Pedro se había arrepentido sinceramente de su pecado, y Cristo le había perdonado, según lo comprueba el altísimo encargo de apacentar a las ovejas y corderos del rebaño. Pero Pedro no podía perdonarse a sí mismo. Ni aun el pensamiento de las agonías de la muerte que le aguardaba era capaz de mitigar la amargura de su aflicción y arrepentimiento. Como último favor, suplicó a sus verdugos que lo crucificaran cabeza abajo. La súplica fue otorgada, y de esa manera murió el gran apóstol Pedro.” Hechos de los Apóstoles, p. 429
En el año 107 DC echaron a Ignacio, obispo de Antioquía, a los leones en el anfiteatro de Esmirna. Antes de morir, pronunció las siguientes memorables palabras:
“Que me devoren las bestias salvajes y así podré alcanzar la presencia de Dios. Soy el trigo de Dios y las bestias salvajes me muelen a fin de que pueda ser hallado el pan puro de Cristo. Persuadid a las bestias para que sean mi sepulcro, y no dejen nada de mi cuerpo para que cuando me haya dormido no sea un estorbo para nadie.”
Policarpo, obispo de Esmirna, nació en el año 69 DC y fue quemado en la hoguera en el año 156 DC. Antes de morir confesó su inquebrantable fidelidad a Jesús:
“Por 86 años he sido su esclavo y no me ha hecho ningún mal; ¿cómo puedo blasfemar a mi rey quien me ha salvado?”
Tertuliano:
“Más somos cuanto derramáis más sangre; que la sangre de los cristianos es semilla” (Tertuliano, Apología, párr. 50).
El desarrollo de los eventos en Hechos 3-5
Hechos 3: Pedro y Juan sanaron a un paralítico.
Hechos 4:3: El Sanedrín arrestó a Pedro y a Juan y los retuvo en la cárcel esa noche para convocarlos ante el concilio el siguiente día.
Hechos 4:8-12: El siguiente día Pedro dio un discurso ante el Sanedrín: “Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Gobernantes del pueblo, y ancianos de Israel: 9 Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera éste haya sido sanado, 10 sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel que, en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. 11 Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. 12 Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.
Hechos 4:13: El Sanedrín se dio cuenta que Pedro y Juan habían estado con Jesús: “Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras [agrámmatos] y del vulgo [idiótes], se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús.”
Hechos 4:20: Los miembros del Sanedrín deliberaron sobre qué hacer con Pedro y Juan y les mandaron que no predicaran más en el nombre de Jesús, a lo cual replicó Pedro: “. . . porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.”
Hechos 4:21-30: Los miembros del Sanedrín amenazaron y soltaron a Pedro y a Juan quienes les rindieron un informe a sus colaboradores.
Hechos 4:31: Luego los creyentes oraron y recibieron el poder del Espíritu Santo para hablar la Palabra con denuedo: “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios.”
Hechos 5: Los apóstoles de nuevo predicaron y sanaron a los enfermos. El Sanedrín los arrestó de nuevo y los colocó en la cárcel. Un ángel de Dios los libró de la cárcel y les mandó a predicar en el atrio del templo.
El Sanedrín arrestó nuevamente a Pedro y a Juan y los llevó ante el concilio a donde el sumo-sacerdote les dijo: “Acaso no les prohibimos que predicaran en el nombre de Jesús?” a lo cual Pedro respondió, “es menester obedecer a Dios antes que a los hombres.”
Hechos 5:33: El Sanedrín entonces quería matarlos: “Ellos, oyendo esto, se enfurecían y querían matarlos.”
En medio del tumulto, Gamaliel le brindó al concilio su sabio consejo:
Hechos 5:41, 42: “Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre. 42 Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo.”
Conclusión: Aplicación a nuestro día
2 Timoteo 3:12: Todo verdadero cristiano padecerá persecución:
“Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución.”
Juan 17:14: El mundo aborrece a los verdaderos cristianos porque no son del mundo: “Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.”
Santiago 4:4: Los que son amigos del mundo, son enemigos de Dios: “!!Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.”
1 Juan 2:15-17: El amor del Padre no está en los que aman al mundo: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. 16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. 17 Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.”
Hay un concepto erróneo en cuanto a lo que significa la palabra ‘mundano’. ¿Qué es lo que caracteriza a una persona que es mundana? La mundanalidad significa estar más enfocado en el aquí y ahora que en el mundo venidero. Significa que nuestra atención está fija en este mundo. Nos enfocamos en la ropa que llevamos, las casas donde vivimos, los autos que manejamos, el entretenimiento del cual participamos. La manera en que empleamos el dinero y pasamos nuestro tiempo revela si somos mundanos o cristianos.
¿Tenemos tiempo para trabajar, jugar, ver televisión e ir de compras, pero poco tiempo para estudiar la Biblia, orar, asistir a la iglesia, al culto de oración y para hacer obra misionera? La mundanalidad es una orientación hacia este mundo que opaca nuestro anhelo por vivir en el mundo venidero.
“Otro asunto hay de más importancia aún, que debería llamar la atención de las iglesias en el día de hoy. El apóstol Pablo declara que “todos los que quieren vivir píamente en Cristo Jesús, padecerán persecución”. 2 Timoteo 3:12. ¿Por qué, entonces, parece adormecida la persecución en nuestros días? El único motivo es que la iglesia se ha conformado a las normas del mundo y por lo tanto no despierta oposición. La religión que se profesa hoy no tiene el carácter puro y santo que distinguiera a la fe cristiana en los días de Cristo y sus apóstoles. Si el cristianismo es aparentemente tan popular en el mundo, ello se debe tan solo al espíritu de transigencia con el pecado, a que las grandes verdades de la Palabra de Dios son miradas con indiferencia, y a la poca piedad vital que hay en la iglesia. Revivan la fe y el poder de la iglesia primitiva, y el espíritu de persecución revivirá también y el fuego de la persecución volverá a encenderse.” El Conflicto de los Siglos, p. 45
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