Resurse Spaniolă
15. EL SEXTO: SEÑALES DEL JUICIO

Apocalipsis 6:12-17: “Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre [no se oscureció]; 13 y las estrellas del cielo cayeron [no se oscurecieron] sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos [que no están maduros] cuando es sacudida por un fuerte viento. [nada de lo siguiente ocurrió en 1844]14 Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar. 15 Y los reyes de la tierra [gobernantes de las naciones de la tierra], y los grandes [los altos oficiales de los gobiernos], los ricos [los que son de la alta sociedad], los capitanes [comandantes militares], los poderosos [los valientes en batalla], y todo siervo y todo libre [los ciudadanos comunes], se escondieron [porque según Génesis 3:8 y Apocalipsis 16:15 están desnudos como Adán y Eva después de pecar] en las cuevas y entre las peñas de los montes; 16 y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos [Oseas 10:8; Lucas 23:30] del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; 17 porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?” [Efesios 6:14; 1 Pedro 5:12; Lucas 11:18]
Las señales: ¿Simbólicas o literales?
La mayor parte del libro de Apocalipsis contiene lenguaje simbólico que hay que descodificar. A pesar de esto, los adventistas siempre han enseñado que el gran terremoto y las señales en el sol, la luna y las estrellas en el sexto sello no se deben entender simbólicamente sino literalmente. ¿Por qué? Hallamos la respuesta en una palabrita que aparece cuatro veces en Apocalipsis 6:12, 13, la palabra “como” (hos).
Ranko Stefanovic explicó la importancia de esta palabra comparativa:
“. . . El uso repetido de la palabra ‘como’ (Gr. hos) en el texto parece ser muy significativo. El sol se pone negro como saco de cilicio, la luna como sangre, las estrellas del cielo caen como los higos de una higuera, y el cielo se desvanece como un pergamino que se enrolla. En griego, esta palabra ‘introduce una analogía figurativa de un evento real’ que se compara con algo que es figurativo. Esto sugiere que las señales celestes deben entenderse literalmente.” (Ranko Stefanovic, Revelation of Jesús Christ, p. 244)
La conexión entre el quinto y sexto sello
El ruego de los mártires del pasado (‘hasta cuando, Señor, no juzgas y vengas’) en Apocalipsis 6:10 halla su respuesta en Daniel 7:8-10; 8:13, 14 a donde comienza el proceso del juicio en el cual el tribunal celestial exonerará a los mártires de los juicios injustos que se emitieron en los tribunales terrenales.
Según estos pasajes en Daniel, el pisotear del santuario y del pueblo de Dios duraría hasta la conclusión de los 2300 días cuando comenzaría el proceso de vindicar el santuario y los santos. Las señales de Apocalipsis 6:12, 13 constituyen el anuncio terrenal de que está concluyendo el largo periodo de opresión y está por comenzar el juicio de exoneración.
Es notable que la sexta iglesia (la puerta abierta al lugar santísimo, Apocalipsis 3:7, 8), el sexto sello (el sellamiento de los 144,000; Apocalipsis 7:1-8) y la sexta trompeta (la visión del arca del pacto; Apocalipsis 11:19) todos apuntan hacia eventos relacionados con el juicio investigador en el lugar santísimo del santuario celestial.
El sexto sello menciona dos terremotos. Uno de ellos ocurre al comienzo del sexto sello (versículo 12) y el otro al final (versículo 14). Apocalipsis 16:18, 20 explica que el segundo terremoto será una catástrofe global. Es decir, el terremoto del versículo 14 es el mismo de Apocalipsis 16:18, 20 a donde el contexto es la séptima plaga. Por un lado, el terremoto de Apocalipsis 6:12 fue preliminar y local y por el otro lado, el de Apocalipsis 16:18 será global y el más grande de la historia, pues removerá montañas e islas de sus lugares.
Los propósitos de las señales
Las señales de Apocalipsis 6. :12, 13 cumplen varias funciones:
Primero, anuncian que la gran tribulación de los 1260 años estaba por terminar (Matthew 24:29).
Segundo, sirvieron como anuncio de la inminente caída del papado.
Tercero, fijaron la atención de la gente en el inicio del juicio en 1844.
Cuarto, sirvieron como indicadores de que estaba por comenzar el tiempo del fin
Finalmente, anunciaron la pronta venida de Jesús (vea abajo la explicación de la palabra ‘pronta’)
Algunos críticos dentro y fuera de la iglesia adventista se burlan de la posición tradicional de la iglesia adventista. Razonan de la siguiente manera:
“¿Cómo puede uno creer que señales que ocurrieron hace más de 250 años son un indicio de la pronta venida de Jesús?”
En la superficie este argumento parece persuasivo hasta que consideramos los 250 años en un contexto más amplio.
Supongamos que voy a emprender un viaje de seis mil kilómetros. Cuando comienzo el viaje no cabe duda que el destino está muy distante. Cuando voy por la mitad del viaje falta aún mucho por llegar al destino. Sin embargo, cuando estoy tan solo a 250 kilómetros del destino, ¿no estaría usted de acuerdo que mi llegada está cerca? Al fin y al cabo, 250 kilómetros de los 6,000 constituyen tan solo un 4%!
El Dr. C. Mervyn Maxwell en su excelente libro, Magnificent Disappointment, pp. 91, 92 (publicado en 1994) puso el intervalo de tiempo entre 1844 y la segunda venida en perspectiva:
“Necesitamos un cambio de perspectiva. En vez de mirar desde el presente hacia atrás 150 años al año 1844, regresemos al comienzo de la historia humana y tomemos en cuenta que 1844 estaba casi seis mil años en el futuro. . . Desde la perspectiva del Edén al comienzo de los seis mil años de la historia, el tiempo que queda entre 1844 y la década de los 1990 es insignificante. Los 150 años entre 1844 y la década de los 1990 representan tan solo un cuarentavo, o 2,5 por ciento, de la historia humana. Más que el 97 por ciento de la historia ocurrió antes de 1844. Sí, estamos viviendo en el tiempo del fin. El juicio final comenzó como si fuera tan solo ayer. La segunda venida de Cristo ocurrirá pronto.”
Los enemigos del adventismo tradicional, tanto dentro como fuera de la iglesia, han declarado que a través de la historia ha habido muchos terremotos grandes, días oscuros y lluvias de estrellas fugaces. Dicen: “qué hace que el terremoto de Lisboa en 1755, el día oscuro de 1870 y la lluvia de Leónidas en 1833 sean especiales? La respuesta tiene que ver con el lugar, el orden, el tiempo y la intensidad de estas señales.
El lugar
No es coincidencia que estas señales ocurrieron en Europa y los Estados Unidos. Europa era un lugar especial porque allí el papado estaba a punto de recibir su herida mortal que concluiría los 1260 años de tribulación. Los Estados Unidos era también un lugar importante (especialmente nueva Inglaterra) porque allí las milleritas iban a proclamar el mensaje
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del juicio a partir de la década de los 1830. C. Mervyn Maxwell explicó muy bien:
“El lugar a donde ocurrieron las señales clásicas es altamente significativo. Ocurrieron primordialmente en Europa y America a donde la gente estaba estudiando las profecías y meditando sobre su significado. Un día oscuro en el desierto del Sahara o una lluvia de estrellas en Nueva Guinea no hubiera significado mucho en aquellos días en lo que respecta la segunda venida para los caníbales caza cabezas o los nómadas musulmanes. Los eventos no necesitan ser globales para impartir un mensaje. Unas pocas millas cuadradas en Hiroshima y Nagasaki fueron suficientes para anunciar el inicio de la era atómica. Un establo en Jerusalén introdujo la era cristiana. Solo unas pocas personas vieron a Jesús después de su resurrección, pero se lo contaron a otros.” Magnificent Disappointment, pp. 93, 94.
El orden:
Estos fenómenos ocurrieron en la historia exactamente en el orden en que aparecen en Apocalipsis 6:12, 13. Primero vino el terremoto de Lisboa en 1755, luego el día oscuro y la luna tornada en sangre en 1780 y finalmente la lluvia de estrellas fugaces en 1833. Muéstreme alguna otra ocasión en menos de cien años a donde estas señales ocurrieron en el orden que menciona el texto. El orden de eventos incentivó a gente a estudiar las profecías.
Apocalipsis 6 describe las señales en el orden exacto en que ocurrieron:
El gran terremoto (1755 DC)
El oscurecimiento del sol (1780 DC)
La luna se volvió como sangre (1780 DC)
Las estrellas cayeron del cielo (1833 DC)
El tiempo:
Estas señales ocurrieron exactamente cuándo debían, inmediatamente antes de concluir los 1260 años de tribulación y poco antes de cumplirse las profecías en cuanto a la caída del papado (1798) y el comienzo del juicio en 1844.
La intensidad:
Concerniente a la intensidad de las señales el Dr. C. Mervyn Maxwell escribió:
“Tan recientemente como 1980, el respetado sismólogo G. A. Eiby, en el capítulo 11 de su libro, Terremotos, clasificó el terremoto de Lisboa como ‘el temblor más grande jamás’ y calculó que puede haber alcanzado el casi increíble 9.0 en la escala Richter, siete veces más fuerte que el terremoto de San Francisco en 1906. . . El día oscuro del 19 de mayo de 1780 no ha sido igualado en America en los doscientos años que han llegado y pasado desde ese tiempo. La lluvia de Leónidas del 13 de noviembre de 1833 dio origen a una nueva rama de la astronomía. . . Al igual que el terremoto de Lisboa y el famoso día oscuro, no ha sido igualado, a pesar de que los científicos esperaban que lo sería.” Magnificent Disappointment, p. 93
Elena White y el sexto sello
Elena White explica las señales de la primera parte del sexto sello en El Conflicto de los Siglos, pp. 305, 332. En la página 305 cita Apocalipsis 6:12 y en la página 332 cita Apocalipsis 6:13. Sin embargo no cita Apocalipsis 6:14-17 (la segunda parte del sexto sello) hasta las pagina 625. ¿Por qué este paréntesis de más de 300 páginas entre sus comentarios sobre los versículos 12, 13, y sus comentarios sobre los versículos 14-17? A fin de comprender este largo paréntesis entre la primera y la segunda parte del sexto sello, necesitamos recordar algunos detalles que ya estudiamos sobre el quinto sello.
