Resurse Spaniolă
ESTUDIO ADICIONAL: EL ISRAEL DE DIOS

Multitudes aceptaron la fe cristiana
A partir del día del Pentecostés, multitudes de laicos y sacerdotes se unieron a la iglesia cristiana:
Hechos 6:7: “Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe.”
Esteban fue uno de los instrumentos que usó Dios para producir este crecimiento explosivo de la iglesia:
Hechos 6:8: “Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo.”
Un prospecto prometedor
Saulo de Tarso no era un peso-pluma, sino un gigante intelectual quien tenía un futuro brillante en el judaísmo. Era joven, energético y persistente y tenía un solo objetivo en mente, destruir el creciente movimiento cristiano que amenazaba la existencia misma del judaísmo.
Saulo creía que Dios había escogido incondicional e irrevocablemente a la nación judía y ¡hay del que pensara lo contrario! Para Saulo, la preservación del judaísmo era la primera prioridad. Su orgullo nacionalista se refleja en las siguientes palabras:
Hechos 22:3:
“Yo de cierto soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel, estrictamente conforme a la ley de nuestros padres, celoso de Dios, como hoy lo sois todos vosotros.”
Saulo persiguió a la iglesia por la misma razón que sus antecesores habían perseguido a Cristo. Temía que el cristianismo creciera tanto que los romanos vendrían para destruir su lugar santo y su nación. Ya Caifás había expresado el mismo temor:
Juan 11:47-50:
“Entonces los principales sacerdotes y los fariseos reunieron el concilio, y dijeron: ¿Qué haremos? Porque este hombre hace muchas señales. 48 Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los romanos, y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación. 49 Entonces Caifás, uno de ellos, sumo sacerdote aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada; 50 ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca.”
Así como sus tutores, Saulo se convirtió en inquisidor y perseguidor de la iglesia. En sus propias palabras:
Hechos 26:9-11:
“Yo ciertamente había creído mi deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret; 10 lo cual también hice en Jerusalén. Yo encerré en cárceles a muchos de los santos, habiendo recibido poderes de los principales sacerdotes; y cuando los mataron, yo di mi voto. 11 Y muchas veces, castigándolos en todas las sinagogas, los forcé a blasfemar; y enfurecido sobremanera contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades extranjeras.”
La muerte de Esteban
Saulo estuvo presente en el apedreamiento de Esteban, pero sin saber que ese evento cambiaría radicalmente su futuro:
Hechos 7:57, 58:
“Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él. 58 Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo.”
Saulo no solo hizo acto de presencia en el martirio de Esteban, sino que fue uno de los cabecillas:
Hechos 22:20: “y cuando se derramaba la sangre de Esteban tu testigo, yo mismo también estaba presente, y consentía en su muerte, y guardaba las ropas de los que le mataban.”
La expedición de Saulo a Damasco
Después del apedreamiento de Esteban, Saulo pataleó contra el aguijón de su conciencia. Sabía que Esteban tenía razón y para acallar su consciencia emprendió una expedición a Damasco con el fin de aprisionar a los seguidores de Jesús y así salvar a la nación judía de la ruina. Aunque el viaje fue largo, Saulo esperaba que pagara ricos dividendos. Sin lugar a dudas, viajó de Jerusalén al norte de Israel, cruzando el Líbano y entrando a Siria desde el occidente. Así describe Lucas la cruzada de Saulo:
Hechos 9:1, 2:
“Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, 2 y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que, si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén.”
Al acercarse a Damasco desde el occidente, Saulo tuvo una experiencia que cambió radicalmente y para siempre el rumbo de su vida y su teología. ¡Tuvo un encuentro personal con Jesús!
Saulo descubrió que al perseguir al cuerpo de Cristo estaba persiguiendo a Cristo pues Cristo es la cabeza y su iglesia es el cuerpo. La conciencia de Saulo lo había atormentado desde el apedreamiento de Estaban y sabía en las profundidades de su ser que Esteban estaba en lo correcto y que él estaba en él error.
Hechos 9:3-6:
“Más yendo por el camino, aconteció que, al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; 4 y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? 5 Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. 6 El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer.”