El papado tiene dos etapas de dominio, una pasada (durante los 1260 años) y otra futura (después que se le sane la herida).
Por eso la tribulación también tiene dos etapas, una pasada y otra futura. La etapa pasada fue la peor en lo que respecta longitud y la futura
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es la peor en lo que respecta intensidad. Concerniente al primer periodo de tribulación Elena White escribió:
“Durante más de mil años iba a imperar contra los seguidores de Cristo una persecución como el mundo nunca la había conocido antes. Millones y millones de sus fieles testigos iban a ser muertos.” El Deseado de Todas las Gentes, p. 584
Las señales del sexto sello también se cumplen en dos etapas. En la primera etapa las señales anuncian el fin del primer periodo de tribulación (los 1260 años) y el pronto inicio del juicio celestial para ‘juzgar’ (primera parte del quinto sello) los casos de los mártires (1844 hasta el cierre de la gracia). La segunda etapa de señales anuncia el fin del segundo periodo de tribulación y el momento en que Dios va a ‘vengar’ la sangre de los mártires de ambas etapas. Entre estos dos puntos de tiempo transpira el juicio celestial que vindica a los mártires y el sellamiento de los 144,000 que pasarán vivos por la gran tribulación final.
El primer grupo de señales se cumplió en 1755, 1780 y 1833. Estas señales anunciaron que la primera etapa de persecución papal estaba por terminar y el juicio vindicador de los mártires estaba por comenzar. Estas señales son las que se encuentran en Apocalipsis 6:12, 13 y Joel 2:31.
El segundo grupo de señales ocurrirá inmediatamente antes de la segunda venida y anunciará el fin de la segunda etapa de persecución papal. Estas señales son para ‘vengar’ la sangre de los mártires que fueron muertos durante las dos etapas de dominio papal. Apocalipsis 6:14-17 describe están señales. En este mismo momento Dios también librará de la muerte a los 144,000 que pasaron vivos por la gran tribulación final.
Dos grupos de señales
¿Tendrán las señales de Apocalipsis 6:12, 13 un segundo cumplimiento en el futuro como creen algunos? ¡La respuesta categórica es ‘no’! En Joel 2:31 y
Apocalipsis 6:12, 13 tenemos dos detalles que distinguen esas señales de las que aparecen en los versículos 14-17
Primero, según Joel 2:31 las señales de Apocalipsis 6:12, 13 ocurren ‘antes’ del día grande y terrible de Jehová.
Segundo, en las señales de Apocalipsis 6:12, 13 la luna se torna como sangre y las estrellas caen del cielo. Pero en las señales de Apocalipsis 6:14-17, que anuncian la segunda venida, la luna y las estrellas dejan de dar su luz.
Joel 2:10, 11; 3:15, 16 y Mateo 24:30 se refieren a un segundo grupo de señales diferentes de las de Apocalipsis 6:12, 13. El segundo grupo de señales se cumplirá cuando Jesús está a punto de partir del cielo hacia la tierra. El gran terremoto, y el oscurecimiento del sol, la luna y las estrellas anunciará la segunda venida de Jesús. Mientras que el primer grupo de señales fue local, el segundo grupo será global. Las señales que ocurrieron en 1755, 1780 y 1833 son diferentes que las señales que anunciarán la segunda venida.
Apocalipsis 6:12-13: Estos versículos dicen que la luna se tornó como sangre. No dicen que la luna se oscureció. Los versículos también nos dicen que las estrellas cayeron del cielo, no que dejaron de dar su luz. Estas señales preliminares no son las mismas de Mateo 24 donde la voz de Dios moverá a estos cuerpos celestes de sus órbitas. Durante el milenio el planeta estará oscuro por haberse desquiciado estos cuerpos celestes. He aquí las señales de Apocalipsis 6:12, 13:
‘Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre; 13 y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento.”
Las señales de Apocalipsis 6:12, 13 son similares a las de Joel 2:31 (también Hechos 2:20) a donde dice que el sol se oscurecerá y la luna se tornará como sangre antes del día grande y terrible de Jehová:
“El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová.”
Joel 2:10, 11 Las señales de estos versículos son diferentes de las que aparecen en Apocalipsis 6:12, 13 y Joel 2:31. En estos versículos el cielo y la tierra tiemblan, el sol y la luna se oscurecen y las estrellas retraen su resplandor. Los versículos 1-11 describen la segunda venida de Cristo al igual que Apocalipsis 6:14-17. Note que estos versículos terminan con la misma pregunta que Apocalipsis 6:17.
“Delante de él temblará la tierra, se estremecerán los cielos; el sol y la luna se oscurecerán, y las estrellas retraerán su resplandor. 11 Y Jehová dará su orden delante de su ejército; porque muy grande es su campamento; fuerte es el que ejecuta su orden; porque grande es el día de Jehová, y muy terrible; ¿quién podrá soportarlo?”
Joel 3:15, 16: Las señales en estos versículos no son las mismas de Apocalipsis 6:12, 13. El texto dice que los cielos y la tierra temblarán, el sol y la luna se oscurecerán y las estrellas retraerán su resplandor. ¡Las estrellas ciertamente brillaron cuando cayeron del cielo el 13 de noviembre de 1833!
“El sol y la luna se oscurecerán, y las estrellas retraerán su resplandor. 16 Y Jehová rugirá desde Sion, y dará su voz desde Jerusalén, y temblarán los cielos y la tierra; pero Jehová será el refugio de su pueblo [porque los impíos querrán destruirlos], y la fortaleza de los hijos de Israel.”
Isaías 13:10-13: Estos versículos tampoco son paralelos a Apocalipsis 6:12, 13. Isaías escribió que el sol, la luna y las estrellas se oscurecerían. Esto no ocurrió en 1755, 1780 y 1833. Cuando Cristo venga por segunda vez la voz de Dios conmoverá a la tierra y desquiciará a los cuerpos celestes:
“Por lo cual las estrellas de los cielos y sus luceros no darán su luz; y el sol se oscurecerá al nacer, y la luna no dará su resplandor. 11 Y castigaré al mundo por su maldad, y a los impíos por su iniquidad; y haré que cese la arrogancia de los soberbios, y abatiré la altivez de los fuertes. 12 Haré más precioso que el oro fino al varón, y más que el oro de Ofir al hombre. 13 Porque haré estremecer los cielos, y la tierra se moverá de su lugar, en la indignación de Jehová de los ejércitos, y en el día del ardor de su ira.”
La conclusión inevitable:
Las señales de Joel 2:31, Hechos 2:20 y Apocalipsis 6:12, 13 son diferentes que las de Mateo 24:30; Joel 2:10, 11; Joel 3:15, 16 e Isaías 13:10ss.
Existe una diferencia entre la expresión ‘tiempo del fin’ y ‘el fin del tiempo’. Mientras que las señales de Apocalipsis 6:12, 13 anunciaron que la historia del planeta estaba entrando al tiempo del fin, las señales de Mateo 24 (y los textos paralelos en Marcos y Lucas) anuncian que llegó el fin del tiempo. Leamos el pasaje de Mateo en su entereza:
Mateo 24:29-31:
“E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. 30 Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. 31 Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.”
¿Cuáles son las potestades que gobiernan en el cielo según Mateo 24:29? Génesis 1:16 dice que Dios hizo el sol para señorearse del día y la luna para señorearse de la noche. En Primeros Escritos p. 41 tenemos una descripción vivida de lo que pasará con los cuerpos celestes cuando Dios deje oír su voz:Vi que cuando el Señor dijo “cielo” al anunciar las señales indicadas por Mateo, Marcos y Lucas, quería decir el cielo, y cuando dijo “tierra” se refería a la tierra. Las potestades del cielo son el sol, la luna y las estrellas. Gobiernan en los cielos. Las potestades terrenas son las que gobiernan en la tierra. Las potestades del cielo se conmoverán a la voz de Dios. Entonces el sol, la luna y las estrellas serán removidas de sus lugares. No se aniquilarán, sino que se conmoverán a la voz de Dios.” Primeros Escritos, p. 41
Los cielos y la tierra quedarán en una condición desordenada y vacía durante los mil años por causa de las plagas y el terremoto global. El planeta también estará en tinieblas (vea Jeremías 4:23-28) porque el sol, la luna y las estrellas serán movidas de sus órbitas en la segunda venida.
Elena White y las señales
Como ya hemos visto, Elena White cita Apocalipsis 6:12, 13 en El Conflicto de los Siglos, páginas 305, 334 y aplica las señales a los eventos que ocurrieron en 1755, 1780 y 1833.
Pero Elena White no cita Apocalipsis 6:14-17 hasta la página 625:
“El Rey de reyes desciende en la nube, envuelto en llamas de fuego. El cielo se recoge como un libro que se enrolla, la tierra tiembla ante su presencia, y todo monte y toda isla se mueven de sus lugares [Apocalipsis 6:14]. . . Y los reyes de la tierra y los príncipes, y los ricos, y los capitanes, y los fuertes, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos de la cara de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero: porque el gran día de su ira es venido; ¿y quién podrá estar firme?” Apocalipsis 6:15-17.” El Conflicto de los Siglos, p. 625
¿Por qué dejó Elena White trescientas páginas entre sus comentarios sobre los versículos 12 y 13 y los versículos 14-17? Claramente ella entendió que iba a pasar un largo periodo de tiempo entre los eventos de los versículos 12 y 13 y los versículos 14-17.
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El principio que aplica aquí es que hay señales que anuncian la terminación de cada uno de los dos periodos de tribulación. En ambos casos las señales indican que Dios está por intervenir para librar a su pueblo y traer a su fin la tribulación—en el primer caso la tribulación de los 1260 días y en el segundo la tribulación durante el tiempo de angustia de Jacob.