Unión con Cristo
Después de su conversión, Saulo fue bautizado en la casa de Ananías y recibió el Espíritu Santo:
Hechos 7:57, 58:
“El Señor le dijo [a Ananías]: Ve [a la casa de Judas], porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; 16 porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre. 17 Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno
del Espíritu Santo. 18 Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado.”
En su bautismo Saulo se unió a Cristo:
Gálatas 3:27, 29:
‘porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.” Mientras que Saulo se había considerado hijo de Abraham por excelencia antes de aceptar a Cristo, ahora se dio cuenta que en sentido espiritual no lo era. Cayó en cuenta que cuando se unió con Cristo en su bautismo, llegó a ser en verdad simiente de Abrahán y heredero de todas las promesas que Dios le diera a Abraham: Gálatas 3:29: “Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.”
Cambio de enfoque
Todo el enfoque de la teología de Saulo cambió del Israel literal a Cristo:
Hechos 9:22: “Pero Saulo mucho más se esforzaba, y confundía a los judíos que moraban en Damasco, demostrando que Jesús era el Cristo [es decir, el Mesías].”
El encuentro de Saulo con Cristo en el camino a Damasco lo impactó profundamente. Esto lo sabemos pues en el libro de Hechos, Pablo contó su historia dos veces (Hechos 22, 26) y Lucas la contó una: (Hechos 9).
Más adelante el apóstol le escribió a los Filipenses en cuanto al impacto de su conversión:
Filipenses 3:3-11:
“Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne. 4 Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: 5 circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; 6 en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible. 7 Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. 8 Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, 9 y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; 10 a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, 11 si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos.”
El cambio radical de enfoque del Israel literal a Cristo llevó al apóstol a tener la disposición de sufrir y aún de morir por su Maestro:
2 Corintios 11:22-28:
“¿Son hebreos? Yo también. ¿Son israelitas? Yo también. ¿Son descendientes de Abraham? También yo. 23 ¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. 24 De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. 25 Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; 26 en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; 27 en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; 28 y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias.”
Saulo descubrió una verdad revolucionaria y es que Dios tiene tan solo un pueblo verdadero—aquellos que han recibido a Cristo como Salvador y Señor. Se dio cuenta que Dios no tiene dos pueblos distintos—los judíos y los gentiles. Entendió finalmente que Dios tiene solo un Israel verdadero, que no se define por su etnicidad, su nacionalidad o su estatus social sino por su relación con Cristo Jesús. Notemos en las Escrituras la unidad de un solo pueblo en Cristo:
Un solo rebaño y un solo pastor
Jesús tiene tan solo un rebaño, no dos:
Juan 10:16: “También tengo otras ovejas [los Gentiles]que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.”
Juan 11:51, 52:
“Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación; 52 y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios [los gentiles] que estaban dispersos.”
Un solo Israel compuesto de creyentes en Jesús
Dios tiene tan solo un verdadero Israel que se define por su relación con Cristo y no por pertenecer al Israel literal:
Romanos 2:28, 29:
“Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; 29 sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios.”
Romanos 9:6-8:
“No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, 7 ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia. 8 Esto es: No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa [judíos espirituales] son contados como descendientes.”
El Israel de Dios no se define geográficamente, étnicamente, genéticamente o nacionalmente sino relacionalmente. Jesús es el único israelita fiel y cuando lo recibimos como Salvador, nosotros llegamos a ser también israelitas en verdad. Es decir, ¡cuando un judío recibe a Cristo como salvador, llega a ser judío en verdad!
Gálatas 3:16, 26-29:
“Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo. . . 26 pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; 27 porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. 28 Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. 29 Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.”
Antes que Dios le cambiara el nombre a Jacob, era un suplantador. Pero después de su lucha con el Ángel de Jehová, su nombre cambió a Israel porque su carácter había cambiado. Igualmente, la conversión de una persona a Cristo lo hace un miembro de Israel:
Juan 1:47-49:
“Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita [alethinos: genuino], en quien no hay engaño [pseudos: ‘falsedad; lo mismo que se dice que no son los 144,000 en Apocalipsis 14:5]. 48 Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. 49 Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel.”
Un solo cuerpo
Cristo, la cabeza, tiene tan solo un cuerpo—la iglesia—que se compone de judíos y gentiles:
Efesios 2:13-18:
“Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. 14 Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, 15 aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, 16 y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. 17 Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; 18 porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.”
Cuando los creyentes se bautizan, se unen en un solo cuerpo:
1 Corintios 12:13: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.”
Los Gentiles son coherederos en un mismo cuerpo con los judíos:
Efesios 3:6: “. . . que los Gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio.”
Colosenses 1:18, 24:
“. . . y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia. . .
24 Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia.” Una sola ciudad Dios tiene una sola ciudad escogida que se compone de los santos de las dos dispensaciones. ¡Es la ciudad del cordero y el cordero es su luz!
Apocalipsis 21:2: “Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido.”
Apocalipsis 21:12: “Tenía un muro grande y alto con doce puertas; y en las puertas, doce ángeles, y nombres inscritos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel.”
Apocalipsis 21:14:
“Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero.”
Hebreos 11:9, 10, 13-16: Aun los héroes del Antiguo Testamento consideraban que la nueva Jerusalén era su ciudad prometida. Sabían que la Jerusalén terrenal era tan solo una miniatura simbólica de la nueva Jerusalén, así como el santuario terrenal era una sombra del celestial:
“Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa 10 porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. . . 13 Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. 14 Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; 15 pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. 16 Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad.”
Conclusión: La ciudad se compone de los redimidos de todas las edades porque en las puertas están los nombres de los doce patriarcas y en los fundamentos se hallan los nombres de los doce apóstoles del Cordero. Dios no tiene dos planes distintos para dos pueblos distintos; tiene un solo plan para todo su pueblo.
Una sola mujer
El libro de Apocalipsis se refiere tan solo a una mujer para ilustrar las dos etapas de la iglesia en el antiguo testamento y en el nuevo. Por eso la mujer tenía doce estrellas sobre su cabeza:
Apocalipsis 12:1, 2, 5, 6:
“Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. 2 Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento. . . 5 Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono. 6 Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten por mil doscientos sesenta días.”
El número 12 es de vital importancia pues simboliza al pueblo de Dios en todas las épocas.
“Así como en el Antiguo Testamento los doce patriarcas eran los representantes de Israel, así los doce apóstoles son los representantes de la iglesia evangélica.” Hechos de los Apóstoles, p. 16
Un solo árbol
El reino de Cristo se compara con un árbol de olivo que da buen fruto. En Romanos 11 el olivo tiene diferentes tipos de ramas, pero todas pertenecen al mismo árbol:
Tiene ramas naturales que son retenidas en el árbol (los judíos literales que creyeron en Jesús).
Tiene ramas naturales que fueron cortadas del árbol (los judíos literales que rechazaron a Jesús).
Tiene ramas naturales que son reinjertadas al árbol (judíos literales que en un principio rechazaron a Jesús y luego lo recibieron).
Tiene ramas de olivo silvestre que son injertadas en el árbol (gentiles que creyeron en Jesús).
Tiene ramas de olivo silvestre que potencialmente pueden ser cortadas del árbol (gentiles que abandonan su relación con Cristo).
La clave se halla en los versículos 20 y 23 a donde dice que para ser parte del árbol hay que creer en Jesús. Ser cortado del árbol significa rechazar a Jesús. La raíz y el tronco representan a Jesús. Si estamos vinculados con el tronco y la raíz produciremos fruto.
Romanos 11:17-26:
“Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo, 18 no te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti. 19 Pues las ramas, dirás, fueron desgajadas para que yo fuese injertado. 20 Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme. 21 Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará. 22 Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado. 23 Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar. 24 Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo? 25 Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; 26 y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. Una sola mesa de banquete
Habrá una sola mesa de banquete en el reino a donde se sentarán todos los redimidos, judíos y Gentiles.
Inmediatamente antes de estos versículos se encuentra la historia del siervo del centurión romano que Jesús sanó:
Mateo 8:11-12:
“Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente [Gentiles], y se sentarán [Jesús dice: ‘en mi mesa’ en Lucas 22:30] con Abrahán e Isaac y Jacob en el reino de los cielos; 12 Más los hijos del reino [el Israel literal que rechaza a Jesús] serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.” Un solo templo espiritual
Dios tiene tan solo un templo espiritual que se compone de los profetas del antiguo testamento y los apóstoles del nuevo. Las piedras del templo son gentiles y judíos y Cristo es la piedra angular:
Efesios 2:19-22:
“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, 20 edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, 21 en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; 22 en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.”