Hay un vínculo muy estrecho entre el quinto y el sexto sello. En el quinto sello hay dos grupos de mártires, uno pasado y el otro futuro. Las señales de la primera parte del sexto sello (Apocalipsis 6:12, 13) anuncian que está por terminar la opresión del primer grupo de mártires. Por el otro lado, las señales de Apocalipsis 6:14-17 anuncian que la opresión del segundo grupo de mártires ha llegado a su fin y ha llegado el momento de ‘vengar’ la sangre de los dos grupos. La voz de Dios causa un terremoto mundial que remueve al sol, la luna y las estrellas de sus órbitas.
Ahora consideremos como explicó Elena White la importancia y el significado de las señales que ocurrieron en 1755, 1780 y 1833 DC:
“No solo predecían las profecías la manera y la razón de la venida de Cristo, sino también las señales que iban a anunciar a los hombres cuándo se acercaría ese acontecimiento. Jesús dijo: “Habrá señales en el sol, y en la luna, y en las estrellas”. Lucas 21:25. “El sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor; y las estrellas caerán del cielo, y las virtudes que están en los cielos serán conmovidas; y entonces verán al Hijo del hombre, que vendrá en las nubes con mucha potestad y gloria”. Marcos 13:24-26. El revelador describe así la primera de las señales que iban a preceder el segundo advenimiento: “Fue hecho un gran terremoto; y el sol se puso negro como un saco de cilicio, y la luna se puso toda como sangre”. Apocalipsis 6:12.” El Conflicto de los Siglos, p. 305
El significado de Lucas 21:25, 26
¿Y qué diremos de las señales que menciona Lucas 21:25, 26? ¿A cuál etapa se aplican éstas?
“Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; 26 desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas.”
Algunos evangelistas adventistas usan estos versículos para describir la angustia que existe hoy en la tierra. Sin embargo, un examen cuidadoso del contexto indica que estos versículos describen lo que ocurrirá al final de la historia cuando la voz de Dios anuncie la segunda venida de Cristo.
Debemos cuidarnos de no sacar estos versículos de su legítimo contexto. No se refieren a la angustia presente entre naciones sino a la angustia que vendrá cuando la voz de Dios sacuda la tierra y desquicien el sol, la luna y las estrellas.
Cuando la voz de Dios libre a su pueblo, esa voz sacudirá los cielos y la tierra. Las olas del mar se alzarán y agitarán y la tierra tambaleará como un borracho. Cordilleras de montanas se hundirán y desaparecerán las islas. Este es el momento en que habrá “angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; 26 desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra.”
Elena White lo explicó así:
“Los montes tiemblan como una caña al soplo del viento, y las rocas quebrantadas se esparcen por todos lados. Se oye un estruendo como de cercana tempestad. El mar es azotado con furor. Se oye el silbido del huracán, como voz de demonios en misión de destrucción. Toda la tierra se alborota e hincha como las olas del mar. Su superficie se raja. Sus mismos fundamentos parecen ceder. Se hunden cordilleras. Desaparecen islas habitadas. Los puertos marítimos que se volvieron como Sodoma por su corrupción, son tragados por las enfurecidas olas.” El Conflicto de los Siglos, p. 620
En esta cita Elena White usa la terminología de Lucas 21:25, 26 para describir lo que ocurrirá cuando Dios libre a su pueblo en la segunda venida. ¡Las olas del tsunami que anegó a Lisboa fue cuestión de niños comparado con las olas del mar que anegarán al mundo! En otra cita Elena White escribió:
“Tiempos difíciles están delante de nosotros; los juicios de Dios están cayendo sobre nuestro mundo. Las naciones de la tierra temblarán. Habrá pruebas y perplejidades por todos lados; los corazones de los hombres desfallecerán de temor. ¿Y qué haremos nosotros en aquel día? A pesar de que la tierra tambalee como un borracho, y sea removida como una choza [lenguaje de Isaías 24:20], si hemos puesto nuestra confianza en Dios, él nos librará.” The Review and Herald, 15 de marzo de 1887.
Elena White, Mateo 24:29-31 y el sexto y séptimo sello
En El Conflicto de los Siglos, pp. 599-616: Elena White escribe sobre el tiempo de angustia después del cierre de la gracia. El tiempo de tribulación que ella menciona es el mismo de Mateo 24:29.
En El Conflicto de los Siglos pp. 619-621 Elena White comenta sobre las señales en el sol, la luna y las estrellas en el capítulo titulado ‘La Liberación del Pueblo de Dios’. Estos comentarios sobre los cuerpos celestes son paralelos a los que menciona la segunda parte de Mateo 24:29. Ella sigue el mismo orden de eventos que Mateo 24:29-31 a donde Mateo menciona la gran tribulación seguida por las señales en los cuerpos celestes.
Al descender Jesús del cielo, los fieles vivientes hacen la solemne pregunta, ¿quién podrá estar firme? [el último versículo del sexto
sello] seguido por un periodo de silencio aterrador [el séptimo sello de Apocalipsis 8:1]. Elena White comenta:
“Ante su presencia, “se han tornado pálidos todos los rostros”; el terror de la desesperación eterna se apodera de los que han rechazado la misericordia de Dios. “Se deslíe el corazón, y se baten las rodillas. . . y palidece el rostro de todos”. Jeremías 30:6; Nahúm 2:10 (VM). Los justos gritan temblando: “¿Quién podrá estar firme?” [palabras del sexto sello]Termina el canto de los ángeles, y sigue un periodo de silencio aterrador [el silencio en el cielo del séptimo sello]. Entonces se oye la voz de Jesús, que dice: “¡Bástaos mi gracia!” Los rostros de los justos se iluminan y el corazón de todos se llena de gozo. Y los ángeles entonan una melodía más elevada, y vuelven a cantar al acercarse aún más a la tierra.” El Conflicto de los Siglos, p. 624
Unas pocas páginas después, Elena White describe la llegada de Jesús y cómo envía a sus ángeles para recoger a los escogidos de los cuatro vientos. (CS, p. 645) Este evento es paralelo al de Mateo 24:31.
“Los justos vivos son mudados “en un momento, en un abrir de ojo”. A la voz de Dios fueron glorificados; ahora son hechos inmortales, y juntamente con los santos resucitados son arrebatados para recibir a Cristo su Señor en los aires. Los ángeles “juntarán sus escogidos de los cuatro vientos, de un cabo del cielo hasta el otro [Mateo 24:31].” El Conflicto de los Siglos, p. 628
El gran terremoto de Lisboa
Hace algunos años mientras visitaba el país de Portugal, un pastor amigo me dio un tour nocturno de la ciudad de Lisboa. Me sorprendió que aún hay muchas ruinas en la ciudad que resultaron del terremoto, el incendio y el tsunami que afligió a la ciudad en 1755. Un edificio en ruinas que atrajo especialmente mi atención fue la catedral cuyo techo colapsó matando a centenares de personas en ese fatídico día. Cuando el techo cayó, la catedral
estaba repleta de adoradores pues era la hora de la misa que celebraba el día de todos los santos, el 1 de noviembre de 1755.
El terremoto de Lisboa ocurrió alrededor de las 9:40 de la mañana. Todas las cinco catedrales estaban llenas de adoradores. Según algunos sobrevivientes, el temblor inicial duró unos dos minutos y según los estimados alcanzó una intensidad de 9.0 en la escala Richter. En realidad, hubo tres temblores en cuestión de diez minutos de los cuales el segundo fue el más fuerte. El segundo shock duró más o menos tres minutos y medio, una longitud inusual. El primer shock demolió la mayor parte de la ciudad y mató a miles.
Pensando que estarían más seguros, la gente que escapó de los edificios que colapsaban buscaron refugio en un muelle de mármol recientemente construido a lado del río. Poco sabían que en solo 40 minutos un tsunami con olas de 60 pies iba a anegar el muelle y todo lo que estaba a su alrededor.
Sir Charles Lyell reportó que grandes fisuras se abrieron en el centro de Lisboa, algunas de las cuales medían 15 pies de ancho. Fuego salió misteriosamente por las fisuras en el suelo. Los estimados indican que unas 90,000 personas murieron tan solo en Lisboa. Sin embargo, en el norte de África las ciudades de Fes y Meknes también fueron demolidas por el cismo con mucha pérdida de vidas.
El terremoto se sintió tan lejos como Estrasburgo (a una distancia de 1,100 millas). Los ríos y lagos se agitaron hasta los países escandinavos a una distancia de 1,500 a 2,000 millas. Más o menos a las seis de la tarde un tsunami entró a la isla de Barbados que quedaba a una distancia de unas 4,000 millas.
El terremoto destruyó el 85% de los edificios de Lisboa. Hubo dos temblores mayores el once y el veintitrés de diciembre que causó muertes adicionales. El cataclismo cubrió un área de 1.3 millones de millas cuadradas en Europa y África. Miles murieron en Argelia y Marruecos.
Elena White describió el terremoto de Lisboa
“No solo predecían las profecías la manera y la razón de la venida de Cristo, sino también las señales que iban a anunciar a los hombres cuándo se acercaría ese acontecimiento. Jesús dijo: “Habrá señales en el sol, y en la luna, y en las estrellas”. Lucas 21:25. “El sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor; y las estrellas caerán del cielo, y las virtudes que están en los cielos serán conmovidas; y entonces verán al Hijo del hombre, que vendrá en las nubes con mucha potestad y gloria”. Marcos 13:24-26. El revelador describe así la primera de las señales que iban a preceder el segundo advenimiento: “Fue hecho un gran terremoto; y el sol se puso negro como un saco de cilicio, y la luna se puso toda como sangre”. Apocalipsis 6:12.