Este concepto tiene implicaciones importantes. Si el templo en el cual se sienta el anticristo no es el templo literal de Jerusalén sino la iglesia, entonces debemos buscar al anticristo en la iglesia.
Un solo himno
Los redimidos vienen de toda nación, tribu, lengua y pueblo y cantan un mismo himno—el cántico de Moisés y del Cordero:
Apocalipsis 15:3-4:
“Y cantan el cántico de Moisés siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos. 4 ¿Quién no te temerá, oh Señor, y glorificará tu nombre? pues sólo tú eres santo; por lo cual todas las naciones vendrán y te adorarán, porque tus juicios se han manifestado.”
Un solo padre
Los redimidos tienen un mismo Padre, el Padre de Cristo Jesús. Aquellos que reciben a Jesús como Salvador y Señor llegan a ser hermanos y hermanas de Jesús y por consecuencia son también hijos e hijas de Dios (Hebreos 2:11).
Gálatas 3:26:
“. . . pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.”
Cuando llegamos a ser hermanos y hermanas de Jesús somos también hijos e hijas de Dios:
Juan 1:12-13:
“Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.”
Juan 14:6: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”
Según Jesús, hay descendientes de Abraham que no son en verdad descendientes de Abraham. Solo los que se han unido a Cristo son en verdad simiente de Abraham y esto incluye judíos y Gentiles:
Juan 8:32-44:
“Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. 33 Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. Cómo dices tú: ¿Seréis libres? 34 Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. 35 Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. 36 Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres. 37 Sé que sois descendientes de Abraham; pero procuráis matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros. 38 Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre. 39 Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es Abraham. Jesús les dijo: Si [que significa que no eran] fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais. 40 Pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios; no hizo esto Abraham. 41 Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Entonces le dijeron: Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios. 42 Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió. 43 ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra. 44 Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.
Gálatas 4:21-31:
Según el apóstol Pablo, los judíos de su día que rechazaban a Jesús eran descendientes de Agar e Ismael mientras que los gentiles que lo recibían eran descendientes de Sara e Isaac. Los judíos que rechazaron a Jesús eran esclavos y los gentiles que lo aceptaron eran libres.
Moisés cubrió su rostro con un velo porque el pueblo no quería ver la gloria de Jesús en su rostro. Asimismo, en los días de Pablo cuando se leían los escritos de Moisés, los judíos tenían un velo sobre su corazón pues no querían ver la gloria de Jesús en los escritos de Moisés:
2 Corintios 3:13-16:
“y no como Moisés, que ponía un velo sobre su rostro, para que los hijos de Israel no fijaran la vista en el fin de aquello que había de ser abolido. 14 Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado. 15 Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo esta puesto sobre el corazón de ellos. 16 Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará.”
Un sumo-sacerdote con un pectoral
Aarón, el sumo-sacerdote de Israel, tenía un pectoral que tenía doce piedras, símbolo de las doce tribus de Israel (Éxodo 28:21). Aarón simbolizaba el sumo-sacerdocio de Jesús (Hebreos 8:1, 2) y Jesús tiene un pectoral con doce piedras que representan a los doce apóstoles. Así vemos una continuidad entre el Israel antiguo y la iglesia del nuevo testamento.
Conclusiones
Los predicadores protestantes de hoy, en cierto sentido, se parecen a Saulo antes de su conversión pues saltan del antiguo testamento al tiempo del fin pasando por alto a Jesús. Afirman que Dios escogió al Israel literal incondicional e irrevocablemente y que todas las promesas que Dios le hizo al Israel literal deben cumplirse con el Israel literal, en la Jerusalén literal, con el templo literal, por tres años y medio literales. Enseñan que vendrán enemigos literales del norte y el oriente literal con armas literales para librar una guerra literal contra la Jerusalén literal. En toda esta interpretación está ausente Cristo.