Estas señales se vieron antes de principios del siglo XIX. En cumplimiento de esta profecía, en 1755, se sintió el más espantoso terremoto que se haya registrado. Aunque generalmente se lo llama el terremoto de Lisboa, se extendió por la mayor parte de Europa, África y América. Se sintió en Groenlandia en las Antillas, en la isla de Madera, en Noruega, en Suecia, en Gran Bretaña e Irlanda. Abarcó por lo menos seis millones de kilómetros cuadrados. La conmoción fue casi tan violenta en África como en Europa. Gran parte de Argel fue destruida; y a corta distancia de Marruecos, un pueblo de entre ocho a diez mil habitantes desaparecieron en el abismo. Una ola formidable barrió las costas de España y África, sumergiendo ciudades y causando inmensa desolación.
Fue en España y Portugal donde la sacudida alcanzó su mayor violencia. Se dice que, en Cádiz, la oleada llegó a sesenta pies de altura [18 metros]. Algunas de las montañas “más importantes de Portugal fueron sacudidas hasta sus cimientos y algunas de ellas se abrieron en sus cumbres, que quedaron partidas de un modo asombroso, en tanto que trozos enormes se desprendieron sobre los valles adyacentes. Se dice que de esas montañas salieron llamaradas de fuego”. Sir Charles Lyell, Principles of Geology, 495.
En Lisboa “se oyó bajo la tierra un ruido de trueno, e inmediatamente después una violenta sacudida derribó la mayor parte de la ciudad. En unos seis minutos murieron sesenta mil personas. El mar se retiró primero y dejó seca la barra, luego volvió en una ola que se elevaba hasta cincuenta pies [15 metros] sobre su nivel ordinario”. “Entre los sucesos extraordinarios ocurridos en Lisboa durante la catástrofe, se cuenta la sumersión del nuevo malecón, construido completamente de mármol y con ingente gasto. Un gran gentío se había reunido allí en busca de un sitio fuera del alcance del derrumbe general; pero de pronto el muelle se hundió con todo el gentío que lo llenaba, y ni uno de los cadáveres salió jamás a la superficie” (ibíd.).
“La sacudida” del terremoto “fue seguida instantáneamente por la caída de todas las iglesias y conventos, de casi todos los grandes edificios públicos y más de la cuarta parte de las casas. Unas horas después estallaron en diferentes barrios incendios que se propagaron con tal violencia durante casi tres días que la ciudad quedó completamente destruida. El terremoto sobrevino en un día de fiesta en que las iglesias y conventos estaban llenos de gente, y escaparon muy pocas personas” (Encyclopedia Americana, art. Lisboa, nota, ed. 1831). “El terror del pueblo era indescriptible. Nadie lloraba; el siniestro superaba la capacidad de derramar lágrimas. Todos corrían de un lado a otro, delirantes de horror y espanto, golpeándose la cara y el pecho, gritando: ‘¡Misericordia! ¡Llegó el fin del mundo!’ Las madres se olvidaban de sus hijos y corrían de un lado a otro llevando crucifijos. Desgraciadamente, muchos corrieron a refugiarse en las iglesias; pero en vano se expuso el sacramento; en vano aquella pobre gente abrazaba los altares; imágenes, sacerdotes y feligreses fueron envueltos en la misma ruina”. Se calcula que noventa mil personas perdieron la vida en aquel aciago día. El Conflicto de los Siglos pp. 305, 306
El testimonio de otros escritores
“El terremoto de Lisboa el 1 de noviembre de 1755, parece haber puesto a los teólogos y filósofos a la defensiva. . . A veinte minutos para las diez de esa mañana, Lisboa era firme y magnífica, ubicada en uno de los lugares más pintorescos e imponentes del mundo—una ciudad con una entrada superba, ubicada precisamente a donde toda circunstancia les había dicho a los fundadores: ¡Construyan aquí! En seis minutos la ciudad estaba en ruinas. . . Medio mundo sintió la convulsión. . . Por muchas semanas según las cartas y memoriales de la época, los habitantes en los lugares distantes de Europa se fueron a la cama alarmados, alentados tan solo por el amanecer cuando se dieron cuenta que habían escapado la suerte de Lisboa por una noche más.” James Parton, Life of Voltaire, volume 2, pp. 208, 209
“Los efectos cubrieron un área de casi cuatro mil millas [seis mil kilómetros] de la superficie terrestre y sobrepasó sobremanera cualquier cosa similar que se haya registrado jamás en la historia.” J. Nourse, The History and Philosophy of Earthquakes, London, (1757), p. 334
“Casi todos los palacios e iglesias grandes colapsaron, o cayeron en parte, y escasamente una sola casa de la vasta ciudad quedó habitable. Todo el que no murió aplastado salió corriendo a refugiarse en lugares amplios, y la multitud que estaba cerca del río corrieron para salvarse en los barcos o cualquier otro objeto flotante, corriendo, llorando y rogándole a las naves que les ayudaran. Pero mientras la multitud estaba reunida al lado del río, el nivel del agua aumentó a tal grado que inundó la parte baja de la ciudad lo cual aterrorizó a los miserables y ya consternados habitantes quienes corrieron de aquí para allá con gemidos terribles que escuchamos desde el buque que hizo que ellos pensaran que la disolución del mundo había llegado; todos cayendo de rodillas y rogando la ayuda del Omnipotente. . . Para las dos de la tarde los botes de los buques comenzaron a ceder, tomando multitudes abordo. . . ¡El temor, la tristeza, los clamores y las lamentaciones de los pobres habitantes eran inexpresables, pidiéndose perdón unos a otros y abrazándose mientras exclamaban ‘perdóname, amiga, hermana!’ ¡Oh, qué pasará con nosotros! ¡Ni el agua ni la tierra nos protegerá, y el tercer elemento, el fuego, ahora nos amenaza con total destrucción! Y en efecto, así ocurrió. La conflagración duró una semana entera.” Carta del capitán al dueño de un buque en, Thomas Hunter, Historical Account of Earthquakes, (1756) pp. 72-74
“Este terremoto se sintió en África casi tan severamente como en Europa. Una gran parte de la ciudad de Argel fue destruida. Muchas casas fueron echadas abajo en Fez y Mequinez y los habitantes quedaron sepultadas bajo los escombros.
Efectos similares ocurrieron en Marruecos. Sus efectos también se sintieron en Tánger, en Tetuán, en Funchal y en la isla de Madeira. . . es probable. . . que toda África fue sacudida por esta tremenda convulsión. En el norte se extendió hasta Noruega y Suecia. La misma grande y terrible conmoción de los elementos sacudió a Alemania, Holanda, Francia, Gran Bretaña e Irlanda.” Robert Sears, Wonders of the World, p. 58.
“Las montañas de Arrabida, Estrella, Julio, Marvan y Cintra, que estaban entre las más altas de Portugal, fueron sacudidas como si fuera desde sus mismos cimientos y algunas de ellas se abrieron en sus cumbres, rajándose de una manera maravillosa y grandes masas de ellas fueron echadas abajo en los valles subyacentes. Cuentan que llamas salieron de estas montañas como si fueran eléctricas; se dice también que humearon, pero vastas nubes de polvo pueden haber dado esa impresión. . . Este terremoto se extendió por un área notable. El sismo fue más violento en España, Portugal y el norte de África; pero casi toda Europa y aún las Antillas Occidentales sintieron el cismo el mismo día. Un puerto marítimo que se llama San Ubes que está más o menos a veinte millas al sur de Lisboa quedó sepultado. La agitación de la tierra en Argel y Fez fue igualmente violenta y a una distancia de ocho ligas de Marruecos, una villa con sus ocho a diez mil habitantes junto con el ganado fueron tragados y poco tiempo después la tierra cerró sus puertas sobre ellos. El choque se sintió también en el mar, y la proa de un buque al oeste de Lisboa produjo la misma sensación en el mar que se había sentido en la tierra. Cerca de San Lucar el capitán del buque ‘Nancy’ sintió como su nave fue sacudida con tanta violencia que pensaba que había chocado con la tierra, pero se dio cuenta que estaba sobre aguas profundas. Entre las nueve y las diez de la mañana el buque del capitán Clark de Denia en la latitud 36 norte 24’ se sacudió como si hubiese chocado con una roca. Otro buque, cuarenta leguas al oeste de San Vicente, sintió una concusión tan violenta que los hombres fueron tirados perpendicularmente pie y medio de altura por encima de la proa. En Antigua y Barbados al igual que en Noruega, Suecia, Alemania, Holanda, Córsica e Italia se sintieron temblores y oscilaciones leves en el suelo.”
La agitación de los lagos, ríos y manantiales en Gran Bretaña fue notable. Por ejemplo, en Loch Lemmond, Escocia, las aguas aumentaron sobre su costa sin aparente razón para luego disminuir bajo su nivel usual. La altura perpendicular más alta fue de dos pies y cuatro pulgadas. Se dice que el movimiento de este terremoto fue ondular y avanzó a una velocidad de veinte millas por minuto. Una gran ola inundó la costa de España y se dice que alcanzó una altura de sesenta pies en Cádiz. En la costa de Tánger, África, la marea aumentó y disminuyó dieciocho veces; en Funchal, Madeira, la marea creció a quince pies por encima del nivel de la alta marea aun cuando la marea crece y disminuye normalmente solo siete pies. Además de entrar el agua a la ciudad causando gran caos, también inundó a otros puertos de la isla. En Kinsdale, Irlanda una ola de agua entró al puerto, les dio la vuelta a varias naves e inundó la plaza de mercado.” A.R. Spofford and Charles Gibbon, The Library of Choice Literature, Vol. VII, pp. 162, 163
El día oscuro y la luna en sangre en 1780
La descripción de Elena White:
“Veinticinco años después apareció la segunda señal mencionada en la profecía: el oscurecimiento del sol y de la luna. Lo que hacía esto aún más sorprendente, era la circunstancia de que el tiempo de su cumplimiento había sido indicado de un modo preciso. En su conversación con los discípulos en el Monte de los Olivos, después de describir el largo período de prueba por el que debía pasar la iglesia, es decir, los mil doscientos sesenta años de la persecución papal, acerca de los cuales había prometido que la tribulación sería acortada, el Salvador mencionó en las siguientes palabras ciertos acontecimientos que debían preceder su venida y fijó además el tiempo en que se realizaría el primero de estos: “En aquellos días, después de aquella aflicción, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor”. Marcos 13:24. Los 1.260 días, o años, terminaron en 1798. La persecución había concluido casi por completo desde hacía casi un cuarto de siglo. Después de esta persecución, según las palabras de Cristo, el sol debía oscurecerse. Pues bien, el 19 de mayo de 1780 se cumplió esta profecía.
“Único o casi único en su especie, por lo misterioso del hasta ahora inexplicado fenómeno que en él se verificó. . . fue el día oscuro del 19 de mayo de 1780, inexplicable oscurecimiento de todo el cielo visible y atmósfera de Nueva Inglaterra”. R. M. Devens, Our First Century, 89.
Un testigo ocular que vivía en Massachusetts describe el acontecimiento del modo siguiente: “Por la mañana salió el sol despejado, pero pronto se anubló. Las nubes fueron espesándose y del seno de la oscuridad que ostentaban brillaron relámpagos, se oyeron truenos y cayó un leve aguacero. A eso de las nueve, las nubes se atenuaron y, revistiendo un tinte cobrizo, demudaron el aspecto del suelo, peñas y árboles al punto que no parecían ser de nuestra tierra. A los pocos minutos, un denso nubarrón negro se extendió por todo el firmamento dejando tan solo un estrecho borde en el horizonte, y haciendo tan oscuro el día como suele serlo en verano a las nueve de la noche. . .
“Temor, zozobra y terror se apoderaron gradualmente de los ánimos. Desde las puertas de sus casas, las mujeres contemplaban la lóbrega escena; los hombres volvían de las faenas del campo; el carpintero dejaba las herramientas, el herrero la fragua, el comerciante el mostrador. Los niños fueron despedidos de las escuelas y huyeron a sus casas llenos de miedo. Los caminantes hacían alto en la primera casa que encontraban. ¿Qué va a pasar? preguntaban todos. No parecía, sino que un huracán fuera a desatarse por toda la región, o que el día del juicio estuviera inminente.
“Hubo que prender velas, y la lumbre del hogar brillaba como en noche de otoño sin luna. . . Las aves se recogieron en sus gallineros, el ganado se juntó en sus encierros, las ranas cantaron, los pájaros entonaron sus melodías del anochecer, y los murciélagos se pusieron a revolotear. Solo el hombre sabía que no había llegado la noche. . .
“El Dr. N. Whittaker, pastor de la Iglesia del Tabernáculo, en Salem, dirigió cultos en la sala de reuniones, y predicó un sermón en el cual sostuvo que la oscuridad era sobrenatural. Otras congregaciones también se reunieron en otros puntos. En todos los casos, los textos de los sermones improvisados fueron los que parecían indicar que la oscuridad concordaba con la profecía bíblica. . .La oscuridad alcanzó su mayor densidad poco después de las once” (The Essex Antiquarian, abril de 1899, tomo 3, no 4, pp. 53, 54). “En la mayor parte del país
fue tanta la oscuridad durante el día, que la gente no podía decir qué hora era ni por el reloj de bolsillo ni por el de pared. Tampoco pudo comer, ni atender a los quehaceres de casa sin vela prendida”.
La extensión de esta oscuridad fue también muy notable. Se la observó al este hasta Falmouth, y al oeste, hasta la parte más lejana del estado de Connecticut y en la ciudad de Albany; hacia el sur fue observada a lo largo de toda la costa, y por el norte lo fue hasta donde se extendían las colonias americanas” (William Gordon, History of the Rise, Progress, and Establishment of the Independence of the USA, tomo 3, p. 57).La profunda oscuridad del día fue seguida, una o dos horas antes de la caída de la tarde, por un aclaramiento parcial del cielo, pues apareció el sol, aunque oscurecido por una neblina negra y densa. “Después de la puesta del sol, las nubes volvieron a apiñarse y oscureció muy pronto”. “La oscuridad de la noche no fue menos extraordinaria y terrorífica que la del día, pues no obstante ser casi tiempo de luna llena, ningún objeto se distinguía sin la ayuda de luz artificial, la cual vista de las casas vecinas u otros lugares distantes parecía pasar por una oscuridad como la de Egipto, casi impenetrable para sus rayos” (Isaiah Thomas, Massachusetts Spy; or American Oracle of Liberty, 25 de mayo, 1780, tomo 9, no 472). Un testigo ocular de la escena dice: “No pude sustraerme, en aquel momento, a la idea de que, si todos los cuerpos luminosos del universo hubiesen quedado envueltos en impenetrable oscuridad, o hubiesen dejado de existir, las tinieblas no habrían podido ser más intensas” (Carta del Dr. S. Tenney, de Exeter, N. H., diciembre de 1785, Massachusetts Historical Society Collections, 1792, serie 1, tomo 1, p. 97). Aunque la luna llegó aquella noche a su plenitud, “no logró en lo más mínimo disipar las sombras sepulcrales”. Después de media noche desapareció la oscuridad, y cuando la luna volvió a verse, parecía de sangre.”
Cristo había mandado a sus discípulos que se fijasen en las señales de su advenimiento, y que se alegrasen cuando viesen las pruebas de que se acercaba. “Cuando estas cosas comenzaren a hacerse—dijo—, mirad, y levantad vuestras cabezas, porque vuestra redención está cerca”. Llamó la atención de sus discípulos a los árboles a punto de brotar en primavera, y dijo: “Cuando ya brotan, viéndolo, de vosotros mismos entendéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando viereis hacerse estas cosas, entended que está cerca el reino de Dios”. Lucas 21:28, 30, 31.” El Conflicto de los Siglos, pp. 306-309
El testimonio de otros escritores
El notable astrónomo Herschel escribió:
“El día oscuro de Norteamérica es uno de esos fenómenos maravillosos de la naturaleza que siempre se leerá con interés, pero que la filosofía es incapaz de explicar.”
Samuel Williams quien hizo un análisis científico del día oscuro escribió lo siguiente en cuanto a la fecha, la extensión, la duración, la apariencia y los efectos del día oscuro:
“La fecha de esta oscuridad extraordinaria fue el 19 de mayo de 1780. Ocurrió entre las diez y las once de la mañana y continuó hasta mediados de la siguiente noche, pero con diferente apariencia en diferentes lugares. . .
La intensidad de la oscuridad fue distinta en diferentes sitios. En la mayoría de los lugares del país fue tan intensa que la gente era incapaz de leer escritos en letra común, determinar la hora del día en sus relojes, comer, o llevar adelante las tareas domésticas sin la luz de velas. En algunos lugares, por varias horas la oscuridad fue tan intensa que las personas no podían ver lo suficiente como para leer los periódicos al aire libre. Pero creo que esto no fue generalmente el caso.
La extensión de esta oscuridad fue muy notable. La información que he recibido sobre esto no es tan detallada como quisiera, pero según los informes parece haberse extendido a todos los estados de Nueva Inglaterra. Se observó tan lejos como Falmouth [hoy, Portland, Maine]. Al occidente tenemos informes que alcanzó las regiones más distantes de Connecticut, y Albany. Hacia el sur se observó a lo largo de la costa del mar y al norte tan lejos como había pobladores. Es probable que se extendía mucho más allá de estos límites en algunas
direcciones, pero los límites exactos no se pueden determinar por las observaciones que he podido recolectar.
En lo que respecta la duración, la oscuridad continuó en este lugar por lo menos por catorce horas; pero es probable que la duración no fue exactamente igual en los diferentes lugares del país.
La apariencia y los efectos eran tales que el ambiente parecía gris y sombrío. Se prendieron velas en las casas; los pájaros habiendo cantado sus trinos nocturnos, desaparecieron y guardaron silencio; las aves se retiraron a su percha; los gallos estaban cacareando como si fuera el amanecer; los objetos se podían ver tan solo a corta distancia; todo tenía la apariencia de una penumbra nocturna.” Samuel Williams, Hollis, profesor de matemáticas y filosofía en la Universidad de Cambridge, Massachusetts, en Memoirs of the American Academy of Arts and Sciences to the End of the Year 1783, (1785)volume 1, pp. 234, 235
“La oscuridad la siguiente noche era probablemente tan intensa como lo fue antes que el Omnipotente trajera la luz a la existencia. . . Pensé que, si todo cuerpo luminoso del universo estuviese cubierto con una sombra impenetrable, o dejara de existir, la oscuridad no habría sido más total. Una hoja de papel que se ponía a solo unas pulgadas de los ojos era tan invisible como el más negro terciopelo.” Samuel Tenney, in Collections of Massachusetts Historical Society for the year 1792, volume 1, pp. 97, 98
“El día oscuro, 19 de mayo de 1780. Tal llamado por la notable oscuridad que cubrió a toda nueva Inglaterra ese día. . . El oscurecimiento comenzó a las diez de la mañana y continuó hasta la mitad de la siguiente noche, pero con una diferente apariencia y duración en los varios sitios. . . La verdadera causa de este notable fenómeno se desconoce.” Noah Webster’s Unabridged Dictionary, Vocabulary of the Names of Noted … Persons and Places, ed. 1869, 1882 & 1883.
“A las once y media de la mañana en un cuarto con tres ventanas de veinticuatro cristales cada una, todas abiertas hacia el sur y sureste, las personas con buenos ojos no podían leer letra de imprenta grande.” Samuel Tenney, in Collections of the Massachusetts’s Historical Society for the Year 1792, Vol. I, pp. 97-98
“A la una de la tarde un destello de luz que había continuado hasta ese momento en el oriente se desvaneció y la oscuridad fue mayor que lo que había sido antes. Comimos a las dos de la tarde con todas las ventanas abiertas y dos velas encendidas en la mesa. Cuando la oscuridad era más intensa, algunas de las aves . . . retornaron a su percha. Los gallos cacareaban uno al otro como solían hacer al entrar la noche. Los pájaros de la noche silbaban uno al otro como solían hacerlo solo de noche. Las ranas se oían croar. En breve, parecía medianoche a mediodía.” Informe de un periodista de Ipswich Hamlet, Massachusetts, Boston’s Gazette and Country Journal, mayo 29, 1780
“Tal vez no ha existido una oscuridad mayor que ésta desde que los hijos de Israel salieron de la casa de servidumbre. Esta lóbrega oscuridad duró hasta más o menos la una [de la noche] aun cuando el día anterior había una luna llena.” Informe de Salem, Boston’s Gazette and Country Journal, mayo 30, 1780.
“Durante todo el tiempo, una penumbra tenebrosa y enfermiza cubrió a la naturaleza. La oscuridad de la noche no fue menos extraña y espantosa que la del día. A pesar de que había una luna llena, era imposible ver algún objeto sin la ayuda de alguna luz artificial que cuando se veía desde las casas vecinas y otros lugares a cierta distancia, era semejante a la oscuridad egipcia.” Isaiah Thomas, Massachusetts Spy; or American Oracle of Liberty, Vol. 10, No. 472, May 25, 1780 “Este fenómeno inusual despertó los temores y las aprehensiones de muchas personas. Algunos consideraban que era un presagio portentoso de la ira del cielo en venganza contra la tierra y otros pensaban que era un agüero que anunciaba el día final cuando ‘el sol se oscurecerá, y la luna no dará su luz.” The Boston Independent Chronicle de junio 8, 1780 citado en Thomas's Massachusetts Spy. Vea tambiénSome Memorials of Edward Lee’ en The Publications of the American Tract Society, Vol. XI, p. 376
“Varios han sido los sentimientos de la gente en cuanto a los designios de la Providencia al cobijarnos con esta oscuridad inusual. Algunos suponen que es un portento del último día. Mi deseo es que surta un buen efecto sobre las mentes de los impíos, de modo que se despierten para prepararse para aquel día solemne.” The Boston Independent Chronicle of June 8, 1780 citado en, Thomas’s Massachusetts Spy. See also `Some Memorials of Edward Lee’ in The Publications of the American Tract Society, Vol. XI, p. 376
“Las varias posiciones de nuestro sistema [solar] en ese tiempo dejan en claro que esta oscuridad no fue fruto de un eclipse. La luna estaba a más de ciento cincuenta grados del sol todo ese día.” Dr. Samuel Stearns, a quien se le pidió su opinión por considerarlo un experto en “filosofía y astronomía”, en una carta reproducida en The Independent Chronicle, junio 22, 1780.
El Dr. Stearns continuó, procurando explicar la causa del fenómeno:
“La causa se le debe imputar a Aquel que por el circuito del cielo se pasea, el que extiende los cielos como una cortina, el que pone las nubes por su carroza y el que anda sobre las alas del viento. Fue Aquel a quien los vientos tormentosos obedecen, aquel que mandó que estas exhalaciones se colectaran y condensaran juntas para que con ellas pudiese oscurecer tanto el día como la noche. La oscuridad tal vez no solo era una señal de su indignación contra las terribles iniquidades y abominaciones del pueblo, sino un presagio de alguna destrucción futura.” Dr. Samuel Stearns, a quien se le pidió su opinión por considerarlo un experto en “filosofía y astronomía”, en una carta reproducida en The Independent Chronicle, June 22, 1780.
“La legislatura de Connecticut estaba en sesión en Hartford en ese momento. La opinión general era que el día del juicio estaba a las puertas. La cámara de representantes, incapaz de cumplir sus negocios, suspendió sus actividades. Al mismo tiempo se estaba considerando una propuesta para suspender el concilio [un segundo cuerpo legislativo llamado ‘el concilio del gobernador’]. Cuando le pidieron al coronel Davenport su opinión, contestó: ‘yo estoy en contra de suspender nuestros negocios. El día del juicio está cerca o no lo está. Si no está cerca no hay causa para suspender; si está cerca, prefiero que se me halle cumpliendo mis deberes. Por lo tanto, solicito que traigan velas.” Timothy Dwight de Yale College, escribió este relato a John W. Barber, Connecticut Historical Collections, p. 403
Elena White sobre la caída de las estrellas
“En 1833, dos años después de haber principiado Miller a presentar en público las pruebas de la próxima venida de Cristo, apareció la última de las señales que habían sido anunciadas por el Salvador como precursoras de su segundo advenimiento. Jesús había dicho: “Las estrellas caerán del cielo”. Mateo 24:29. Y Juan, al recibir la visión de las escenas que anunciarían el día de Dios, declara en el Apocalipsis: “Las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera echa sus higos cuando es movida de gran viento”. Apocalipsis 6:13.
Esta profecía se cumplió de modo sorprendente y pasmoso con la gran lluvia meteórica del 13 de noviembre de 1833. Fue este el más dilatado y admirable espectáculo de estrellas fugaces que se jamás haya registrado, pues “¡sobre todos los Estados Unidos el firmamento entero estuvo entonces, durante horas seguidas, en conmoción ígnea! No ha ocurrido jamás en este país, desde el tiempo de los primeros colonos, un fenómeno celestial que despertara tan grande admiración entre unos, ni tanto terror ni alarma entre otros”. “Su sublimidad y terrible belleza quedan aún grabadas en el recuerdo de muchos. . . Jamás cayó lluvia más tupida que ésa en que cayeron los meteoros hacia la tierra; al este, al oeste, al norte y al sur era lo mismo. En una palabra, todo el cielo parecía en conmoción. . . El espectáculo, tal como está descrito en el diario del profesor Silliman, fue visto por toda la América del Norte . . . Desde las dos de la madrugada hasta la plena claridad del día, en un firmamento perfectamente sereno y sin nubes, todo el cielo estuvo constantemente surcado por una lluvia incesante de cuerpos que brillaban de modo deslumbrador” (R. M. Devens, American Progress; or, The Great Events of the Greatest Century, cap. 28, párrs. 1-5).
“En verdad, ninguna lengua podría describir el esplendor de tan hermoso espectáculo. . . nadie que no lo haya presenciado puede formarse exacta idea de su esplendor. Parecía que todas las estrellas del cielo se hubiesen reunido en un punto cerca del cénit, y que fuesen lanzadas de allí, con la velocidad del rayo, en todas las direcciones del horizonte; y sin embargo no se agotaban: con toda rapidez seguíanse por miles unas tras otras, como si hubiesen sido creadas para la ocasión” (F. Reed, Christian Advocate and Journal, 13 de diciembre de 1833). “Es imposible contemplar una imagen más exacta de la higuera que deja caer sus higos cuando es sacudida por un viento” (“The Old Countryman” Evening Advertiser de Portland, 26 de noviembre de 1833).
En el Journal of Commerce de Nueva York del 14 de noviembre se publicó un largo artículo referente a este maravilloso fenómeno y en él se leía la siguiente declaración: “Supongo que ningún filósofo ni erudito ha referido o registrado jamás un suceso como el de ayer por la mañana. Hace mil ochocientos años un profeta lo predijo con toda exactitud, si entendemos que las estrellas que cayeron eran estrellas errantes o fugaces. . . que es el único sentido verdadero y literal”.
Así se realizó la última de las señales de su venida acerca de las cuales Jesús había dicho a sus discípulos: “Cuando viereis todas estas cosas, sabed que está cercano, a las puertas”. Mateo 24:33. Después de estas señales, Juan vio que el gran acontecimiento que debía seguir consistía en que el cielo desaparecía como un pergamino cuando es enrollado, mientras que la tierra era sacudida, las montañas y las islas eran movidas de sus lugares, y los impíos, aterrorizados, trataban de esconderse de la presencia del Hijo del hombre. Apocalipsis 6:12-17.
Muchos de los que presenciaron la caída de las estrellas la consideraron como un anuncio del juicio venidero, “como un signo precursor espantoso, un presagio misericordioso, de aquel grande y terrible día” (“The Old Countryman”, Evening Advertiser de Portland, 26 de noviembre de 1833). Así fue dirigida la atención del pueblo hacia el cumplimiento de la profecía, y muchos fueron inducidos a hacer caso del aviso del segundo advenimiento.” El Conflicto de los Siglos, pp. 332-334
La caída de las estrellas: Otros escritores
El fenómeno comenzó entre las dos y las cuatro de la madrugada y continuó hasta el amanecer. Se extendió por toda Norteamérica y tan lejos como México y la isla de Jamaica.
Lucy Reese vivía en Lookout Georgia el 13 de noviembre de 1833. Así describe lo que ocurrió:
“Yo tenía catorce años cuando las estrellas cayeron. Me pareció que era una ducha de lluvia. La gente estaba muy asustada y hubo mucha lectura de la Biblia porque pensaban que había llegado el juicio.”
Rose Grace vivía en Marion, Alabama:
“Yo tenía diecisiete años cuando cayeron las estrellas. Las observé por largo tiempo. Parecían apagarse cuando estaban a diez pies del suelo. Todos pensaban que había llegado el día del juicio. Les dije que si eso era cierto era demasiado tarde para orar.”
Henry Lewis, un esclavo de Harrisburg, Kentucky tenía diecinueve años ese día:
“Parecía que se estaban desplomando todas las estrellas del cielo. Estaba a unas doce millas de la casa, con un caballo que le había robado a mi amo, pero cuando regresé todos estaban tan emocionados y envueltos en oración que entré desapercibido al establo y nadie me vio.”
Caroline Walker de Vicksburg Mississippi:
“Parecía que todo el mundo estaba encendido, y continuó hasta llegar el amanecer. De todas partes en la plantación se podían escuchar los gritos y lamentos de que el día del juicio había llegado. Fue una noche horrible.”
Richmond Smith de Vicksburg, Mississippi:
“Yo vivía para este tiempo en el condado de Putnam en Georgia. Tenía diecinueve años. La voz de uno que lloraba me despertó diciendo: ‘ha llegado el tiempo.’ Todos pensaban que era el juicio y que el fin del mundo había llegado.”
R. M. Devens: “. . . durante las tres horas del suceso, se creyó que el juicio final esperaba sólo a la salida del Sol y, aún muchas horas después del cese de la lluvia, los supersticiosos creían que el día final llegaría en sólo una semana”.
Sanford Williams vivía en Louisville, Kentucky:
“En ese momento estaba tocando el violín en un baile. Una de las mujeres fue a la puerta y gritó, ‘el juicio, el día del juicio ha llegado’ y se desmayó. Otra corrió a la puerta, y dijo más o menos las mismas palabras y cayó sin vida. Luego me dirigí a la puerta, tocando mi violín. Cuando vi las estrellas que caían tiré mi violín al suelo y clamé, ‘Oh Señor, Oh Señor, ten misericordia de mí y sálvame esta noche y te serviré hasta la muerte’. En todas las direcciones se podía oír a hombres, mujeres y niños que gritaban, ‘el día del juicio ha llegado’.
El profesor Denison Olmstead de Yale College escribió:
“Los meteoros no volaron azarosamente por todas partes del cielo. Más bien parecían emanar de un punto específico en la constelación de Leo, cerca de la estrella que se llama Gamma Leonis en la curva de la hoz.”
“Después de recolectar y clasificar los reportes que aparecieron en todos los periódicos del país, y en muchas cartas enviadas a mis amigos científicos o a mí personalmente, rindo el siguiente informe de los hechos que acompañaron el fenómeno. La lluvia se vio en casi toda Norteamérica, pues apareció con casi igual resplandor desde los territorios británicos al norte hasta las Indias occidentales y México al sur, y desde 61 grados de longitud al este de la costa americana casi al Océano Pacifico en el oeste. En toda esa inmensa región la duración fue casi igual. Los meteoros comenzaron a despertar la atención por su inusual frecuencia y brillantez, desde las nueve hasta las doce de la noche; eran más impresionantes desde las dos hasta las cinco; alcanzaron el máximo, en muchos lugares a las cuatro y continuaron hasta que la luz del día los tornó invisibles.” Denison Olmstead, The Mechanism of the Heavens, p. 328
Thomas Milner, científico inglés, se refirió a la ‘caída de las estrellas’ como la más esplendida que jamás se haya registrado: (p. 139):
“En muchos distritos la mayoría de la población se llenó de terror, y los más instruidos quedaron atónitos al contemplar un retrato tan vívido de la imagen apocalíptica— las estrellas del cielo cayendo sobre la tierra, como la higuera echa sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento.” Thomas Milner, The Gallery of Nature, London, 1852, p. 140. Vea también, “The Old Countryman”, en Portland’s Evening Advertiser, November 26, 1833
“La noche del 12-13 de noviembre de 1833 cayó una tempestad de estrellas sobre la tierra. Norteamérica fue especialmente acribillada. Hasta que el amanecer con cierta dificultad le puso fin al despliegue, desde el golfo de México hasta Halifax, el cielo se llenó en todas las direcciones con cintas brillantes y se iluminó con majestuosas bolas de fuego.” Agnes M. Clerke, History of Astronomy in the Nineteenth Century, (1902) pp. 328, 329
“Como resultado de la caída de las estrellas en 1833, el estudio de los meteoros luminosos llegó a ser, de una vez por todas, parte integral del estudio de la astronomía.” Agnes M. Clerke, History of Astronomy in the Nineteenth Century, (1902) p. 329
“Aun cuando no había luna cuando vimos las estrellas por primera vez, la brillantez de ellas era tan grande que podíamos, a ratos, leer letra de imprenta de tamaño común sin mucha dificultad, y la luz que aportaban era mucho más blanca que la de la luna en la noche más clara y fría con el suelo cubierto de nieve. El aire mismo y la superficie de la tierra, hasta donde la podían divisar nuestros ojos, todos los objetos y los rostros de los hombres, llevaban la apariencia y el matiz de la muerte ocasionada por el continuo y pálido brillo de estos innumerables meteoros que en toda su grandeza se movían libremente por el cielo.” Carta escrita desde Bowling Green, Missouri, al Professor Silliman, en American Journal of Science and the Arts, tomo XXV (1834), p. 382
“En cualquier dirección la escena no se podía comparar con nada, a no ser con una regadera distante de fuego cuyas partículas estaban cayendo dispersas a la tierra. Con frecuencia un meteoro más grande y luminoso que los demás se disparaba a través del cielo produciendo un destello vívido como el fulgor de un relámpago. Hacia el amanecer, el cielo comenzó a oscurecerse con nubes y las estrellas aparecían con menos frecuencia, pero no desaparecieron por completo sino hasta un largo tiempo después que se había levantado el sol y se veían mientras que las estrellas estaban visibles.” New Hampshire Patriot and State Gazette (semiweekly), tomo 1, número 104, Concord, Saturday, noviembre 16, 1833.
“Probablemente la más extraordinaria lluvia de meteoros que jamás haya ocurrido fue la de las Leónidas la noche del 13 de noviembre de 1833. Se estimó en algunas estaciones que cayeron 200,000 por hora en el transcurso de cinco o seis horas. El cielo estaba tan lleno de ellas como el número de hojuelas de nieve en una tormenta, y así, como lo describió una anciana, parecía un gigantesco paraguas. [página 469]
“Los estudios científicos de las órbitas de las estrellas fugaces comenzó después de la más brillante lluvia de meteoros que jamás se haya registrado, el del 13 de noviembre de 1833. Este espectáculo despertó el más grande interés entre todos los que lo vieron. Los ignorantes lo consideraron con consternación, muchos de los cuales pensaban que había llegado el fin del mundo. El fenómeno se vio en toda Norteamérica pues esa parte del globo estaba en pleno frente de la tormenta meteórica. Centenares de miles de estrellas fugaces cayeron en cuestión de dos o tres horas. Algunos observadores compararon su número con las hojuelas de nieve en una tormenta o a las gotas de agua de un aguacero.” The Encyclopedia Americana, artículo, “Meteors or Shooting Stars.”
“Yo fui testigo de este espléndido espectáculo y quedé anonadado. El aire parecía lleno de brillantes mensajeros que descendían del cielo. Fue al amanecer que presencié esta sublime escena. En ese momento surgió en mi mente la sugestión que este podría ser el presagio de la venida del hijo del hombre y en mi estado mental estaba preparado para darle la bienvenida como mi amigo y libertador. Había leído que las estrellas caerían del cielo y en aquel momento estaban cayendo. Mi mente sufría mucho y estaba comenzando a mirar hacia el cielo
buscando el reposo que me habían negado en la tierra.” Testimonio de un esclavo: Frederick A. Douglass. Seventh-day Adventist Bible Students’ Source Book, p. 164
“Todos pensaban que era el juicio y que el fin del mundo había llegado. ¡Por todas partes podían oírse hombres, mujeres y niños gritando, ‘el día del juicio ha llegado!’ Sobra decir que la atención de los astrónomos en Europa y en todo el mundo se despertó al ver este espectáculo celestial en el continente occidental.” Rev. Thomas Milner, The Gallery of Nature, London, (1852), p. 141.
“La mañana de noviembre 13, 1833 fue memorable por una exhibición del fenómeno que se llama estrellas fugaces, que probablemente fue el más extenso y magnífico que cualquier otro que se haya documentado. . . Probablemente ningún fenómeno celestial ha ocurrido en este país desde su fundación que fue considerado con tanta admiración y delicia por una categoría de espectadores o con tanto asombro y temor por otra. Por un buen tiempo después de ocurrir, el ‘fenómeno meteórico’ fue el principal tópico de conversación en todos los ámbitos.” Denison Olmstead, profesor de matemáticas y filosofía natural en Yale College, en American Journal of Science and Altos, Vol. XXV, (1834), pp. 363-364. “Las estrellas cayeron ‘como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento.’ He aquí la exactitud del profeta. Las estrellas no caían como si fuera de varios árboles sino de uno solo. Aquellas que aparecían en el oriente caían hacia el oriente, las que aparecían al norte caían hacia el norte; las que aparecían al occidente caían hacia el occidente y aquellas que aparecían en el sur caían hacia el sur. Y no caían como caen los frutos maduros, sino que volaban, echados del árbol como higos viches que inicialmente rehúsan dejar la rama y cuando finalmente la dejan vuelan rápido y derecho, descendiendo. Y cuando caen muchos, algunos se atraviesan a otros y son tirados con más o menos fuerza, pero cada uno cae en su lado del árbol. Tal fue la apariencia de este fenómeno para los que vivían en mi casa. Caminé al parque con dos caballeros de Pearl Street, sintiendo y confesando que ningún libro o mortal había explicado este fenómeno salvo el profeta.” Henry Dana Ward, corresponsal del New York Journal of Commerce, noviembre 14, 1833, tomo 8, No. 534, p. 2
“La ciencia de la astronomía ha descubierto que cada 33 a 34 años en el mes de noviembre se espera que haya una lluvia de meteoros. Hubo una en noviembre de 1866. Se esperaba otra en 1899 o 1900 pero vino en 1901. Sin embargo, el astrónomo Charles A. Young escribió que ni el de 1866 o el de 1901 ‘se pueden comparar con el de 1833.” Charles A. Young, Ph. D. (Profesor de astronomía en Princeton University) Manual of Astronomy, (1902), pp. 471, 472
La segunda etapa del sexto sello
Como hemos mencionado antes, el clamor de los mártires en el quinto sello tiene dos partes. Claman a Dios:
Para que Dios ‘juzgue’ su caso
Para que Dios ‘vengue’ su sangre
La respuesta de Dios también consta de dos partes:
Dios ‘juzga’ los casos convocando un juicio celestial a partir de 1844.
Dios ‘venga’ su sangre cuando Cristo regrese por segunda vez para castigar a la gran ramera que mató a los mártires en las dos etapas (Apocalipsis 19:1, 2)
Para que quede claro, la primera parte del sexto sello (Apocalipsis 6:12, 13) guarda relación con la primera parte de la pregunta de los mártires y la segunda parte del sexto sello (Apocalipsis 6:14-17) guarda relación con la segunda parte de la pregunta.
Por un lado, el terremoto de Lisboa en 1755 y las señales en los cielos en 1780 y 1833 anunciaron el pronto inicio del juicio celestial en 1844 para ‘juzgar’. Por el otro lado, el terremoto y las señales globales al final del tiempo de angustia anuncian la ‘venganza’ contra el papado que inmolo a los mártires en las dos etapas.
La segunda parte del sexto sello (Apocalipsis 6:14-17) responde al segundo clamor de los mártires, es decir, la parte que tiene con ‘vengar’. Esto se deja ver claramente en Apocalipsis 6:17. Allí el Cordero derrama su ira sobre aquellos que oprimieron a su pueblo durante el segundo periodo de persecución.
Entre estas dos etapas del sexto sello transpira el sellamiento de Apocalipsis 7:1-8.
Primero, Dios vindicará en el juicio celestial a los mártires que el cuerno pequeño inmoló durante los 1260 años (al igual que todos los que alguna vez profesaron el nombre de Jesús)
“A medida que los libros de memoria se van abriendo en el juicio, las vidas de todos los que hayan creído en Jesús pasan ante Dios para ser examinadas por él. Empezando con los que vivieron los primeros en la tierra, nuestro Abogado presenta los casos de cada generación sucesiva, y termina con los vivos.” El Conflicto de los Siglos, p. 474
Luego vindicará en el juicio celestial a los mártires que morirán durante el tiempo de angustia previo.
Finalmente, al mismo final del juicio celestial le pondrá su sello a los 144,000 santos vivientes que pasarán por el tiempo de angustia.
Para los santos que viven, el sellamiento de los 144,000 es la etapa de ‘juzgar’ (Apocalipsis 7:1-8) y la etapa de ‘vengar’ y recompensar se halla en la visión de la gran multitud (Apocalipsis 7:9-17).
Elena White escribió en cuanto a la segunda parte del sexto sello (la parte que tiene que ver con ‘vengar’) en El Conflicto de los Siglos, p. 625. Allí cita Apocalipsis 6:14-17 (también Hebreos 12:25-27; Joel 3:16; Jeremías 25:30-33; Isaías 2:19-21; Isaías 34:4; Salmo 2:2-4). Apocalipsis 19:3-10 describe a una gran multitud que esta parada victoriosa en el cielo. Apocalipsis 19:1, 2 claramente indica que para ese momento Dios ya ha juzgado a la gran ramera y ha ‘vengado’ la sangre de los mártires. Apocalipsis 19:17, 18 menciona los mismos grupos de personas que Apocalipsis 6:15, 16.
El capítulo ‘La Liberación del Pueblo de Dios’ en El Conflicto de los Siglos nos proporciona la secuencia de eventos del sexto y séptimo sello:
“Ante su presencia, “se han tornado pálidos todos los rostros”; el terror de la desesperación eterna se apodera de los que han rechazado la misericordia de Dios. “Se deslíe el corazón, y se baten las rodillas. . . y palidece el rostro de todos”. Jeremías 30:6; Nahúm 2:10 (VM). Los justos gritan temblando: “¿Quién podrá estar firme [la conclusión del sexto sello]?” Termina el canto de los ángeles, y sigue un periodo de silencio aterrador [la casi media hora del séptimo sello]. Entonces se oye la voz de Jesús, que dice: “¡Bástaos mi gracia!” Los rostros de los justos se iluminan y el corazón de todos se llena de gozo. Y los ángeles entonan una melodía más elevada, y vuelven a cantar al acercarse aún más a la tierra.
El Rey de reyes desciende en la nube, envuelto en llamas de fuego. El cielo se recoge como un libro que se enrolla, la tierra tiembla ante su presencia, y todo monte y toda isla se mueven de sus lugares [la segunda parte del sexto sello de Apocalipsis 6:14]. “Vendrá nuestro Dios, y no callará: fuego consumirá delante de él, y en derredor suyo habrá tempestad grande. Convocará a los cielos de arriba, y a la tierra, para juzgar a su pueblo”. Salmos 50:3, 4.
Y los reyes de la tierra y los príncipes, y los ricos, y los capitanes, y los fuertes, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos de la cara de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero: porque el gran día de su ira es venido; ¿y quién podrá estar firme?” Apocalipsis 6:15-17 [la segunda parte del sexto sello].
Cesaron las burlas. Callan los labios mentirosos. El choque de las armas y el tumulto de la batalla, “con revolcamiento de vestidura en sangre” (Isaías 9:5), han concluido. Solo se oyen ahora voces de oración, llanto y lamentación. De las bocas que se mofaban poco antes, estalla el grito: “El gran día de su ira es venido; ¿y quién podrá estar firme? [las últimas palabras del sexto sello]” Los impíos piden ser sepultados bajo las rocas de las montañas, antes que ver la cara [lenguaje del sexto sello] de Aquel a quien han despreciado y rechazado.” El Conflicto de los Siglos, pp. 624, 625
La ira del Cordero
Generalmente pensamos del cordero como un animal manso e inofensivo y esto es cierto pues cuando Cristo sufrió y murió para salvar al mundo, lo hizo como un Cordero manso y humilde que fue llevado al matadero y no abrió su boca (Isaías 53:7). La pregunta es, ¿cómo podemos reconciliar a Jesús como un Cordero manso y humilde con el cuadro de un Cordero airado? ¡Da la impresión que las dos ideas son incongruentes! ¿Ha visto usted alguna vez a un Cordero airado? En la visión introductoria de los sellos Juan vio a Jesús como el León de la tribu de Judá (Apocalipsis 5:5) y también como un Cordero inmolado (Apocalipsis 5:5). ¿Cómo reconciliamos estos dos cuadros de Jesús como Cordero y León? Elena White responde:
“El Salvador se presenta ante Juan bajo los símbolos del “león de la tribu de Judá” y de “un Cordero como inmolado.” Apocalipsis 5:5, 6. Dichos símbolos representan la unión del poder omnipotente con el abnegado sacrificio de amor. El león de Judá, tan terrible para los que rechazan su gracia, es el Cordero de Dios para el obediente y fiel. La columna de fuego que anuncia terror e ira al transgresor de la ley de Dios, es una señal de luz, misericordia y liberación para los que guardan sus mandamientos. El brazo que es fuerte para herir a los rebeldes, será fuerte para librar a los leales. Todo el que sea fiel será salvo.” Hechos de los Apóstoles, p. 470
En otro lugar Elena White explicó que la sangre de Cristo no solo trae salvación sino también castigo:
“Al que rechaza su misericordia, la muerte de Cristo trae la ira y los juicios de Dios sin mezcla de misericordia. Esta es la ira del cordero.” Seventh-day Adventist Bible Commentary, volume 5, p. 1107
En el jardín del Getsemaní y en la cruz, Jesús bebió la copa de la ira de su Padre sin mezcla de misericordia (Mateo 39-42; Juan 18:11) y lo hizo en favor de toda persona que jamás haya vivido. Aquellos que por la fe reciben la justicia de Cristo no tendrán que beber la copa pues Cristo la bebió por ellos. Por el otro lado, los que rechazan la cruz de Jesús (a Jesús como Cordero) tendrán que beber la copa de la ira del Cordero sin mezcla de misericordia (a Jesús como León). (Apocalipsis 14:10; 16:19).
Ahora bien, si Elena White cita Apocalipsis 6:12, 13 en El Conflicto de los Siglos, pp. 305, 332 y luego cita Apocalipsis 6:14-17 en El Conflicto de los Siglos, p. 625 entonces el sellamiento (el juicio) debe ocurrir entre estos dos periodos.
Es interesante estudiar la secuencia de eventos que presenta Elena White entre las páginas 305 y 625. A partir de la página 305 ella expone sobre la predicación de William Miller, los mensajes de los tres ángeles, la obra de Cristo en el lugar santísimo, el mensaje final de Dios, el sellamiento, el cierre de la gracia y el tiempo de angustia. Luego, en la página 625 comenta sobre la segunda venida citando los versículos de la segunda parte del sexto sello.
Síntesis
De modo que nos es menester estudiar el quinto y el sexto sello juntos. Las dos partes del sexto sello responden el clamor de los dos grupos de mártires del quinto sello. Del 538 a 1798 los mártires clamaron a Dios para que les hiciera justicia. Dios respondió dándoles mantos blancos y les dijo que reposaran un poco de tiempo hasta que se completaran los mártires del futuro y entonces vengaría a ambos grupos.
En 1844 el proceso de ‘juzgar’ al cuerno pequeño comenzó echando a un lado los juicios injustos de los tribunales de la tierra. El juicio comenzó con los muertos (incluyendo no solo a los mártires sino todos los que profesaron el nombre de Cristo). Luego, hacia el final del sexto sello ocurrirá el juicio de los vivos. Cuando Dios termine de juzgar a los vivos y a los muertos, destruirá al cuerno pequeño en la segunda venida y así es que Dios habrá juzgado y vengado la sangre de sus fieles.
Sentados con Jesús en su trono
Elena White cita Apocalipsis 7:9-17 y 14:1-5 en El Conflicto de los Siglos, pp. 630, 646. En la página 646 los que vencieron reciben de Jesús la corona, el nuevo nombre y el arpa. En este momento el pueblo de Dios se unirá con Jesús en su trono tal cual Él lo prometió en Apocalipsis 3:21. En ese momento estarán sobre el mar de vidrio que menciona Apocalipsis 4:6 (vea también Apocalipsis 15:2-4). Sabemos que para este momento Dios ha vengado a su pueblo porque en Apocalipsis 20:4 estarán juzgando en el cielo a sus opresores.